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Madrid. (EFE).- El cantante Rosendo, con A veces cuesta llegar al estribillo, y Joan Manuel Serrat, con Hijo de la luz y de la sombra, han logrado los galardones al Mejor Álbum y Mejor Canción del año, respectivamente, en la XV edición de los Premios de la Música, que se entregarán el próximo 18 de mayo en Madrid.
La Academia de las Artes y la Ciencia de la Música ha hecho pública hoy la lista de los triunfadores de esta edición, en la que La Shica ha conseguido el premio a la artista revelación por el álbum Supercop y el fallecido cantaor Enrique Morente ha logrado el galardón al Mejor Álbum de Flamenco por Morente + flamenco.
El grupo liderado por Carlos Tarque, M Clan, que partía como favorito con seis candidaturas, sólo ha tenido un reconocimiento menor, al conseguir Carlos Raya el premio al Mejor Técnico de Sonido por el álbum Para no ver el final, de M Clan; así como Dani Martín, quien, con tres candidaturas, no ha obtenido ningún premio.
En esta edición, Rosendo ha conseguido, también, el reconocimiento al "Mejor Álbum de Rock" como intérprete y autor, junto a Rodrigo Mercado, de A veces cuesta llegar al estribillo.
Joan Manuel Serrat ha obtenido un segundo premio como intérprete de 18 minipelículas, ganadora de la Mejor Producción Musical Audioviosual.
La Shica ha logrado un segundo reconocimiento como intérprete del tema Con dinamita, compuesto por Elsa Rovayo, Fernando de la Rúa, Héctor González, Luis Domercq, Miguel Rodrigañez y Pablo Martín Jones, que se ha llevado el premio al Autor Revelación.
El vecindario, de Macaco, se ha llevado el premio al Mejor Álbum de Pop; mientras que Dice la gente, de Kiko Veneno, ha obtenido el de Mejor Álbum de Pop Alternativo.
El grupo Los Planetas se ha alzado con el premio al Mejor Álbum de Rock Alternativo, concedido a Una ópera egipcia, y Mala Rodríguez el de Mejor Álbum de Hip Hop por Dirty bailarina.
El premio al Mejor Tema de Música Electrónica ha sido para Stay close, interpretado por Delorean; el de Mejor Álbum de Canción Española para 15 años, interpretado por Pastora Soler; y el de Mejor Álbum de Jazz para Piano ibérico, interpretado por Chano Domínguez.
Todas las calles, de Zenet, ha logrado el galardón al Mejor Álbum de Fusió; mientras que Herria, de Kepa Junkera, el de Mejor Álbum de Música tradicional.
En el apartado de música clásica el Premio de la Música al mejor autor ha sido para Ángel Illarramendi por 3ª Sinfonía; el de mejor interprete para Jordi Savall, Andrew Lawrence, King y Frank Mcguire por The celtic viol II y el de mejor edición de obra musical clásica para Duende, de Luis Serrano Alarcón.
La banda sonora de la película También la lluvia, compuesta por Alberto Iglesias, ha logrado el Mejor Álbum de Banda Sonora de Obra Cinematográfica; mientras que el reconocimiento al Mejor Productor Artístico ha sido para Suso Sáiz por los álbumes Canciones en ruinas, Jueves, Picnic extraterrestre y Pol 3.14.
Las canciones ganadoras en las categorías de catalán-valenciano, euskera, gallego y asturiano han sido La dansa de la primavera, de María del Mar Bonet; Don Inorrez, de Bide Ertzean; Alalá da noite, de Berrogüetto; y Ágora, de Anabel Santiago.
Como Mejor Arreglista ha sido premiado Joan Albert Amargós, mientras que el Mejor Vídeo Musical ha recaído en Tarde o temprano, realizado por Rafa Sañuedo e interpretado por Fito y Fitipaldis.
Durante la ceremonia de entrega de los premios, que se celebrará en el Teatro Arteria Coliseum de Madrid y estará conducida por el músico, compositor y productor Javier Limón, se rendirá un homenaje al flamenco, recientemente declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y la cantaora Carmen Linares recogerá el Premio a Toda una Vida.
La Bienal de Flamenco de Sevilla y el Festival Internacional del Cante de las Minas de la Unión (Murcia) recibirán el Premio a la Difusión, y el cantante y compositor gibraltareño Albert Hammond recibirá el Premio Latino de Honor de esta XV edición, en la que los 28 ganadores han sido votados por los propios autores e intérpretes miembros de la Academia de la Música.
Fuente LaVanguardia |

Con la emoción a flor de piel y los versos de Miguel Hernández brotando a borbotones de su garganta sexagenaria, Joan Manuel Serrat estremeció de placer y dolor al público que esta noche se dio cita para acompañar al cantautor en el madrileño Teatro de la Zarzuela.
El Noi del Poble Sec atacó el primero de los nueve recitales que ha programado en la capital para presentar su nuevo disco de estudio, 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que realiza un sentido homenaje al poeta del hambre y la miseria en el centenario de su nacimiento.
"Me llamo barro, aunque Miguel me llamo/ barro es mi profesión y mi destino...", declamó Serrat entre bambalinas, a modo de saludo inicial, mientras su banda de acompañamiento se apresuraba a ocupar el escenario.
Sonaron las notas de 'Tres heridas', una de las piezas que conformaron el primer álbum dedicado por Serrat a Miguel Hernández, allá por 1972, y el protagonista de la velada hizo su aparición en escena entre el alborozo indisimulado de los 1.200 espectadores que abarrotaban el patio de butacas.
"¡Ya estamos aquí!", exclamó Serrat con picardía, como si la cosa no fuera con él, en un intento vano de restar trascendencia al cariño y respeto que le tributa la audiencia madrileña cada vez que pisa La Villa y Corte.
"Bienvenidos a este espectáculo, un concierto monográfico que recorre la poesía de Miguel Hernández. Es bueno y necesario advertir lo de 'monográfico' para que nadie se lleve a engaño, porque este concierto no admite otro tipo de canciones. Supongo que todos lo entienden", advirtió el artista.
El público ya venía avisado de la singularidad del recital, por lo que no hubo el más mínimo amago de queja ante el anuncio de Serrat, que prometió a sus fieles "un próximo concierto de grandes éxitos en el que, incluso, se podrían aceptar canciones dedicadas".
Canciones acompañadas de imágenes
Compañero de Serrat durante tantos y tantos años, el maestro Ricard Miralles acarició las teclas de su piano al comienzo de 'Del ay al ay por el ay', un poema de trazo juvenil casino que precedió a los toques cabareteros de 'La palmera levantina'.
Con un punto de timidez y frialdad en los primeros compases de la actuación, el 'cantador' barcelonés empezó a gustarse en 'Las desiertas abarcas', un buen ejemplo de que sus recientes problemas de salud enfilan el camino del olvido.
Merece la pena destacar el apartado audiovisual, que en el nuevo espectáculo de Serrat enriquece las canciones con una serie de piezas expresamente realizadas por directores de tanto renombre como Bigas Luna, Isabel Coixet, José Luis Cuerda, Montxo Armendáriz o Imanol Uribe.
Imágenes de infantes trabajando en condiciones deplorables acompañaron la desgarradora historia de 'El niño yuntero', una de las composiciones más celebradas en la extensa carrera del genio catalán.
Contenido en sus gestos hasta ese instante, el cantautor abrazó su lado más teatral en 'Dale que dale', tres minutos plenos de muecas, movimientos y paseos a lo largo y ancho de un escenario que se quedaba pequeño ante el ímpetu de Serrat.
'El hambre', 'Elegía' y 'Tus cartas son un vino' funcionaron como prolegómeno para la jovial esperanza de 'Si me matan, bueno', un tema que no podría ser el mismo sin las dulces notas de la viola Olvido Lanza.
Cárceles, juzgados y un hombre sin alas para soñar se entremezclaron en 'Cerca del agua', cuyos toques de armónica preludiaron a esas "Nanas de la cebolla" que arrancaron más de una lágrima entre el respetable.
'Para la libertad' mereció los aplausos más encendidos de la velada, mientras que el broche final de este encuentro músico-poético correspondió a 'Historia conocida' y 'Uno de aquellos'.
Por otro lado, fuentes del Teatro de la Zarzuela advirtieron hoy que ya no queda ni una sola entrada para el resto de actuaciones de Serrat, que tendrán lugar los días 16, 17, 18, 19, 22, 23, 24, 25 y 26.
Funente: El Mundo
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El cantautor presenta «Hijo de la luz y de la sombra», disco tributo a Miguel Hernández, hasta el 26 de septiembre en Madrid
Llegó con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida». Entona Joan Manuel Serrat estos versos de Miguel Hernández para abrir su concierto monográfico al poeta de Orihuela y pareciera que a sus sesenta y seis años, tras un cáncer de vejiga, un nódulo pulmonar, centenares de canciones y, sobre todo, mucha vida, el cantautor no pudiera haber encontrado palabras más certeras.

Foto: Jose Alfonso
Frente a un aforo completo de poco menos de 1250 personas en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, Serrat comenzó su concierto de presentación de «Hijo de la luz y de la sombra» dejando bien claro el motivo del encuentro: un homenaje a aquel poeta pastor por el centenario de su nacimiento. «Supongo que todos lo entienden e incluso lo agradecen», comentó. «Estamos emplazados en un próximo encuentro a hacer un concierto de grandes éxitos, incluso puedo llegar a canciones dedicadas», bromeó.
Pero a partir de ese momento, quedó claro por la contención y la intimidad de la noche, que el verdadero protagonista, el que estrujaba los corazones de todos, era el único que no podía estar presente de forma física. El público enmudecido no tarareó ni una sola de las canciones, no porque no las supiera –muchos de los presentes llevaban más de tres décadas cantándolas- sino porque estaban sumidos en un encuentro humilde y solemne.
«Miguel Hernández recibe una carta de su mujer en la que le dice que tuvieron que vender la última cabra, la que daba leche para el niño», cuenta Serrat y así se abre paso a la esperada «Las nanas de la cebolla», en la cual las narices traicionaron los llantos contenidos, gamble online y después de la cual el propio Serrat pareció emocionarse. Pero fue quizás «Menos tu vientre» la canción que brindó el momento más íntimo, con la sala en penumbras, Serrat guitarra en mano y acompañado de su violinista.
Un momento en que pocos contuvieron su emoción fue en «Para la libertad», en el que el público no paró de aplaudir, mientras en las pantallas aparecían recortes de prensa con titulares como «Adiós Franco, adiós» o «Mañana España será una democracia». Cuando el catalán entonó el final, «Y aún tengo la vida», el auditorio estalló de emoción, pero él volvió a contener a su público.
El concierto concluyó con la canción más festiva de la jornada, «Dale que dale», en la que el cantautor hasta se animó con pases de baile. Qué importa que en ocasiones a Serrat no le llegara la voz en las notas más bajas: la ovación fue de pie.
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17 Septiembre 10 - Alberto Bravo
Temporada de la Zarzuela Voz y guitarra: Serrat. Dirección musical y piano: Ricardo Miralles. Teclados: José Mas. Batería: Vicente Climent. Guitarras: Israel Sandoval. Viola: Olvido Lanza. Bajo: Víctor Merlo. Teatro de la Zarzuela. 16-IX-2010. Madrid.
Poesía y música, qué debate. Todavía hay quienes siguen pensando que las canciones son poesía y que los poemas son como canciones. Vaya patraña, alimentada desde tiempos inmemoriales. Un poema nunca se escribió para ser cantado, porque eso es otra cosa. De la misma forma, qué pocas canciones pueden atribuirse la categoría de poesía. Sin embargo, con Joan Manuel Serrat es otra cosa. El artista conoce muy bien de qué van tanto la música como la poesía. Sabe las reglas del verso, que diría Lou Reed. Las ha estudiado y, por supuesto, conoce los mecanismos de las canciones. Por eso no cae en los errores descomunales que se suelen perpetrar cuando un músico se adentra en musicar poemas. Cuántos bodrios se han hecho de este palo, aquí y en país extranjero.
Por eso consuela que alguien como Serrat tenga tanto gusto, como demuestra en «Hijo de la luz y de la sombra», el trabajo que sonó ayer íntegramente en Madrid. Por si hiciera falta –que la hacía–, el músico anunció antes de comenzar que el recital sería monográfico; es decir, adiós a sus grandes clásicos. Casi todos lo entendieron, y eso ya es un logro. Que digan los Rolling Stones que no tocarán el «Satisfaction», que verán la que se arma.
Un clamor difícil de olvidar
Y comenzó Serrat a cantar los versos, apoyado en un excelente sonido y una sobria escenografía. También ayudaron el propicio escenario, el Teatro de La Zarzuela, y el estupendo sonido, sin un pero que ponerle. «Tres heridas» fue el comienzo online casino game y las primeras aclamaciones llegaron con «Las desiertas abarcas» y «El niño yuntero». Para entonces ya era un hecho consumado que la voz de Serrat anda, a sus 66 años, más que bien. Inluso mejor que en otras giras.
Su música es más memorable cuando menos abusa de los arreglos suntuosos. Por eso gusta más en «Menos tu vientre» que en «Canción del esposo soldado». Esas orquestaciones incluso resultan perniciosas cuando lo que se dice importa, pues se pierde el mensaje entre tanto arreglo sin medida. Pero sólo ocurrió en unos pocos pasajes. Para los momentos finales quedaron la fantástica recreación que el catalán hace de «Hijo de la luz y de la sombra» y el recuerdo de «Para la libertad», que provocó el clamor difícil de olvidar. Entre mensajes de esperanza y orgullo para hacer frente a la pobreza, la audiencia hizo sonar sus joyas.
Fuente: La Razón |
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Serrat emociona al público madrileño en su primera actuación sobre los poemas de Miguel Hernández
Terminaba la primera tarde de este otoño prematuro cuando Joan Manuel Serrat salió a poner voz al poeta muerto. Asesinado por el cielo negro que le vino encima, hace de eso casi 70 años. "Me llamo barro, aunque Miguel me llame / barro es mi profesión y mi destino / que mancha con su lengua cuanto lame...", se escuchó en off. Y con los versos se hizo el silencio en los palcos repletos del Teatro de la Zarzuela de Madrid para ver al cantautor del Poblesec arrimarse al universo doliente de aquel pastor que no temió a la guerra. Ni al hambre.
Cuando parece que ya está todo dicho, ahora que apenas nadie vive como predica, Serrat viene a reivindicar la palabra ajena que nos hace mejores. Y anoche lo hizo con esmero, en un recital dramático como quizá no se había escuchado antes en su voz de 66 años. Tres heridas abrió 100 minutos de hondura inusitada, como un ejercicio redentor de amor, vida y muerte. En un ambiente rayano lo sacro que montajes visuales creados por amigos de cine como Gutiérrez Aragón, Garci, Uribe, Coixet o Bigas Luna atinan a acercar al común de los mortales.
Al viajero advenedizo y a los más fieles a Serrat, parroquia que valora siempre, entre muchas otras cosas, su genuino empeño por jugarse los garbanzos con personajes aún hoy incómodos. Ya lo hizo en el disco de 1972 y acaba de repetirlo con la conmovedora Uno de aquellos, de su álbum más reciente, Hijo de la luz y de la luna, que utilizó de colofón. Muy bien sujeto siempre al armazón de músicas de penumbra tejido por el mago Kitflus y el piano maestro de Ricardo Miralles.
Antes, el escenario frío, metálico gris, fábrica de desasosiego, acogió versos cruciales (El mundo de los demás, Las desiertas abarcas), algún homenaje con tumbao cubano al amigo brigadista (Si me matan, bueno), aires mediterráneos (La palmera levantina) y recitados a tumba abierta (El niño yuntero, Menos tu vientre).
Estremeció Serrat hasta la lágrima cuando recordó el hachazo invisible que se llevó a Ramón Sijé; habló de guerra y de la nobleza posible, "ahora que solo el número ennoblece"; y, en fin, del amor difícil que late en corazón ajeno.
Cuando es el hambre el que marca el reloj de la supervivencia y la dignidad.
Aproveche usted estas ocho oportunidades que quedan para verlo en Madrid. Luego marchará Serrat a cantar a la libertad en Canarias, tierra de Luis Feria, aquel poeta que retrató el dolor sin anestesias ("Soy una inmensa llaga que no cesa / No me toquéis, que duelo"). Antes de que el camino que Miguel Hernández empezó hace un siglo le lleve de nuevo a Orihuela y a sus pastos de melancolía. En este país de malditos.
Fuente: El Público
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Con la emoción a flor de piel y los versos de Miguel Hernández brotando a borbotones de su garganta sexagenaria, Joan Manuel Serrat estremeció de placer y dolor al público que esta noche se dio cita para acompañar al cantautor en el madrileño Teatro de la Zarzuela.
El Noi del Poble Sec atacó el primero de los nueve recitales que ha programado en la capital para presentar su nuevo disco de estudio, 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que realiza un sentido homenaje al poeta del hambre y la miseria en el centenario de su nacimiento.
"Me llamo barro, aunque Miguel me llamo/ barro es mi profesión y mi destino...", declamó Serrat entre bambalinas, a modo de saludo inicial, mientras su banda de acompañamiento se apresuraba a ocupar el escenario.
Sonaron las notas de 'Tres heridas', una de las piezas que conformaron el primer álbum dedicado por Serrat a Miguel Hernández, allá por 1972, y el protagonista de la velada hizo su aparición en escena entre el alborozo indisimulado de los 1.200 espectadores que abarrotaban el patio de butacas.
"¡Ya estamos aquí!", exclamó Serrat con picardía, como si la cosa no fuera con él, en un intento vano de restar trascendencia al cariño y respeto que le tributa la audiencia madrileña cada vez que pisa La Villa y Corte.
"Bienvenidos a este espectáculo, un concierto monográfico que recorre la poesía de Miguel Hernández. Es bueno y necesario advertir lo de 'monográfico' para que nadie se lleve a engaño, porque este concierto no admite otro tipo de canciones. Supongo que todos lo entienden", advirtió el artista.
El público ya venía avisado de la singularidad del recital, por lo que no hubo el más mínimo amago de queja ante el anuncio de Serrat, que prometió a sus fieles "un próximo concierto de grandes éxitos en el que, incluso, se podrían aceptar canciones dedicadas".
Canciones acompañadas de imágenes
Compañero de Serrat durante tantos casino real money y tantos años, el maestro Ricard Miralles acarició las teclas de su piano al comienzo de 'Del ay al ay por el ay', un poema de trazo juvenil que precedió a los toques cabareteros de 'La palmera levantina'.
Con un punto de timidez y frialdad en los primeros compases de la actuación, el 'cantador' barcelonés empezó a gustarse en 'Las desiertas abarcas', un buen ejemplo de que sus recientes problemas de salud enfilan el camino del olvido.
Merece la pena destacar el apartado audiovisual, que en el nuevo espectáculo de Serrat enriquece las canciones con una serie de piezas expresamente realizadas por directores de tanto renombre como Bigas Luna, Isabel Coixet, José Luis Cuerda, Montxo Armendáriz o Imanol Uribe.
Imágenes de infantes trabajando en condiciones deplorables acompañaron la desgarradora historia de 'El niño yuntero', una de las composiciones más celebradas en la extensa carrera del genio catalán.
Contenido en sus gestos hasta ese instante, el cantautor abrazó su lado más teatral en 'Dale que dale', tres minutos plenos de muecas, movimientos y paseos a lo largo y ancho de un escenario que se quedaba pequeño ante el ímpetu de Serrat.
'El hambre', 'Elegía' y 'Tus cartas son un vino' funcionaron como prolegómeno para la jovial esperanza de 'Si me matan, bueno', un tema que no podría ser el mismo sin las dulces notas de la viola Olvido Lanza.
Cárceles, juzgados y un hombre sin alas para soñar se entremezclaron en 'Cerca del agua', cuyos toques de armónica preludiaron a esas "Nanas de la cebolla" que arrancaron más de una lágrima entre el respetable.
'Para la libertad' mereció los aplausos más encendidos de la velada, mientras que el broche final de este encuentro músico-poético correspondió a 'Historia conocida' y 'Uno de aquellos'.
Por otro lado, fuentes del Teatro de la Zarzuela advirtieron hoy que ya no queda ni una sola entrada para el resto de actuaciones de Serrat, que tendrán lugar los días 16, 17, 18, 19, 22, 23, 24, 25 y 26.
Fuente: El Mundo
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Joan Manuel Serrat emociona, con conciencia y confidencias, en el primero de sus nueve recitales madrileños sobre los poemas de Miguel Hernández
Cosa seria lo de anoche, y las noches que vendrán, junto al Noi del Poble Sec. Nueve veladas de hondura poética, conciencia y confidencias con Serrat en el teatro de la Zarzuela, escenario pomposo para un público de cabelleras entrecanas y miradas limpias; hombres y mujeres con la memoria viva, un bagaje a las espaldas y la capacidad de seguir emocionándose con las palabras verdaderas. Joan Manuel ha prolongado su idilio madrileño -viejo puente aéreo de complicidades consolidadas- y es capaz de agotar el papel con un espectáculo monográfico, sobrio y sin concesiones en torno a la figura de Miguel Hernández, el cabrero de Orihuela al que ya reivindicó 38 años atrás y del que ahora ha cincelado otros 13 poemas bajo el epígrafe discográfico de Hijo de la luz y de la sombra.
Lo avisó don Joan Manuel en los primeros compases del recital, para que nadie se llevara a engaños: anoche no era momento "de grandes éxitos ni canciones dedicadas". La música para las palabras del autor alicantino lo abarca todo y el espectador ha de ser cómplice en ese proceso de lírico ensimismamiento. Ningún problema: versos, melodías y compromisos son tan vigorosos que nadie echa en falta esta vez Mediterráneo o Aquellas pequeñas cosas. Quedamos emplazados para otro día, Nano.
Era Miguel Hernández, y así lo explicó José Agustín Goytisolo, un hombre que creyó en el hombre y quiso morir safe online casino con los ojos abiertos. Un poco como el propio Serrat, amigo de la especie humana y optimista en grado razonable. Arranca la noche con Joan Manuel cantando entre bambalinas Tres heridas con la garganta algo nerviosa y descolocada: no hay estómago, ni siquiera a los 66 años, indemne a las mariposas. Pero a la altura de Las desiertas abarcas, estremecedor poema del niño pobre que espera la noche de Reyes en vano, todo se encuentra ya en su sitio: nuestro trovador se ha encaramado al taburete y su voz tiembla casi con el mismo calor y temple que en sus mejores días.
Con este repertorio de 2010, Serrat ha asumido un riesgo que otros encontrarían suicida: complementar un disco rubricado en la radiante plenitud de 1972 y archivado con resonancias míticas en los catálogos musicales y sentimentales de varias generaciones. Aquella obra primigenia permanece imbatible, por su excepcionalidad artística y por la significación (y bemoles) que tenía que cantar Para la libertad en los estertores de la dictadura. Pero su secuela es mucho más que digna: la pieza que la titula, por ejemplo, figura entre lo mejor que ha escrito el catalán en muchísimo tiempo.
Los versos de Hernández propician algunos momentos de plácida luminosidad (La palmera levantina, Si me matan bueno), pero, sobre todo, el retrato de un poeta que creyó en el amor y en el prójimo, y talló su fe a golpe de verso y penitencia de sangre. Es imposible no conmoverse con El niño yuntero o, sobre todo, la Elegía a Ramón Sijé, cumbre universal del amor fraterno para la que Serrat encontró un envoltorio casi igual de estremecedor. Pero la apoteosis fue inevitable con Para la libertad, aderezada por una emotiva revista de prensa de la Transición. A esas alturas, muchos lagrimales eran ya todo un poema. Un poema profundo y maravilloso.
Fuente: el País |
El cantautor rinde homenaje al poeta de Orihuela en un recital lírico e intimista
F. FRANCO - VIGO Serrat íntimo en un espacio abierto. Serrat, rotundo en su voz, que llenó el aire de afectos. Lleno total, anoche, en el anfiteatro pétreo y gratuito; y casi total en las sillas, aunque, un día antes, fuera imposible ya conseguir en ellas asientos. En el concierto del catalán anoche en Vigo, público desde los veinte en adelante; más bien ya cumplida la treintena, aunque en las gradas se vieran, entremezcladas con un gentío adulto, caras más juveniles. "Me llamo barro, aunque Miguel me llamo / barro es mi profesión y mi destino...", se oyeron en off esos versos del poeta de Orihuela. Y se oyó después la voz del cantautor en la distancia, que se hizo presente saludado por una descarga de aplausos, que se convirtieron en eco trepidante al final de su primer tema. Pero avisó Serrat: "No admite este concierto otras canciones que las de a Miguel Hernández dedicadas". Entonces, se escuchó un "¡oooh!", de disgusto, que se extendió a lo largo de las gradas. "Llego con tres heridas", la canción con que cerraba aquel ya mítico disco de 1972 dedicado al poeta, acompañó su entrada en el escenario. "Uno de aquellos", el poema que abre Hijo de la luz y de la sombra, su último disco, de 2010, le sirvió de despedida. En medio, todo un canto poético que habla de amor, de miseria, de pasión, esperanza, sensualidad, compromiso... Serenidad Más de una hora y media de composiciones bien ajustadas, interpretadas con una serenidad apabullante, exquisitamente arregladas y seleccionadas con tal acierto que convirtieron al concierto en un recorrido literariamente amplio por la vida del poeta, desde la obra de juventud ("La palmera levantina") a la época más creyente de los "Silbos", para acabar con un poema de "Hijos de la luz y de la sombra". Cien minutos consagrados exclusivamente al poeta del hambre, la guerra, la cárcel y el aire de Levante. Y, si Serrat canta, declama, además, versos del oriolano en la presentación de cada canción. Hay quien se ha atrevido a calificar como "auto sacramental" este singular concierto, por su hondura, su belleza, su encantamiento. Y no anda, metafóricamente, errado. También el aire de Castrelos se entrecruzó de sentimientos diversos. Si con "Niño Yuntero" estremeció, hubo emoción sobrecogida con la "Elegía a Ramón Sijé" o la "Nana de la cebolla", vibraciones inexplicables al cantar "Para la libertad"... Nunca en sus actuaciones anteriores elaboró una dramaturgia como en ésta ni quizás consiguió tanto dramatismo. ¿Se erizaba la piel? Se erizaba muchas veces la piel al oírlo con esos cinco músicos redondos que lo acompañaban en escena, igual que sus interpretaciones contaron con el apoyo de videoclips relativos a la poesía de Miguel Hernández, filmados "gratis et amore" por directores de prestigio del celuloide como Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Garci, Isabel Coixet, Imanol Uribe, Sergio Cabrera, Bigas Luna... Fue como una liturgia en la que hubo cánticos, rituales, participación, misterio, trascendencia... Volvió Miguel Hernández en sus canciones. A flor de piel. Erizando la epidermis de la gente, llenando el auditorio de sus palabras de fuego.
Fuente : http://www.farodevigo.es
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