Concierto en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid
9 de Diciembre de 2000

Texto de Manuel Moreno (Madrid)




SOLO y UNO


    Entre los tejados se escondía el sol, en ese color de espera larga que barrunta besos y abrazos.

    La Luna, camino de llena, Lucía con unos ojos de caramelo, dulce y terca, frágil y severa, despidiendo perfumes de regaliz y gominolas.

    Alguien acababa de volar a diez mil metros sobre el mar, pensando en ellas, queriendo llegar.

    Es tiempo de lluvia, cabellos mojados y un paraguas para tres en este Madrid de sueños. Mañana, seguro, seguirá sorprendiéndonos.

    Hoy hace frío, no se ven chicas riendo por la calle. En las escaleras del circo donde el hombre que hace reír, llorar, y a un tiempo doma leones y hace mortales sin red atrapando notas ya desconocidas, afina su sangre, esperamos en un ritual que sólo nosotros comprendemos.

    En la espera, una Candela que sólo con caminar baila, aunque él no esté, ni tampoco su contrario.

    Y una burla del destino, porque ahí dentro, mi Helena, -nuestra Helena, Paco-, suena como una catedral de canciones que funde las teclas de los pianos y arrasa las mejillas de dolor mientras temblamos al raso.

    Menos mal que desde el Cono Sur llegan cariños telefónicos...

    Y se abre la carpa de los milagros y todos entran ordenadamente y sólo algunos vamos de acá para allá, preguntando, mirándonos, hablándonos como si aquello fuera un parto, y la familia, y los amigos esperaran noticias nuestras.

    Y todo se dispone para este cantar de los cantares que será viento del pueblo.

    Empezaste nombrando con el alma a una mujer, yendo siempre a lo que ni el tiempo ha podido deshacer.

    Mañana, cuando te vayas, nos dejarás tan solitos... y volveremos a la mugre de vivir tiraos aunque hoy nos rompieras las penas.

    Viniste y no estuve, llegaste y me fui. No son nada sin ti, no eres nadie sin ellos.

    A la piel se nos agarran los besos que dimos ayer y que tal vez, jamás comentaremos, guardándolos más por codicia que por estar prohibidos. Tu cómica mímica de histriónico impúdico didácticamente arrastró las sílabas en esa melódica y dérmica crítica. A las dos, quedamos todos en José Luis. No se quedó sin voz el alma del suburbio y siguió cantando canciones. Todo esto nos sucedía, sin saber cómo ni cuando, y su música seguía aliviándonos las penas que nos estrujan el alma.

    Ni siquiera entonces nos acordamos de la muerte. Voy a hacerme un cigarrito, y si te acuerdas de mí, no me menciones, sólo siente la llamada que pasa y se va.

    Y entonces sacó su animal a las tablas, y comprendí la esencia de su astuta farsa, pues fue entonces cuando empezó a llovernos en el corazón, mientras un sol de abril nos dolía en los ojos. Sí, llueve y hace sol, porque nos has bordado en la boca la vida y la muerte, desbaratándola. Y si algunos nombran a sus hijas con tus letras, yo me hice amigo de un gos d'atura, aunque de pastor sólo tenga la pena. La pena, Miguel, tu desayuno, que este hombre sublima hasta el hartazgo, haciéndome llorar tras romperme la garganta.

    Y ya, después, nada me importa. Ni fachadas desplomadas en la acera, ni tu alma de marinero, ni los besos que no echaste al fuego, ni siquiera la Virgen subiendo al Cielo, porque a ti no te matan ni el tiempo ni la ausencia. Hoy, el poeta peregrino de labios cantores, si ha tenido doble, habrá sido de vino, pues él nada más es él, cuando está solo.


¹SOLO y UNO — El título de la reseña es un verso del poema "Umbrío por la pena", ausente en la versión grabada, y que quiere definir lo que es el concierto: Sólo Serrat, y uno, sin dobleces.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se halla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.


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