Concierto en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires
3 de Noviembre de 2000

Texto de Noemí Gilda Giovagnoli (Buenos Aires)




OTRA FIESTA EN EL GRAN REX


   Segunda noche en el Gran Rex. El mismo espectáculo, pero diferente por los 3300 de la platea.

   Las entradas para este día se pusieron en venta antes que las del jueves, y todos pensamos que se trataría de la primera función de Tarrés en Buenos Aires. Los fans que pasaron tres días en la Avenida Corrientes haciendo cola en boletería compraron para esta función, igual que todos los que queríamos la primicia.

   El inicio formal del recital se demoró un buen rato, porque cuando apareció Serrat y comenzó a juntar las cartas, flores y paquetes que ya le habían dejado sobre el escenario, le acercaron otros muchos. Hubo tantas donaciones para la “fundación del maestro Kitflus de ayuda a las muchachas descarriadas” que tuvo que llevar una primera pila a la mesa del bar y seguir juntando en el otro extremo del escenario, todo en medio de aplausos y gritos.

   Como el jueves, el set de cansiones de Tarrés-Serrat comenzó con una breve introducción tras la cual se sucedieron “Yo sé de una mujer”, “En la vida todo es ir” y “Sabana”.

   Al igual que en su estreno porteño, se lo veía nervioso al arrancar con “Fangal”, lo que confirmaron su sonrisa de oreja a oreja al recibir la aprobación del público y su agradecimiento con un "muchas gracias" en el micrófono, como sólo lo hace al despedirse en medio de los bises.

   Estas "cansiones" ganan en vivo. El ruedo mejora y pule, y ya hubo ensayos y conciertos, pero lo principal es que en vivo se suman los gestos, expresiones y el clima que quiso darle a cada tema.

   Llegaron “Tarrés”, “Soy lo prohibido”, “Mazúrquica modérnica”, “El último organito”, “La maquinita”, “Che pykasumi” (con una cita previa de Galeano), y “El amor, amor”, uno de los momentos de mayor adhesión del público, que se unió con palmas y festejó los pasos de baile que intentaba el Nano. Completando el disco: “El cigarrito”, “De un mundo raro” y “La llamada”, con la que Tarrés se va, se va… dando paso a Serrat.

   Serrat nos trajo el “Romance de curro el Palmo”, con nuevos arreglos, seguramente nacidos del dúo con Alejandro Sanz. No está mal, pero gusta más el viejo Curro, ese que nos acompañó por un cuarto de siglo.

   Siguieron “Los fantasmas del Roxy”, “Una mujer desnuda y en lo oscuro” y la sorpresa de la noche: “Umbrío por la pena”, estreno para los que sólo pudimos verlo en vivo a partir del 83.

   A continuación “Los macarras de la moral”, saludos para Ana Belén, presente en la sala, y “Dondequiera que estés”.

   Primer coro de la noche con “Mediterráneo”. Esta vez con un bandoneón, que va con la canción, tanto como que los 3300 nacidos junto al río color de león, que en muchos casos ni conocen el Mediterráneo, griten al cantar el estribillo que nacieron allí.

   Durante “Princesa” algunos problemas técnicos, que se sucederán hasta el final, molestándolo y provocando miradas furiosas hacia bambalinas. “Paraules d'amor” con un siseo acompañándolo que hacía presumir que, si nos hubiésemos animado, podríamos haber revivido una noche catalana terminando la canción nosotros solos.

   Ya con el final acercándose, más “platos fuertes”, “Fiesta” cantada de principio a fin por el público y con los consabidos NOOOO después de “se acabó” y “el sol nos dice que llegó el final”. Poniendo un poco de calma, “Aquellas pequeñas cosas” y nuevamente coro completo con “Cantares”, con los estribillos sólo a cargo del público. Como broche de oro, “La saeta”.

   Con cansiones o canciones, con Serrat ganándole a Tarrés (o no), otra fiesta serratiana en Buenos Aires.


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