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Dama, me parece bueno el doble punto de vista que abordas. Toda la verdad, creo yo, sólo la sabe Serrat. Pienso que, como dices, era un chaval joven, ambicioso en cierto modo. Por un lado, le llegó la propuesta de cantar en el festival, con la casi seguridad de que lo ganaría y bastante pasta (esto dicen algunos) en un maletín, antes incluso de viajar a Londres, como "segunda parte del premio". Lo que creo que pasó es que, desde que se anunció que participaría hasta el "Serratazo", el artista sufrió muchas presiones exteriores, sobre todo del sector más catalanista de la cultura. Y que había algo en su conciencia que le hacía pensar que no estaba obrando bien. Por otro lado, debía de tener las presiones contrarias, las de Lasso de la Vega, al que le gustaba más un duro que a un tonto una tiza. Y planteó tirar por la calle de enmedio: cantar una parte en castellano y otra en catalán, lo que hoy sería algo bastante normal y que no habría más que abundar en el carácter bilingüe no sólo de Cataluña, sino de buena parte de España. Su multiculturalidad, bien entendida, vaya. Pero luego se decidió a plantear el "La, la, la" sólo en catalán; quizá sabiendo que aquello no iba a terminar mal y que, al menos, conseguiría quedarse bien con el sector catalanista tan crítico con él (y al que tampoco le convenía dar la espalda, seamos sinceros) y también quitarse ese cargo de conciencia que debía de tener. Fuera como fuere, en resumidas cuentas, coincido con que el "La, la, la", artísticamente, es una porquería. Pero aquello no era una cuestión de hacer cultura, sino de ganar un concurso y publicitarse un país y un artista. 43 años después, Eurovisión sigue consistiendo en lo mismo, no nos engañemos.
_________________ Un saludo, Carlos.
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