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Concierto en el Teatro Pablo de Villavicencio de Culiacán (México) 30 de Abril de 2001
Texto de Jesús Alberto Guzmán Verdugo (Culiacán - México)
Vuelve a enamorar a Culiacán con sus palabras de amor
Todo comenzó en diciembre del 2000, el arquitecto Iñigo se me acercó en el bar para decirme: "Serrat viene a México, hay que ir", yo le contesté: "pues hay que conseguir los boletos, pero para el concierto de aquí, en Culiacán, me acaban de confirmar la fecha..."
Después de esperar cuatro meses, con boletos en mano esperábamos ansiosos a que el teatro abriera sus puertas. Fuimos los primeros en llegar y los primeros en entrar. El concierto estaba programado para las 8:30 de la noche, el teatro estaba a reventar, cuando se escucha la primera llamada, la segunda y para las 8:45 es la tercera...
Yo me senté lo más cómodo en la butaca, estaba en la primera fila del mesanine y el arq. Íñigo en la quinta fila de abajo. Entra en primer lugar tocando su instrumento Juan Aguiar y el teatro truena en aplausos, enseguida llega el gran pianista Josep Mas y sigue el júbilo, y de repente aparece Serrat en el escenario, parecía que el inmueble se iba a caer, todos de pie aplaudiéndole a más no poder... Elegantemente vestido de negro, ¡allí estaba cantando para nosotros!
Así fue cantando sus cansiones: "Yo sé de una mujer", "En la vida todo es ir", "Sabana", "Tarrés", "Me gusta todo de ti", "El último organito", y cuando cantó la "Mazurquica modernica" todo el mundo se para a cantar y aplaudir. Un Serrat maduro, jovial, buen orador, de buen humor, es decir todo lo que soñamos de él, pues él estaba ahí.
Cuando interpretó "Soy lo prohibido" y "De un mundo raro", todos sabíamos que alguna vez las habíamos escuchado, pues son canciones mexicanas pero éstas las estaba cantando Tarrés al ritmo de sus cansiones.
Uno de los momentos culminantes fue cuando Serrat recordó que era el Día del Niño : "No es por amargarles el día completo a nadie, pero hay que recordar que miles de niños mueren por una enfermedad tan sencilla como lo es el hambre, aunque usted no los quiera ver, los niños de las calles existen, están ahí, pero las autoridades lo niegan, hay que hacer felices a esos niños, porque los niños que por fortuna son de familias felices a esos, tenemos 365 días para celebrarlos..." Toda la gente se le rindió en un gran homenaje de aplausos. Y Serrat simple y sencillamente comenzó a cantar "Niño silvestre".
Seguidamente Serrat nos transportó al "ayer olvidado". Cantó "Penélope", "Mediterráneo", "Lucía", "Dondequiera que estés", "Los fantasmas del Roxy", "Aquellas pequeñas cosas", "Cantares"...
Después de dos horas de música y canto, Serrat se despide pero la gente lo vuelve a traer al escenario, 1400 gargantas pedían al unísono "La Fiesta". Tan solo una voz se alzó desde el mezanine, y pidió "Palabras de amor", la luz se prendía, y todos coreaban "La Fiesta", y una solitaria voz en la noche, volvía a gritar: "¡Palabras de amor!".
Ya para ese instante Serrat miró al mezanine y dice: ¡ya te escuché, ya te escuché!", "¡que soy yo, que soy!"; en eso llama al maestro Kitflus, y dice: "esta canción es para la gente que recuerda los 15 años, yo la escribí a los 20". Y mirando al mezanine prosiguió: "Si alguien no conoce catalán, por favor no se la soplen..."
Junto al maestro Josep Mas, Serrat comenzó a cantar "esas bellas palabras de amor sencillas y tiernas". Yo -con un nudo en la garganta- cantaba a todo pulmón en un inicio en catalán, después en español, pero esta fue mi gran noche, mi canción favorita llegó al cierre del concierto.
Y después de 27 años de espera, Culiacán volvió a escuchar al oído "Palabras de Amor" y de esa manera volvió el gran Serrat a enamorar a toda una ciudad...
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