Concierto en el Auditorio Nacional de México D.F. (México)
11 de Mayo de 2001

Texto de Víctor David Rodríguez Ferado (México D.F.)




El mejor motivo para ver a la familia


    Uno de tantos méritos que tiene Serrat, es que es uno de los mejores motivos para pasar un espléndido fin de semana con tu familia, y es que vivo en Guanajuato desde hace un año y desde Diciembre no veía a mis padres, fue una ocasión perfecta para ver a mis familiares. El mismo viernes en la tarde me trasladé a la ciudad de México y llegué justo dos horas antes del concierto al Auditorio Nacional. Como mis hermanos y mi padre tenían trabajo hasta tarde, mi madre y yo fuimos los representantes de la familia Rodríguez Ferado para este concierto.

    Serrat estuvo a la altura de siempre, después de presentarse y recordar que estar en este país es como estar en su casa -como tantos países en el mundo, principalmente en el continente americano-, inició con la cubanísima "Yo sé de una mujer" y se notaba ya una voz cansada, después de tanto rodar por tierras queridas. Tarrés ya cobraba la factura de tanto viaje y tanta cruda que dejaba en Serrat, incluso Tarrés no aguantó tanto trote -posiblemente pasó la noche anterior en Garibaldi para entonar con mariachi "Un mundo raro"-, tanto así que después de "En la vida todo es ir", "Sabana" y "El último organito" tuvo que tomar el toro por los cuernos Serrat y encender el Auditorio de una bella aura cuando se escucharon los primeros acordes de "Penélope"; aquí uno se da cuenta que el maestro "Kitflus" ha tenido una retroalimentación de ideas con el -por supuesto- también maestro Serrat. "Kitflus" ha tenido el tino exacto para retocar y darle una manita de gato a las canciones de Serrat que, no es que suenen antiguas, sino le da más belleza de la que ya tienen, es hermoso escuchar a Penélope con arreglos un poco jazzeros que le dan un toque especial.

    Siguió con "Me gusta todo de ti", "Lecciones de urbanidad" (que nos recordó algunas cosas que nos están haciendo estos tipos que nos salvan la vida a costa de cortarnos el cuello), y la versión ya conocida al piano de "Lucía", bellísima; regresó a dar lo poco que le quedaba a Tarrés con la "Mazúrquica Modérnica" de Violética Párrica, "Soy lo prohibido", "El amor, amor", donde se notó un público algo frío ya que solamente arriba se escuchaba el ruido de fiesta, no se logró hacer fiesta completa con-los-bien-portaditos-de-abajo, y se despidió Tarres con "De un mundo raro" para dejar a Serrat cantando "Tarrés" y la fiesta mayor ya se veía venir.

    Con un intermedio exquisito de los excelentes músicos que acompañan a Serrat, llegaron las notas de una jazzera "Romance de Curro El Palmo" -nuevamente la mano de "Kitflus"-, siguieron "Princesa", "Mediterráneo", la sublime, hermosísima "Dondequiera que estés", que mientras Serrat rasgueaba los primeros acordes alguien gritó: "Serrat, eres único", era una mujer, claro, a lo que el amigo catalán contestó con una media sonrisa y un ladeo de cabeza como diciendo: "Bueno... pues gracias..."; contraparte de lo que pasó dos segundos después cuando alguien más del público que parecía no estar muy contenta con el repertorio que ofrecía Joan Manuel gritó: "¿Qué diablos es eso, Serrat?". Mi madre susurró: "no le contesto porque ya va a empezar la primera línea". "Dondequiera que estés, te gustará saber..." y varios de los que no conocían la canción se enamoraron inmediatamente de ella, es un clásico instantáneo de Serrat.

    Siguieron "Los fantasmas del Roxy" para presentar a los músicos que le acompañan en la gira -con un aplauso especial para el maestro "Kitflus"-, continuar con una grata sorpresa como lo fue "Cançó de matinada" y despedirse por primera vez; para regresar con "Una mujer desnuda y en lo oscuro" del entrañable Benedetti y mientras de pie aplaudíamos, Serrat volteaba a ver a "Kitflus" y con el índice en alto le decía: "Cantares..." y al sonar las primeras notas se podía sentir caer el Auditorio, formidable. Terminó la canción ¡y la gente se empezó a ir! en cinco conciertos que tengo el privilegio de ver a Serrat con mis cortos 25 años no había visto tal frialdad en alguna parte considerable del público, la verdad fue... no sé como definirlo (bueno, sí sé, pero no puedo escribirlo, me censurarían...)

    Afortunadamente los gritos de los que quedábamos hicieron salir al amigo quien tomó su guitarra e interpretó él solo "Aquellas pequeñas cosas", como le gusta hacerlo últimamente; la gente se iba como en bloques, nuestros aplausos y gritos hicieron salir nuevamente a Serrat a interpretar "Fiesta" (aquí en México, como seguramente en muchos países donde ha cantado Serrat, "Penélope", "Cantares" y "Fiesta" son naturales del recital), y mientras cantaba: "se acabó, el sol nos dice que llegó el final..." todos gritábamos "¡noooooo!", pero ya era notorio el cansancio de Serrat y se fue; ya para entonces quedaban dos terceras partes del Auditorio, que ofrecía el corazón con aplausos y gritos -cabe decir que arriba nadie se movía, sólo abajo nos íbamos quedando solos-, salió Serrat a saludarnos, o a despedirnos, qué mas da, salió y la emoción ya era intensa, volvió Serrat a salir del escenario pero provocó más gritos, más aplausos, el grito de "¡Serrat! ¡Serrat!" realmente conmovía, y sí, ¡salió Serrat!, mientras "Kitflus" iniciaba los acordes nuestro amigo susurraba: "un poema de Miguel Hernández" y al grito de "¡Sí Serrat, por Miguel!" inició el primer verso: "Umbrío por la pena, casi bruno...", no sé si Serrat escuchó el grito, pero cantó con un sentimiento que enchinaba la piel, definitivamente derramó todo lo que le quedaba y alguna lágrima no pudimos evitar; no me había tocado ver a un Serrat tan motivado en alguna interpretación, los que ahí estuvimos fuimos afortunados de presenciar tal derroche de belleza interpretativa en el Maestro: Joan Manuel Serrat.

    Se fue notoriamente conmovido a saborear tan bello momento mientras nos escuchaba despedirlo con vítores, más aplausos, más gritos para poco a poco de ya no poder, de quedar afónicos, salimos entre la lluvia que fue un bálsamo de frescura después de tanta adrenalina.

    En casa nos esperaba la familia que inmediatamente percibió la energía que traíamos. Si es que alguna vez llegas a leer esto, amigo Serrat, de corazón te escribo: gracias.


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