Concierto en el Teatro Arriaga de Bilbao
19 de Febrero de 2001

Texto de Mari Carmen Martínez y Antonio Ovejas (Vitoria-Gasteiz)




Disfrutar y disfrutar con TARRÉS y SERRAT toda una delicia


    Regresaba al País Vasco "ese tal Tarrés" para deleitar a bilbaínos y donostiarras (19 y 20 de Febrero, respectivamente) tras su paso por la capital Alavesa el 20 de Octubre de 2000 en lo que entonces significó el segundo concierto de esta gira de presentación de 'cansiones' (véase crónica de aquel evento).

    Vamos desde Vitoria-Gasteiz, y en el corto trayecto que une a Vitoria con Bilbao, apenas cuarenta minutos, repasamos canciones, anécdotas, vivencias y otros encuentros con el "maestro".

    Predispuestos y entregados de antemano a lo que puede suponer este concierto, tratamos de imaginar las sorpresas que de él pueden derivarse. Hace más de un mes que nos habíamos hecho con las localidades, fila dos, butacas 12 y 14.

    Ya en Bilbao, tras un tranquilo paseo de ida y vuelta por ambos márgenes de la ría del Nervión, espléndidamente recuperados, con las postales del Guggenheim, Palacio de Euskalduna, Puente de Calatrava, etc., al fondo, el majestuoso Teatro Arriaga nos espera. Son casi las ocho de la tarde.

    Desde la barra del clásico Bulevar, con un vino -acompañado de tapa-, observamos la afluencia del personal a la cita. Y hacia allí nos vamos. No menos de tres generaciones van tomando asiento. Abundan las damas. También políticos, entre otros, el alcalde de la villa. Deportistas, divisamos a Fabricio Oberto (Tau Cerámica-Baskonia) y a su novia Lorena, cordobeses de la Argentina que aseguran han sido sus padres quienes les han hecho amar al Nano, como nosotros, llegados desde Vitoria-Gasteiz (detrás del amor por Serrat, está seguido nuestro Baskonia, con el que disfrutamos y sufrimos).

    Sobre el escenario todo está preparado. El telón subido. El conventillo con todo su colorido. Poco a poco en el patio de butacas se hace la oscuridad, mientras el escenario deslumbra. Tocado con sombrero, aparece en solitario Juan Aguiar (violín y coros), quien tras desmonterarse se marca un sólo de violín. Se une a sus notas Josep Mas "Kitflus" (piano, dirección musical y todo lo demás). El trío lo completa Joan Manuel Serrat que hace estallar en aplausos al respetable, y mientras nos saluda, nos da la bienvenida y presenta el espectáculo, el resto de su excelente banda ocupa sus lugares: José Antonio Romero (guitarra acústica y acordeón), le siguen Nan Mercader y Roger Blavia (percusión y batería), Marcelo Mercadante (bandoneón), Víctor Merlo (contrabajo) y finalmente Miguel Ribera (guitarra española).

    Tarrés, tras hablarnos de sus viajes, de nuestros viajes, de lo que de ellos nos traemos, él dice haberse traído este manojo de canciones que comienza a interpretar "Yo sé de una mujer", a la que seguirán doce piezas de este 'cansiones' con los consiguientes monólogos previos a algunas de ellas: "En la vida todo es ir", "Fangal", "Tarrés", "Soy lo prohibido", "Mazurquica modérnica", "La maquinita", "Che pykasumi", "El amor, amor", "El cigarrito", "El último organito", "Un mundo raro", "Llamada de carnaval". En esta ocasión no interpretó "Sabana".

    La retirada de Tarrés del escenario nos indica el ecuador del concierto. Se cambian los decorados mientras la banda pendiente de "Kitflus" juega a interpretar una pieza jazzística de bella factura.

    Un decorado negro. Extraordinario juego de luces. Riguroso vestuario negro con el que ya se habían presentado los músicos. Impecable y siempre elegante, de negro aparece Serrat. Nuestro Serrat, el Serrat de siempre entra en escena.

    Inicia con "Romance del Curro el Palmo" en esa versión hecha para interpretar con Alejandro Sanz. Le sigue "Me gusta todo de ti" del más que reciente Sombras. Y la sorpresa "Penélope" acompañada con bandoneón y violín, un derroche para el oído. "Umbrío por la pena" con especial recuerdo a Miguel Hernández. "Los fantasmas del Roxy", aprovechando aquí para presentar a sus músicos, "Dondequiera que estés", guiño de nuevo a Sombras. Le sigue ahora, reventando la concurrencia, "Mediterráneo", en este momento pone al borde del escenario a toda su banda, se despiden y se van.

    Los aplausos arrecian y claman por su presencia. Aparece de nuevo y nos ofrece dos canciones más, "Cançó de Matinada", a la que pide que escuchemos con los oídos del corazón, por interpretarla en catalán y "Cantares" en la que todos cantamos y cerramos el espectáculo.

    Plagiando lo que un buen amigo nuestro ha escrito, hemos aparcado a un lado nuestra cara más serratina, para asegurar que nuestro Nano -como suele ser habitual- no decepcionó, o mejor dicho, Tarrés y Serrat no decepcionaron. Porque todos aquellos que vayan a tener la oportunidad de ver al maestro en uno de sus recitales que tiene programados, pueden ir preparándose para ver a dos artistas por el precio de uno.

    Como en otros conciertos, le esperamos a la salida. En esta ocasión formamos un grupo de cuatro, Antonio, Fabricio, Lorena y yo misma, Mari Carmen. Le saludamos. Nos dedicó su Cancionero. Nos hicimos fotos y le despedimos con un reto: "una partida al mús". Para ello, fabricados en Vitoria, le regalamos un juego de naipes Fournier, el reglamento y los amarracos.

    Por encargo de nuestro amigo Paco Martín, a quien, mientras hacíamos el regreso a nuestra Vitoria-Gasteiz, le dimos algunos detalles por teléfono de lo que habíamos disfrutado con Tarrés-sèrraT, hemos sido capaces de preparar lo que antecede.


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