Columna de opinión



LAS MALAS COMPAÑÍAS



    Les supongo enterados de lo revuelto que tenemos el patio político. Tanto lo está que más parece un patio de vecinas con sus batitas de boatiné y los rulos puestos dándole al palique en los portales. Pocas noticias como la que nos ocupa han generado tantos debates, inspirado editoriales, réplicas y contrarréplicas. Aquí todo el mundo opina, pontifica, juzga y amenaza. Cosa que ni por asomo, a mí me parece mal ya que la libertad de expresión es un aderezo imprescindible en el juego democrático. Pero con tanto hablar por hablar, se dicen muchas tonterías y se reparten insinuaciones que nos dejan a unos con la boca abierta y a ellos con el culo al aire.

    Todo empezó el lunes cuando el diario ABC -tan próximo a la ideología del gobierno que parece su gacetilla- informa de los contactos que el nuevo conseller en cap de la Generalitat de Cataluña, Don Josep Lluís Carod-Rovira, ha mantenido con miembros de la organización terrorista ETA para evitar que los etarras cometan sus atentados en Cataluña. Que ancha es Castilla y España todavía más grande, para que la sangre de concejales y guardias civiles nos salpique la barretina. Así que señores, hagan el favor de apuntar para otro lado y hagan sus deberes en la clase de al lado, que yo no miro.

    La gravedad del asunto es incuestionable. Al día de la fecha la banda criminal ETA se ha llevado por delante casi mil vidas de inocentes españoles de todas las clases sociales y de todas las autonomías. La lacra del terrorismo ha golpeado tan fieramente en el corazón del ciudadano que nadie puede ser tibio a la hora de juzgar una vileza de este tipo. Intentar negociar con quien desprecia la voluntad mayoritaria del pueblo español es darle cuartelillo al verdugo y pasarle unos cuartos a su nómina de pregoneros. En el único punto que nunca han discutido los gobiernos del PP y PSOE ha sido en cómo manejar la lucha antiterrorista, supieron guardarse sus diferencias para otros asuntos y se apoyaron en una postura común contra estos enemigos de los demócratas. Y el primer mandamiento de esta estrategia es el de negarse a negociaciones-trampa que no supongan la entrega inmediata de las armas.

    Y sin embargo, el señor Carod-Rovira, por su cuenta y ya vimos que sin su riesgo, un día se levanta con ganas de arreglar el mundo y telefonea a su chofer para que lo lleve a Perpignan, que lo están esperando unos amigos muy influyentes. Que además hoy voy de President en funciones y ya verás como esto lo soluciono yo en un ratito mientras me tomo unos chatos con el Josu Ternera, que el chaval es buena gente, aunque la justicia española lo siga buscando para enchironarlo por un quítame allá esos muertos... Y yo que creo que el mayor de los errores del conseller en cap es el de ser un completo iluso, un tipo que se puso su mejor traje de político principiante y advenedizo con tal de echarse al monte en busca de notoriedad y protagonismo, que algo debe tener el agua cuando la bendicen. En su infinita torpeza olvidó el hecho de que España es un país de cotillas donde todo se sabe y las noticias vuelan, sean reales o falsas. Imaginar que el compadreo con el etarra iba a quedarse en el anonimato es pensar que Campanilla terminará por salvarte del dragón o que el Barcelona aún puede ganar la liga. Porque ya sean los servicios del CNI, el vecino del tercero o la mismísima ETA, alguien termina dando el chivatazo interesado y comienza el festival de declaraciones y desmentidos.

    Zapatero monta en cólera al ver la que se le puede venir encima con las elecciones en puertas y exige a Maragall el cese de Rovira por negociar con los terroristas. Don Pascual se lo piensa, pero que no es para tanto, ojo que está en juego el pacto tripartito. Los barones socialistas -Chaves, Bono, Ibarra- cierran filas con su jefe y le piden al President una bandeja con el cap del conseller. Los del Partido Popular se frotan las manos al descubrir un Prestige en campo contrario y achuchan todo lo que pueden y más. Pero no se vayan, aún hay más. Ahora son los de Convergencia los que instan a Maragall a que ponga orden en el Govern. Y los parientes del PNV que se solidarizan con Rovira y alaban su gran clarividencia política. Pero Aznar y su delfines Rajoy y Piqué tampoco tragan y piden a Zapatero que rompa el acuerdo con Esquerra Republicana. Todos piden, todos exigen, todos reclaman, el pueblo se muere de vergüenza con las batallitas de sus políticos y Maragall dice que ya vale, que no le toquen más las bolas, que se hará lo que se pueda. Y lo que el honorable puede hacer no es más que cometer una nueva chapuza, un acuerdo para salvar los muebles, una decisión salomónica y cobarde para mantener su poltrona. Te vas... pero te quedas. Te acepto la dimisión, pero tranquilo Josep Lluís, que sigues siendo conseller, pero ahora sin cartera. No hombre, no, que no me entiendes, no digo que te quedarás sin cobrar, sólo te quitaré el portafolio para que vayas más cómodo, pero te prometo que no se lo daré a ningún otro, te lo guardo en un cajón para cuando vuelvas.

    Y por si estaba lloviendo poco, va el dimitido Rovira y dedica todo su discurso en matar al mensajero convirtiendo al agresor en agredido. Reparte sus culpas entre el PP, los espías del CNI, el centralismo opresor y el toro Islero. “No me arrepiento de nada y sólo me someto al juicio de las urnas catalanas, así que me presentaré a las elecciones generales”. Una salida tan airosa como la del tipo del chiste que después de caerse de la moto y darse un fenomenal porrazo, se levanta orgulloso y mientras se sacude el polvo, dice: “El Titi no se cae de la moto, El Titi se tira en marcha”...

    Zapatero, Maragall, Rovira. Uno de los tres sobra aquí. O los tres. Las malas compañías. El agua y el aceite no pueden mezclarse aunque se pague el precio del gobierno de la Generalitat. Para un andaluz que vive a mil kilómetros del campo de juego, los daños colaterales de la aventura de Rovira -embajador de la paz parcelaria- son lo suficientemente graves como para no aceptarlos como simples avatares de la lucha por unos votos. Todos quedaron retratados: Rovira el torpe, Maragall el ambiguo y Zapatero el débil. Pero los dos primeros salen beneficiados con el pasteleo del President, en tanto que Zapatero sufrirá con creces la sangría de votos para un partido socialista que no merece un escándalo más grave que el de la Asamblea de Madrid. Salvo a Zapatero porque me parece un hombre débil, aunque honrado. Pero hasta que no se libere de tan insanas compañías no podrá rescatar las ilusiones perdidas de un pueblo que ve cómo la izquierda le sigue haciendo la mejor campaña posible a una derecha que se frota las manos y se fuma el puro de la victoria en la Moncloa en espera de ver pasar el cadáver de su enemigo.

    Una derecha que también esta semana volvió a dar un curso completo de ineficacia e inoportunidad política al no expulsar de un plumazo a ese alcalde del Partido Popular del pueblo gallego de Toques (hay nombres que son premonitorios) condenado por tocamientos a una menor, que todavía hoy no ha dimitido y dice estar dispuesto a entregar su sangre por el pueblo. Por favor, señor Fraga, denos el portazo que nos debe hace tiempo y márchese a su casa aunque sea para escribir sus memorias.

    Muy malas compañías: Fraga, Aznar, Maragall, Rovira, Cascos, Piqué, Chaves. ¿Nadie recuerda aquello de “más vale solo que mal acompañado”?


Paco Martín        
31 Enero, 2004        


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