Concierto en el Palacio de los Deportes de Bogotá (Colombia)
30 de Mayo de 2001

Texto de Santiago Zuleta (Bogotá, Colombia)




UN RITO CERCA
DE LAS ESTRELLAS


    Decía el viejo Zorro de "El Principito" que los ritos orientan el curso de nuestras vidas. Preparamos nuestro espíritu para las ocasiones especiales y acudimos sonrientes, peinados, con la cara lavada y un cuaderno nuevo en la mano; como los niños a su primer día de colegio. Así acudí a una primera cita aquel soleado diciembre de 1975: Bogotá; Piel de Manzana; se celebraba el día del niño. Niño yo, a mis 12 años, y con los poros de la sensibilidad recién abiertos, ¿cómo podría prever que ese primer viaje en "El Carrusel del Furo" habría de marcarme para siempre? En la vida todo es ir, y así comenzó un pacto de fidelidad al que, debes saber viejo Joan, mis buenos amigos y yo no hemos faltado nunca.

    Por eso fuí anoche. No se asiste a un concierto de Serrat por un aviso en la prensa o pensando en pasar el rato. No es un evento ni un asunto de etiqueta. Se acude porque a los viejos amigos no se les falla ni se les "deja plantados", como decimos en mi tierra. Venimos como un soldado a su cita; conscientes de que en este mundo, que naufraga entre la frivolidad y la barbarie, jamás podríamos permitirnos el abandono de una nave que ha demostrado su fidelidad a toda prueba: un barco de papel que de Coulliure al Paraguay, entre el testimonio y la ternura, ha mantenido firme la bandera de nuestro credo.

    Nueve de la noche. Impaciencia. ¿A dónde andará el viejo Kitflus? De pronto suena un violín: virtuosismo mozartiano. Se le une el Kitflus desde su piano, infundiéndonos una curiosa sensación de seguridad. Arropado por el dueto, sale el Maestro a escena, relatando la anécdota de su viaje de 30 años por tierras americanas; dispuesto a compartir, una a una, las notas de su equipaje.

    "Yo sé de una mujer", en métrica de soneto y aroma de atardecer cubano, comienza el itinerario seguida por "En la vida todo es ir", esa fusión preciosa del flamenco con el son de Puerto Rico, cuyos versos diáfanos nos traen un sabor a poema de Martí. ¡Qué buen trabajo de palmas y guitarra! Vamos por un buen camino que nos conduce a la etérea "Sabana", abierta por ese canto solitario y evocador que, como colombiano, puedo dar fe de que refleja maravillosamente el espíritu misterioso de los Llanos Orientales. Sí, maestro, has captado perfectamente el duende de este aire, como decía un poeta español.

    Se presenta "Tarrés", descarado y sin tapujos para llevarnos de la mano al arrabal donde suena "El último organito", magistral interpretación ayudada por unos gestos manuales delicados y precisos. Y sale el doble de escena.

    Vuelve Serrat con "Penélope", ante la enorme ovación de un público incondicional, y nos propone una carta de navegación paralela a la iniciada por su etílico alter ego: un camino al que su plena vigencia impediría bautizar de "nostalgia". No. Es más bien reafirmación de principios vitales; y si hace llorar es porque sabemos que los años nos pasan pero la verdad esencial de la vida es inmutable, aunque parezca efímera. Así lo comprobó "Lucía", que literalmente "dio una bofetada" a quienes afirman que "ya no es el mismo de antes". ¡Qué lirismo en la voz, qué piano! ¡Mis respetos!

    Reincidió "el otro" con "Mazúrquica Modérnica, alegre e irreverente, "Soy lo prohibido" y "El amor, amor" en compañía del mismísimo y original Cocha Molina. Nos habló de sus canciones preferidas a las 3 de la mañana y cantó un ejemplo ilustrativo: "De un mundo raro". Creo que el buen José Alfredo aceptaría gustoso esta versión, que transformada en su ropaje estilístico, conserva intacto el espíritu.

    Un interludio instrumental y de pronto una secuencia; un solo de piano. ¿Qué ocurre? "La vida y la muerte bordada en la boca...". No, viejo, ¡no golpees así! ¿Es que no ves que ya tenemos el corazón en carne viva? Difícil hablar de "cumbres" en esta exprimida emocional pero el "Romance de Curro el Palmo" fue ¡demasiado! Espléndido. Siempre he pensado que pasaría sin problemas en una antología de García Lorca. Y ya sabemos que los años te han hecho malas jugadas en la voz pero no sufras; aquí te ayudamos desde la butaca: "Ay, mi amor, que me desvela la verdad...", ¡dale, llegarás al agudo!

    La sarcástica "Lecciones de urbanidad" dio su necesario golpe a los politiquitos de siempre, dejando el ambiente limpio para Dondequiera que estés", un fabuloso "Mediterráneo" y ese juguetón arreglo de "Cançó de matinada": lindo motivo en el piano, guitarra, percusión sutil y sabor a comienzo, a aire limpio, a amanecer de los sesenta. Este mago de Kitflus, ¡se las sabe todas!

    Y se acabó la fiesta, no sin un "Cantares", obligatorio, y una "Princesa" en que el violín toma la parte de flauta; sentido y desgarrador. Todo "fuera de programa". Otro bis, reclama el respetable, negándose a salir. Porque tampoco nos vas a dejar "así a la francesa", ¿no?... Está bien: "Aquellas pequeñas cosas"...

    Se encendió la luz; inevitable. Nos quedó alimento espiritual para largo, una tristeza dulce que nos acompañó a casa y una sóla pregunta en el tintero: ¿cuándo es la próxima?


¹ El título de la crónica se inspira en un slogan de la Alcaldía: "Bogotá, 2.600 metros más cerca de las estrellas".


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