Concierto en el Teatro Galerías de Guadalajara (México)
4 de Mayo de 2001

Texto de Francisco de Anda (Guadalajara - México)




Un palíndrome de 'Fa més de vint anys'


    Un violín solitario rompe el silencio de la noche. Sus acordes campean sin empacho por la vieja calle de nuestros sueños. Las notas suaves del teclado de Kitflus despiden al sol tras los balcones. Un anuncio de neón indica que se abre el bar para los amigos; y se reserva la mesa del rincón al sabor de un buen vino y de nuevas y añejas Cansiones. Uno a uno van llegando los invitados y así, entre amigos, aparece Tarrés en el escenario...

    "La gente trae consigo cosas insólitas de sus viajes. Nosotros traemos las bolsas llenas de canciones que son delicias para cantarlas de noche con los amigos". Y por fin trajo el verde mayo a Guadalajara. Las letras de Miguel Hernández nos llegan por reminiscencia: "Al verlo venir se han puesto cintas de amor las guitarras, celos de amor las clavijas, las cuerdas lazos de rabia, y relinchan impacientes, por salir de serenata." Entonces fluyeron las canciones, una a una, de ese tal Tarrés que es el otro yo del Serrat que conocemos y que ha acompañado a lo largo de la vida a quienes se han apropiado de sus letras, dulces, poéticas, y a veces crudas instantáneas de lo cotidiano.

    "En la vida todo es ir", de Corretjer y Brown; "Mazúrquica Modérnica", de "Violética Párrica", "Sabana", de José Salazar; "Soy lo prohibido", de José Cantoral; "De un mundo raro" de José Alfredo Jiménez; y hasta un vallenato popular. Todos ellos, temas del repertorio latinoamericano incluidos en el material Cansiones, fueron saliendo de las maletas de Tarrés Serrat junto a una mesa, con un par de copas y vino tinto.

    No sabemos con certeza quien carga el equipaje si Tarrés o Serrat, pero escuchamos una íntima confesión: "Serrat dice a dónde vamos, pero Tarrés hace que valga la pena." "A fin de cuentas Tarrés sabe que sin Serrat no existiría, pero Serrat sabe que sin Tarrés, no valdría la pena existir."

    Esta noche en el Teatro Galerías, campeó mayo amoroso; y Joan Manuel Serrat, en su segundo encuentro con el público "esdrújulo" de Guadalajara -un tanto flemático- le dejó el tablao por un rato, a ese atorrante "irresponsable, alcohólico, pero simpático" llamado Tarrés, para que entonara "Penélope", la historia de aquella mujer que sacrificó un día el reloj y la memoria a la espera de su amado; y después "Lucía", aquélla que con sus labios cantores lo hizo sabio en amores.

    Pero luego llega el turno de Serrat. Cae un telón negro que cubre por completo el Bar Tarrés y sus alrededores llenos de balcones y tendederos. Serrat viene ahora a saldar las cuentas pendientes que dejó ese Tarrés desmemoriado. Empiezan a salir como de una chistera sus clásicos temas de amor y otros no tan clásicos, salpicados de ironía, de crítica social, de apuesta por la humanidad con todo y sus chapuzas: "Me gusta todo de ti (pero tú no)", "Una mujer desnuda y en lo oscuro", "Dondequiera que estés", "Romance de Curro el Palmo", "Los fantasmas del Roxy", entre otras de su vasto repertorio.

    Justo cuando Joan Manuel cantaba aquello de que "una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos, para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro..." una persona del público se desvaneció provocando un conato de histeria e incertidumbre colectivas. Pero el Nano reaccionó rápido: "¡Para, para!", le pidió a Kitflus. "¡Den luz por favor!" y ordenó a todos, con mucha suavidad pero con firmeza, no moverse de sus asientos: "¡siéntense por favor, ayudarán más!". Pasado el desasosiego, todos tranquilos, Serrat comenzó de nuevo "Una mujer desnuda y en lo oscuro", que el público agradeció con un prolongado aplauso.

    De vuelta Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, salta al proscenio, cuando el cantautor del Poble Sec, entona "Niño Silvestre". Viene con aquellos versos del "Niño yuntero", escritos en 1937 y musicados por Serrat en 1972. El catalán introduce esta nueva versión que revela las formas más modernas y más sofisticadas de la explotación infantil.

    "Quiero dedicar esta canción a los millones de niños explotados, prostituidos, empujados al alcohol o al pegamento; a los millones de niños que mueren por enfermedades por las que rara vez se mueren los del llamado primer mundo". "No hace falta ir lejos para darse con ellos. Están a la vuelta de la esquina, a la vuelta del desamparo y de la muerte; y para verlos sólo falta que usted abra los ojos y que deje de pensar que estas cosas pasan en el mundo porque tienen que pasar, porque eso es mentira." Joan Manuel rubricó su arenga con un "muchas gracias". Esta vez el público tapatío no quiso aplaudir.

    Quiso despedirse Serrat con "Mediterráneo", pero el público pedía "Cantares" con insistencia, lo que mereció el sarcasmo de Joan Manuel: "profundo conocimiento del repertorio", dijo, pero la cantó y dejó que sus fans, de antes y después, la corearan. Después de todo, fue la única canción que el público de Guadalajara supo o quiso cantar con Serrat.

    Después de "Cantares", la emoción hizo presa de los corazones. Serrat y sus músicos, tuvieron que volver en un par de ocasiones ante el aplauso prolongado pero tardío del público. Los tapatíos se prendieron ya tarde. Volvió el Nano, para culminar con "Pueblo blanco" y la versión en catalán de "Palabras de amor". Un público francamente dividido: algunos querían más, una tercera aparición; otros ya estaban muy cansados y comenzaron a enfilarse hacia la salida.

    Acabó la fiesta, sin "La Fiesta". Ya en la calle algunos comentaban "cada día está mejor Serrat" y otros respondían: "ya no es lo mismo". Alguno que parecía más enterado sólo dijo: "me da la impresión que Serrat no encontró el público que hubiera deseado, y que la mayoría de los asistentes a este concierto hubieran querido ver al Serrat de sus años dorados."

   Pero... "ha de haber gente pa' todo"...


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