Conciertos en el Teatro Teresa Carreño de Caracas (Venezuela)
23, 24 y 25 de Mayo de 2001

Texto de Cristóbal Guerra (Caracas, Venezuela)




UN REPLETO TERESA CARREÑO
SE REENCONTRÓ CON EL JUGLAR


    Serrat envolvió su canto en parlamentos en los que Tarrés, su "compañero" y su doble, fue el centro del recital

    Casas tradicionales que remiten a una calle de cualquier ciudad de América Latina en los años 50, contrastan con el fondo, donde edificios que arañan el cielo comienzan a vislumbrar las nuevas metrópolis del continente. Ese es el escenario, en el que un bar, con el letrero Tarrés en su puerta, nos habla de historias contadas alguna vez, y que ahora retornan en la voz de Joan Manuel Serrat.

    El disco Cansiones con S es el "culpable" de la reminiscencia, que durante miércoles, jueves y viernes ha sido posible en el Teresa Carreño que, con la complicidad de siempre, se ha desbordado con el canto del trovador de Cataluña.

    Las emociones comienzan con "Yo sé de una mujer", danzón cubano, y después de continuar con varias de estas composiciones tradicionales contenidas en el Cd ("Soy lo prohibido", "De un mundo raro"), se toman de la manos con algunas de aquellas compañeras de viaje que no podían faltar, que la gente no iba perdonar si no estaban ahí en cada noche. Hablamos de "Penélope", de "Lucía", de "Mediterráneo", de "Cantares" (entonada por todo el público), y hasta de "Cançó de matinada", cantada en catalán.

    En realidad se trata del concepto disco-recital que se vincula a aquellas canciones que Serrat trae desde su adolescencia y juventud, y que tenía guardadas y que al fin pudo verter en el proyecto que termina de enraizarlo en un continente y en una cultura que desde hace tiempo le resulta propia.

    En este ciclo serratiano vimos al trovador muy comunicativo, con su verbo poético de toda la vida y también con un fino sentido del humor mostrado en diversos pasajes de sus recitales. Particularmente recordamos una anécdota del último concierto caraqueño, cuando en medio de uno de sus parlamentos, sonó con insistencia el teléfono celular de un asistente. Serrat, sacando al tipo del apuro, le dijo: "Hombre, tome el teléfono, mire que puede ser alguien querido o su mujer..."

    Además, Serrat desplegó un inteligente parlamento en el que Tarrés fue el centro de la atención. Habló de sus relaciones con él, de sus cercanías y sus desavenencias, pero terminó siempre con aquel "Serrat no es nada sin Tarrés, y Tarrés sin Serrat no puede vivir".

    Y, como siempre, hubo repeticiones y nuevas apariciones para complacer. Dos, tres veces debió regresar a escena en cada presentación, la última de ellas cuando, con la guitarra juglaresca como única compañera, cantó "Aquellas pequeñas cosas" y "Palabras de amor", ésta en catalán y coreada en castellano por un público totalmente entregado, y que pusieron fin a noches que, como todas las noches serratianas, no terminan nunca porque se prolongan en las percepciones y los sentimientos más íntimos y personales.

    Lilia Vera por Venezuela

    Lilia Vera regresó al teatro con temas de siempre, y como toda la vida, su voz afinada y consistente, su seria actitud y su simpatía natural, le devolvieron al lugar de preferencias que siempre ha tenido. Lástima que Lilia a veces se "pierda" del escenario, que no sea vista con la frecuencia que un artista como ella tanto merece.


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