Miguel Hernández

(1910-1942)

    Nace Miguel Hernández un 30 de octubre de 1910 en la luminosa ciudad de Orihuela, Alicante. Era el segundo hijo varón de una humilde familia que por entonces salía adelante con los modestos ingresos proporcionados por un rebaño de cabras cuyos productos derivados la familia explotaba. Miguel estudia regularmente hasta poco más de los catorce años, primero en las Escuelas del Ave María, anejas al Colegio de Santo Domingo de la Compañía de Jesús, y más tarde como "alumno pobre" en el citado colegio. Buen estudiante, dotado de una prodigiosa inteligencia natural y de una inquietud cultural asombrosa para sus pocos años, hubo de abandonar los estudios por requerimiento del padre para ayudar en las labores de pastoreo y reparto de leche.

    Pero Miguel, niño aún, no abandona sus inquietudes literarias y su avidez por la lectura. En los ratos libres frecuenta las bibliotecas públicas oriolanas y entabla relación con el canónigo Luis Almarch, quien le pone en contacto con los clásicos y los místicos. También frecuenta la lectura de la obra de ese gran paisajista alicantino que fue Gabriel Miró.

    Es, por tanto, que Miguel va formándose como autodidacta, con una gran imaginación, una enorme fuerza intuitiva y una innata facilidad para la composición poética, a lo que contribuye la relación amistosa que ha entablado con un pequeño círculo de amigos afines en los gustos literarios y entre los que se puede destacar a José Marín Gutiérrez, futuro abogado y ensayista que firmaría como "Ramón Sijé", a los hermanos Fenoll y a Manuel Molina.

    En 1929 Miguel publica sus primeros versos en un periódico local, El Pueblo y al año siguiente ya aparece de forma más regular en publicaciones de ámbito local como Actualidad o Destellos; no obstante, al joven poeta su mundo se le hace pequeño y decide ir a Madrid a probar fortuna. Allí se pone en contacto con Ernesto Giménez Caballero, fundador y director de La Gaceta Literaria, publicación que recoge la literatura vanguardista del momento. Pero Miguel fracasa en su intento de que le publique algo o le proporcione un empleo y ha de volver a Orihuela donde continúa con su círculo de amigos y sus lecturas de Gerardo Diego, Alberti y otros poetas de vanguardia que influirán en él notablemente, al igual que Góngora de quien es ferviente admirador, dedicándose paralelamente a trabajos administrativos como modesta forma de ganarse la vida. Es entonces cuando publica en Ediciones Sudeste de Murcia su primer libro, "Perito en lunas", conjunto poético de matiz barroco y gongorista y el auto sacramental "Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras" que publica en la revista madrileña Cruz y Raya que dirige José Bergamín.

    De vuelta a Madrid, entabla amistad con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda y logra sobrevivir, primero como colaborador cultural en Misiones Pedagógicas y más tarde como secretario de José María de Cossío, que por entonces preparaba para la editorial Espasa-Calpe su magna obra "Los Toros". Esta relación con Cossío es fructífera por cuanto le permite los suficientes contactos con los escritores del momento y los editores más importantes. Así, empieza a colaborar asiduamente en Revista de Occidente y publica la que sería una de sus obras más reconocidas y significativas: "El rayo que no cesa". Eran los tiempos difíciles de la Segunda República, próximo ya el estallido de la guerra civil, cuando Hernández manifiesta de manera clara su espíritu combativo, su autenticidad como proletario y su preocupación social de hombre de pueblo. En diciembre de 1935 muere su fraternal amigo de toda la vida, Ramón Sijé, y Miguel le dedica su extraordinaria "Elegía", que provoca el entusiasmo de Juan Ramón Jiménez en una crónica del diario El Sol.

    Miguel Hernández, que desde 1934 mantenía relaciones con una muchacha andaluza residente en Orihuela llamada Josefina Manresa, se casa con ella en marzo de 1937 y fruto de esa unión nacen dos hijos, Manuel Ramón, nacido en diciembre y muerto en octubre de 1938 y Manuel Miguel, nacido en enero de 1939. Para el primero escribe Miguel Hernández un impresionante poema, "Hijo de la luz y de la sombra" y otros totalmente desgarradores con motivo de su muerte y recogidos en "Cancionero y Romancero de Ausencias". Al segundo la celebérrima "Nana de las cebollas", la más bella canción de cuna que se ha escrito jamás, plena de ternura en el fondo y desgarradora en la forma, con violentas metáforas y sobrecogedoras imágenes de una plasticidad magistral.

    La guerra civil española hace mella en Miguel Hernández y trastoca profundamente su personalidad y su poesía, que se hace más directa y combativa, la utiliza como arma en la lucha por el bando republicano. Con el fusil ingresa en el 5º Regimiento, pasando luego a otras unidades en los frentes de la batalla de Teruel, Andalucía y Extremadura. En el verano de 1937 asiste al 2º Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Madrid y Valencia, y más tarde viaja a la Unión Soviética en representación del gobierno de la República, de donde regresa en octubre para escribir el drama "Pastor de la muerte" y numerosos poemas recogidos más tarde en su obra "El hombre acecha".

    En enero de 1939, próximo ya el final de la guerra, nace su segundo hijo, al tiempo que escribe un nuevo libro: "Viento del pueblo". Destinado a la 6ª división pasa a Valencia, allí contempla cómo se derrumban los frentes republicanos y termina la contienda con la victoria militar de las tropas del General Franco.

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes;
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una oscura noche de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
Voy entre pena y pena sonriendo.

    A Hernández, su compromiso con la República le pone en situación delicada e intenta sin éxito lograr refugio diplomático. Su amigo de Cossío se ofrece acogerlo en Tudanca, pero Miguel decide volver a Orihuela, preocupado por su familia. Allí las cosas no están mejor y se va a Sevilla buscando una ayuda que no encuentra en viejos amigos. Entonces intenta pasar la frontera de Portugal en su desesperada ilusión de no caer prisionero. Pero la policía salazarista le devuelve a España. Prisionero en la cárcel de Sevilla, es trasladado a Madrid y puesto en libertad sin ser procesado ni juzgado en septiembre de 1939. Es entonces cuando comete el error de volver a Orihuela, donde es delatado y detenido de nuevo. De vuelta a Madrid, es juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940 por su participación en la contienda a favor del bando republicano. Algunos intelectuales interceden por él, así como su amigo y protector don José Mª de Cossío, logrando que le conmuten la pena capital por la de treinta años, pasando a la prisión de Palencia en septiembre de 1940 y en noviembre al Penal de Ocaña, en Cuenca.

    Trasladado en el verano de 1941 al Reformatorio de Adultos de Alicante, enferma de gravedad de tifus, por las insalubres condiciones de la prisión, complicándosele el problema con una tuberculosis y falleciendo el 28 de marzo de 1942. Con este evento habíamos perdido al poeta más intenso, mejor dotado y más rico en expresión de la generación de 1936, y el único que hubiese sido capaz de llenar el profundo hueco dejado en el mundo literario por el asesinato de Federico García Lorca.

    Poeta fundamental en la trayectoria musical del cantautor Joan Manuel Serrat, que grabó en 1972 un extraordinario disco dedicado a Miguel Hernández y luego ha seguido cantando sus poemas a lo largo de toda su carrera artística.


La obra de Miguel Hernández

Obra en verso

  • Perito en lunas, Murcia, Sudeste, 1933
  • El rayo que no cesa, Madrid, Colección Héroe, 1936
  • Viento del pueblo, Valencia, Socorro Rojo Internacional, 1937
  • Versos en la guerra (con otros), Alicante, Socorro Rojo Internacional, 1938
  • El hombre acecha, Valencia, Delegación de la Secretaría de Propaganda, 1939
  • Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), Buenos Aires, Lautaro, 1958

    Teatro

  • Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, Madrid, 1929
  • El labrador de más aire, Valencia, Nuestro Pueblo, 1937
  • Teatro en la guerra, Alicante, Socorro Rojo Internacional, 1938


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