Rodolfo Mederos

(1940)

    Rodolfo Mederos nace en Buenos Aires el 25 de marzo de 1940. Con apenas veinte años ya destaca por su afán de renovación de la música popular argentina. Bebe de la tradición para reinterpretarla creando un lenguaje personal que se enriquecerá con el devenir de los años. Sus estudios de bandoneón los completará en Córdoba donde también comenzará a estudiar biología. Eran los inicios de los años 60 y en Rodolfo Mederos hay desde el principio un espíritu inconformista, de búsqueda constante, que explicará su progresiva ascensión y que va a terminar desembocando en el prestigioso músico que es hoy.

    Su formación no pudo tener mejor escuela ya que formó parte de las míticas orquestas de Osvaldo Pugliese y Astor Piazzola. Lejos de dejarse maniatar por la grandeza de estas dos figuras de la música argentina, Rodolfo Mederos supo incorporar a su estilo lo aprendido con estos dos maestros. Su camino posterior, por tanto, no se basa en la mimesis sino que está lleno de originalidad, talento y riesgo.

    En su triple faceta de bandoneista, arreglista y compositor, la figura de Rodolfo Mederos ha trascendido. Como compositor y arreglador su periodo de aprendizaje se desarrolló en el Octeto Guardia Nueva. En 1965 retorna a Buenos Aires donde puede darse por inaugurada su carrera profesional.

    También ha extendido su creatividad al cine componiendo la música de "Crecer de golpe" de Sergio Renan, "Después de la tormenta" de Tristan Bauer y "Las verdades de Saturno" de Hugo Santiago.

    Ha formado un quinteto con Hernán Posetti al piano, Damián Bolotín al violín, Sergio Rivas al contrabajo y Armando de la Vega a la guitarra española y eléctrica. La calidad de este quinteto quedó reflejada en el disco "Eterno Buenos Aires" en el que se mezclan armónicamente composiciones propias con versiones de temas clásicos donde no faltan referentes de la música argentina como Osvaldo Pugliese del que interpretan La yumba o Anibal Troilo del que versionan su Romance de Barrio.

    Para muchos, Mederos es el heredero directo de Astor Piazzola. Bandoneista de auténtica excepción, se le compara por lo tanto con la mejor tradición de músicos argentinos en los que el respeto a una tradición no supone encorsetamiento ni negarse a buscar nuevos senderos. No sorprende, por ello, que Mederos formara parte en los bulliciosos años 70 de un grupo que tuvo un sentido de ruptura con lo que se había realizado con anterioridad. Este grupo que se llamó Generación Cero tardó en ser comprendido, absorbido por puristas y tradicionalistas. A la larga representaron una bocanada de aire fresco y una muestra de la importancia de Rodolfo Mederos como impulsor de nuevos esquemas asumiendo como propios y necesarios los anteriores. Construir sin olvidar lo ya existente, pero mirando hacia delante ha sido básico en la obra que Mederos ha ido regalando.

    Su discografía se abre en 1966 con un disco titulado "Buenos Aires... al rojo!". Hasta 1976 no aparece "Fuera de broma 8", que inaugura una etapa singularmente atractiva. Este disco tiene su continuidad en las siguientes entregas discográficas: "De todas maneras" (1977), "Todo hoy" (1978), "Buenas noches, Paula" (1983), "Verdades y mentiras" (1984) y "Reencuentros" (1989).

    En los noventa y ya con una posición de privilegio en la escena musical de su país, se editan "Tanguazo - Mederos Quinteto" (1993), "Carlos Gardel" (1994), Mi Buenos Aires querido" (1995), "El día que Maradona conoció a Gardel" (1996), "El tanguero" (1998) y el ya referido "Eterno Buenos Aires" (1999). En el 2000 Rodolfo Mederos ha ampliado su producción discográfica con el disco "Tango Mederos - Brizuela" y con edición en CD de la música de la película "Las veredas de Saturno" compuesta originalmente a mediados de los años 80.

    Rodolfo Mederos ha colaborado también en discos de Mercedes Sosa y Luis Alberto Spinetta. Su primer encuentro con Serrat se remonta a 1994. Rodolfo Mederos introducirá el timbre inconfundible de su bandoneón en dos temas de su disco "Nadie es perfecto". Las canciones elegidas para esta colaboración especial del bandoneista bonaerense fueron "Historia de vampiros" y "Benito".

    Fue en el año 2000 cuando los caminos de Mederos y Serrat volverían a cruzarse y de un modo mucho más directo. Serrat le confía los arreglos de los tangos que incluye en su disco "Cansiones". De un lado "Fangal" y de otro "El último organito". Para ambos temas Mederos sirve una poética arquitectura musical, llena de íntimas atmósferas que se complementan bien con la voz conscientemente quebrada de Serrat. En su interpretación, perfectamente sostenida por el fondo instrumental concebido por Mederos, Serrat siguió bien el consejo del maestro Edmundo Rivero: "El tango no hay que cantarlo, hay que decirlo".


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