|
|
Concierto en el Palacio de los Deportes de Bogotá (Colombia) 31 de Mayo de 2001
Texto de Carlos Andrés Guevara (Bogotá, Colombia)
DEFINITIVAMENTE, UN LUJO PARA EL ALMA Y EL OIDO
Aproximadamente 3000 personas llenaron el Auditorio
"Palacio de Los Deportes" de Bogotá para ver
nuevamente a Serrat, después de algo más de dos años,
cuando en este mismo escenario había presentado
"Sombras de la China".
Hacia las 9 de la noche, para ambientar los ánimos de
los asistentes, y como antesala de Tarrés y Serrat, se
presentó con su grupo vallenato el acordeonero "Cocha"
Molina, quien guarda una estrecha amistad con el
cantautor catalán y que participara con su acordeón en
la grabación de "El amor, amor".
A las 9:15 salió Juan Aguiar interpretando el violín;
inmediatamente después lo hizo Kitflus, los demás
músicos y finalmente Serrat, para que los aplausos se
hicieran presentes. Después del saludo y de comentar
que lo que él se lleva de los viajes son canciones, o,
para ser más exactos, "cansiones", comenzó Tarrés
interpretando "Yo sé de una mujer", para seguir con
"En la vida todo es ir", "El último organito", canción
que interpretó después de tomarse un vino al lado de
una mesita colocada para darle ambiente familiar al
escenario.
Luego vino un monólogo sobre la relación de
Serrat y Tarrés, lo imprescindibles que son el uno
para el otro; nos recordó asimismo que todos tenemos
nuestro doble, y que hay algunos que tienen incluso
más de uno, "como los políticos", para provocar las
risas entre los asistentes. Vino "Tarrés", para mí, una
de las mejores canciones de Serrat. Enseguida su
magnífica interpretación de "Sabana", demostrando el
magnífico estado de su voz al entonar esos altos al
final de la melodía.
Desaparece la escenografía del barrio de cualquier
ciudad iberoamericana para que Serrat nos vuelva a
hablar de su relación con su doble, "de la cual han
resultado muchas canciones, como ésta...", y empieza a
sonar "Penélope", para el entusiasmo general del
público. A continuación suenan "Me gusta todo de tí",
"Lucía" y "Pueblo Blanco", canción ésta a la que ya
nos tiene acostumbrados en sus últimas presentaciones
en Bogotá, y cuya interpretación siempre es muy emotiva.
Vuelve Tarrés, con los palíndromos y los esdrújulos,
que sirven para la presentación de "la canción de
Violética Párrica... Mazúrquica modérnica", cuya
interpretación en vivo supera sin duda a la del disco.
Llega después el bolero "Soy lo prohibido", para dar
paso a "El amor, amor", donde Serrat aclara que a
pesar de ser originalmente un vallenato, Tarrés lo ha
llevado al terreno de la rumba catalana, pero que
"como al ajiaco no le pueden faltar las guascas, al
vallenato no le podía faltar su esencia, que es el
acordeón...", y entonces vuelve el "Cocha" Molina para
acompañar con su acordeón esta canción, que genera
gran entusiasmo en el público, que acompaña con las
palmas. Fue éste un momento muy emotivo dentro del
concierto. Cabe aclarar que el ajiaco es el plato
típico de Bogotá y alrededores, y las guascas unas
hojas que le dan su sabor característico.
Para cerrar con Tarrés, viene la interpretación de "De
un mundo raro", canción que Serrat, según sus propias
palabras "es de las que interpreto después de las 4 de
la mañana y después de varias copas"; canción también
muy recordada, y degustada, por el público.
Viene entonces una especie de intermedio, en el que
los músicos realizan una magnífica interpretación
instrumental; Serrat reaparece para interpretar "Los
fantasmas del Roxy", canción que le sirve para
presentar a sus músicos. Luego viene un poema de
Benedetti y musicalizado por Serrat, que, por cierto
nunca había escuchado en concierto, y que fue "Una
mujer desnuda y en lo oscuro". Realmente fue una
interpretación excelente, que puso por momentos los
pelos de punta.
Entonces, una joven del público se le acercó con un
papelito, que Serrat, después de leerlo mentalmente,
guardó en su bolsillo. La misma joven, a todas luces
catalana, no cesaba de reclamar la interpretación de
"Paraules d'amor", petición a la que el maestro
accedió de inmediato. Empezó diciendo que haría una
interpretación en catalán, y que "como en Bogotá todo
el mundo entendía el catalán, pues no habría ningún
problema", a lo cual los asistentes respondieron con
sonoras carcajadas. Siguió diciendo que "si no
entienden, pues simplemente háganlo con los oídos del
corazón... aunque así tampoco van a entender nada,
pero bueno, no importa...", y con su guitarra y Kitflus
al piano, comenzó a cantar la clásica canción.
Luego vino "Mediterráneo", canción coreada por el
público y con la que se cerraba, en principio, el
concierto. Todos los músicos hicieron sus venias,
junto con Serrat, al frente del escenario, pero claro,
la gente quería más, y, entonces nos regaló esa hermosa
canción que es "Princesa", donde el violín hizo las
veces de la flauta original del disco. Todos
desaparecieron del escenario, pero el "otra, otra..."
generalizado, hizo que todos retornaran para
interpretar la mítica "Cantares", pedida también por
el público, y que todos cantamos. Volvieron a irse
Serrat y sus músicos, y algunos ya estaban abandonando
sus sillas cuando, ante las peticiones para que el
espectáculo no se acabara todavía, retornó en
solitario Serrat para interpretar con su guitarra
"Aquellas pequeñas cosas", algunos de cuyos versos
dejó que fuera únicamente el público quien que los
cantara. Realmente fue un momento hermoso, de plena
comunión entre el artista y su público, lo que en
definitiva siempre logra Serrat. Parece que Serrat ya
se despedía definitivamente, pero la gente no se
quería ir aún (y eso que eran ya las 11:10 PM).
Todavía muchos pedían "Para la Libertad", "Fiesta",
"Tío Alberto"... Incluso una voz dijo: "¡¡todas!!".
Serrat no tuvo más remedio que salir de nuevo, con
toda su banda, para cerrar ahora sí el concierto
cantando "Fiesta", canción también entonada por buena
parte de los asistentes, al tiempo que daba la mano a
los que se acercaron hasta la tarima.
Finalmente ya se retiraron todos, y Serrat se llevó
flores, regalos y notas que algunos de los presentes
le llevaron. Me hubiera gustado escuchar las interpretaciones de
algunas de las canciones que había presentado en
otros conciertos de la gira, como "Umbrío por la pena"
o "Cançó de matinada", pero pedir más era imposible.
Después de dos horas exactas terminó este gran
concierto; ahora empieza la cuenta atrás para volver a
ver a Serrat por estas tierras.
|