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Rafael Alberti
(1902-1999)
Rafael Alberti Merello nació en Puerto de Santa María (Cádiz) el 16 de diciembre de 1902. Hijo de Agustín Alberti y de María Merello, Rafael fue el quinto de seis hermanos y nieto de bodegueros de origen italiano, proveedores de cortes europeas y por entonces en pleno declive económico. Alumno de los jesuítas no muy brillante, por cierto hasta los quince años, en 1917 hubo de trasladarse a Madrid con la familia y allí desarrolla su primera pasión artística, la pintura, copiando cuadros en el Museo del Prado en menoscabo de unos estudios de bachillerato que nunca terminó.
Después de un período de aprendizaje con la pintura, concurre al Salón Nacional de Otoño y celebra su primera exposición de cuadros y dibujos en el Ateneo. La nostalgia de la bahía de Cádiz y el pesar por la muerte de su padre, le llevaron a refugiarse en la poesía y dejar la pintura en un segundo plano. Su primer poema lo compone con apenas veinte años.
Una incipiente tuberculosis le obliga a pasar algunos meses en un sanatorio de la Sierra de Guadarrama donde tiene la oportunidad de leer y afianzar su vocación literaria. Entre 1920 y 1924, Alberti reunió sus primeros poemas bajo el título "Mar y Tierra", que presentó al Premio Nacional de Literatura de 1924-1925. Al final resultó ganador junto al poeta santanderino Gerardo Diego; el libro se titularía "Marinero en Tierra". A partir de entonces se dedicará definitivamente a la literatura.
Ese mismo año de 1925 publica "La amante", diario poético a base de escuetos poemas de un viaje por Castilla hasta el Cantábrico y su regreso a Madrid. En 1926 escribe en Rute (Córdoba) otro libro de poemas, "El alba del alhelí", que consta de tres partes y aunque con una temática popular y festiva, apunta ya una aproximación a las vanguardias.
En la Residencia de Estudiantes se relacionó con los padres de la Generación del 27 como Dámaso Alonso, Lorca, Gerardo Diego o Aleixandre, reconocido movimiento intelectual que se inició en el homenaje dedicado en Sevilla en 1927 a Luis de Góngora en el aniversario de su muerte. También conoce por aquellos años a Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, y al compositor gaditano Manuel de Falla.
Entre los años 1927-1928, Alberti sufre una profunda crisis personal que le cambió por completo su visión del mundo y de la historia. Asume un claro compromiso político en una posición ideológica próxima al anarquismo, que luego derivaría hacia el marxismo revolucionario e interviene como activista en las protestas estudiantiles contra el general Primo de Rivera.
En 1929 publica "Cal y canto", un interesante ejercicio estético en honor de Góngora, en el que se funden el arte barroco y las vanguardias y cuyo título revela ya una clara intención de hermetismo. A él pertenece el célebre soneto amoroso titulado "Amaranta".
A Alberti, la grave crisis personal le empuja por los caminos del surrealismo, donde encuentra en sus imágenes oníricas el cauce de expresión de las tensiones que le atormentan. El resultado es su segundo gran libro y tal vez el más rico y complejo del autor, "Sobre los ángeles" (1929), obra que nace como consecuencia de su crisis. El poemario está estructurado como una especie de drama, articulado por la presencia de los ángeles como objetivación de las fuerzas del espíritu y con manifiesta dependencia respecto a la angeología del Antiguo Testamento. Sus imágenes son tan densas y el verso tan violento que logra crear una atmósfera onírica e infernal con gran acierto. También se inscriben en la estética surrealista, "Sermones y moradas" (1929-1930) y "Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos" (1929).
En 1930 se casa con María Teresa León, escritora logroñesa, que será compañera inseparable en todas sus actividades. La pareja se marcha a París en 1931 y al año siguiente son pensionados por la Junta para ampliar estudios a fin de entrar en contacto con los nuevos movimientos artísticos europeos. Viajan a Alemania, a Rusia y a otros varios países donde se ponen en contacto con los más relevantes intelectuales de la época.
En 1931 escribe dos obras de teatro: "El hombre deshabitado", un grito de rebeldía frente a la divinidad y una apuesta clara por un tipo de teatro diferente del doméstico, al que Alberti considera totalmente vacío de contenido y orientado sólo a lo puramente comercial y "Fermín Galán", donde el poeta se orienta decididamente hacia la lucha política, en forma de romance de ciego. Ha sido ésta una obra fallida muy mal recibida por la crítica.
Al regreso a España, Alberti intensifica el compromiso político y con su mujer funda en 1933 la revista Octubre y vuelve a Rusia para participar en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos. En 1935 viajan por primera vez a América para dar conferencias y recitales. Visitan Nueva York, La Habana y Méjico, donde residen casi un año.
La guerra civil los sorprende en Ibiza. Vuelven a Madrid con grandes dificultades para desarrollar durante tres años una intensa labor cultural en las filas republicanas. Superados los conflictos íntimos, Alberti abandona el surrealismo para volver a su primitiva sencillez. Esta nueva actitud fructifica en una serie de obras cuyos valores estéticos han sido muy discutidos: "El poeta en la calle", que había sido publicada en 1935, "Con los zapatos puestos tengo que morir" (1936), un testimonio iracundo y desgarrado de su compromiso político, "De un momento a otro (Poesía e historia)" (1937), duro alegato contra las estructuras burguesas tradicionales, contra el imperialismo internacional y contra la guerra.
En marzo de 1939 los Alberti salen para Francia, trabajan de locutores en Radio Paris-Mondiale y escriben "Vida bilingüe de un refugiado español en Francia" (1939-1940), pero el conflicto europeo hace que embarquen primero para Chile por consejo de su amigo Pablo Neruda y luego a Buenos Aires, donde reciben una espléndida acogida por parte de los medios intelectuales. Allí nace su única hija Aitana y publica su conocida obra "Entre el clavel y la espada" (1941), cuya mayor parte había sido escrita en Francia y viajan por toda Hispanoamérica donde Rafael celebra varias exposiciones de pintura. En 1944 publica su primera obra escrita íntegramente en América, "Pleamar", libro sencillo y claro, una mezcla del dolor del pasado con la esperanza del futuro que representa su hija Aitana. También escribe la que será una de sus obras de teatro más conocidas: "El adefesio", que no se estrenaría en España hasta 1976, dentro de una tendencia poético-simbólica que volverá a manifestarse en otra pieza teatral escrita al año siguiente (1945): "El trébol florido".
"A la pintura, poema del color y la línea" (1948) es una de sus obras más geniales, ya que supone una renovación temática dentro de la poesía del exilio. Un libro de plena madurez con tres composiciones autobiográficas amén de otras dedicadas a los grandes pintores (Giotto, Boticelli, Leonardo, Durero, Rembrant, El Greco, Zurbarán, Goya... hasta terminar en Picasso).
Especialísimo relieve tiene su espléndido libro de memorias titulado "La arboleda perdida", crónica personal y de época que nos aproxima a la obra y figura del artista y también del entorno en que se movía. La primera entrega abarca hasta 1917 y apareció en Méjico en 1948. En 1959 se publicaron juntos en Buenos Aires dos tomos del mismo título en los que el período evocado se ampliaba a 1931. Años más tarde (1984), el diario El País publicará nuevas entregas de "La arboleda perdida" que serán recogidas en otro volumen, editado en 1987.
En "Coplas de Juan Panadero" (1949), Alberti avanza en la poesía de denuncia y en "Buenos Aires en tinta china. Poema para un libro de dibujos de Atilio Rossi" (1951) hace una recreación poética del paisaje urbano bonaerense, visto desde todos los ángulos y con una personal percepción de la realidad.
En 1953 publica "Ora marítima" conjuntamente con "Baladas y canciones del Paraná", serie de composiciones inspiradas en la contemplación del inmenso río argentino en un intento de afirmarse en la realidad americana pero con una nostalgia patente de su país de origen.
Entre 1945 y 1956 escribe el libro "Poemas de Punta del Este", donde alterna la prosa y el verso y que tiene como escenario la elegante ciudad uruguaya y la casa donde habitó el poeta. Los años del exilio americano dejaron también un corpus de "Poemas diversos" (1945-1959) que tocaban diversos temas, Los signos del día (1945-1955), donde Alberti vuelve a la poesía política, "Abierto a todas horas" (1960-1963), "La primavera de los pueblos" (1961) y "Poemas escénicos. Primera serie" (1962) que luego completaría en Italia.
Alberti, después de un largo paréntesis de producción teatral, vuelve al tema de la guerra civil quizá con su pieza más valiosa, "Noche de guerra en el Museo del Prado" (1956)
La situación política argentina obliga al matrimonio Alberti a abandonar el país. Vuelven definitivamente a Europa en 1963, estableciéndose en Roma, donde encuentran una nueva patria. Son años de intensa actividad intelectual y política. En 1965 le es concedido el Premio Lenin de la Paz. Entre ese año y el siguiente escribe "Poemas con nombre" dedicados a diversas personalidades artísticas como Miguel Angel Asturias.
De 1968 data el libro más importante de esta nueva etapa, "Roma, peligro para caminantes" en el que un Alberti neobarroco y formalista nos muestra la Roma más degradada y mugrienta, alejada de los tópicos turísticos. También su devoción por la figura de Picasso se refleja una vez más en "Los ocho nombres de Picasso" y "No digo más de lo que no digo" (1970). En 1970 expone toda su obra gráfica y poética en Barcelona en el Colegio de arquitectos de Cataluña y Baleares, con gran éxito de público y crítica. "Canciones del alto valle del Aniene" (1972) es un libro en verso y prosa que es una evocación lírica del paisaje donde el poeta pasaba los veranos y "Maravillas con variaciones acrósticas en el jardín de Miró" (1975) un conjunto de poemas visuales de gran interés.
En abril de 1977, tras la muerte de Franco, regresa Rafael Alberti a España y ese mismo año es elegido diputado por Cádiz en las primeras elecciones libres después de la dictadura. Tres meses más tarde renuncia a su escaño porque no quiere dedicarse a la política sino seguir con la literatura. Recibe el Premio Cervantes 1983. Así nace "Amor en vilo" (1977-1980), un amplio corpus de poesía erótica de más de trescientos poemas, "Fustigada luz" (1980), "Versos sueltos de cada día" (1982), "Golfo de sombras" (1986), cuyo título, tomado de un verso de Góngora, constituye una metáfora del sexo femenino, cantado en cada uno de los veintitrés poemas que componen este libro. El elemento corporal experimenta cada vez una metamorfosis y casi siempre se convierte en una flor, "Los hijos del drago y otros poemas" (1986), una doliente y lúcida meditación trascendental inspirada en el milenario árbol de las Canarias, y los cinco sonetos contenidos en "Accidente. Poemas del hospital" (1987) plenos de humor y chispa.
En 1988 fallece su compañera de toda la vida, María Teresa León y Alberti es nombrado miembro honorario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1989 ve la luz otro libro inspirado en el amor: "Canciones para Altair", colección bellísima de poemas eróticos, en la que el autor dialoga apasionadamente con la protagonista, estrella y mujer al mismo tiempo. La voz del poeta oscila entre la emoción lírica y un realismo lleno de fuertes sugerencias.
En el verano de 1990 Alberti contrae segundas nupcias con su secretaria, la escritora valenciana María Asunción Mateo, una mujer que le ha acompañado hasta su muerte, ocurrida el 28 de marzo de 1999 en su localidad natal de Puerto de Santa María. Con él desaparece la última imagen viva de la mítica generación del 27; un poeta singular que supo aunar las dos líneas vertebrales de la poesía del siglo XX: el riesgo y la rebeldía de las vanguardias y el entronque con la inspiración clásica, popular y tradicional. Sus cenizas, por deseo expreso suyo, fueron esparcidas por la bahía de Cádiz.
Alberti es uno de los poetas con un repertorio más variado de formas estróficas, usadas todas ellas con pleno dominio y con un extraordinario sentido del ritmo. Sus poemas han sido musicados a menudo, mereciendo destacarse entre otros los musicados por Paco Ibáñez. Sin embargo, el que más famoso se ha hecho, es sin duda "La paloma", de su libro "Entre el clavel y la rosa" y al que puso música el argentino Carlos Guastavino y adaptó para sí el cantante italiano Sergio Endrigo. En 1969 Joan Manuel Serrat la incluyó en el álbum del mismo nombre, convirtiéndose desde entonces en una de sus canciones más populares. En 1994 volvería a grabar una nueva versión haciendo dúo con Ana Belén para el disco "Mucho más que dos" de Víctor y Ana.
He aquí, pues, el resumen de la vida y obra de este extraordinario y prolífico poeta de la generación del 27. De su libro "A la pintura, poema del color y la línea" sale este magnífico soneto:
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A LA LÍNEA
A ti, contorno de la gracia humana,
recta, curva, bailable geometría,
delirante en la luz, caligrafía
que diluye la niebla más liviana.
A ti, sumisa cuanto más tirana
misteriosa de flor y astronomía
imprescindible al sueño y la poesía
urgente al curso que tu ley dimana.
A ti, bella expresión de lo distinto
complejidad, araña, laberinto
donde se mueve presa la figura.
El infinito azul es tu palacio.
Te canta el punto ardiendo en el espacio.
A ti, andamio y sostén de la pintura.
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