|
|
Concierto en el Anfiteatro Feria Internacional de San Salvador (El Salvador) 11 de Junio de 2001
Texto de Ernesto Alarcón R. (Ciudad de Guatemala, Guatemala)
Una cita con Serrat, su doble,... ¿y su triple?
Un inolvidable encuentro tuvimos la noche del pasado día once con Joan Manuel Serrat y su doble "Tarrés", quienes presentaron su nueva propuesta musical "Cansiones" en la capital salvadoreña. Las dificultades acústicas, así como del equipo de amplificación, fueron ampliamente superadas tanto por la magistral actuación y personalidad de Serrat como por la indiscutible calidad de sus músicos encabezados por un "Kitflus" impecable. Mención especial para Marcelo Mercadante y su bandoneón. Fue así como pudimos gozar de ocho cortes del mencionado trabajo y de otras trece interpretaciones que abarcaron 31 años de la incomparable obra serratiana.
Brillante apertura del concierto con el tema "Yo sé de una mujer" al que le siguieron "En la vida todo es ir", "Tarrés" y "El último organito" (magnífico, con Tarrés sentado y arropado por las notas del bandoneón). Aparece Serrat para regalarnos "Penélope" y "Lucía" y luego Tarrés para interpretar "Soy lo prohibido" y "Mazúrquica Modérnica" previa una divertida introducción sobre las esdrújulas y los palíndromos: "Menem es un palíndromo" (risas) "... y podrá ser muchas otras cosas, pero también es un palíndromo". No faltaron aquí un par de guiños a dos consumados "palindromistas": el argentino Julio Cortázar y el guatemalteco Augusto Monterroso. Siguieron "Me gusta todo de ti", "El amor, amor" y "De un mundo raro" (jamás pensé llegar a conmoverme con una ranchera) con la que Tarrés se despidió.
Después de un soberbio intermedio jazzístico, regresa Serrat para abrir la segunda parte con "Pueblo blanco" al que le sigue la cúspide del concierto: Serrat hace referencia a su origen catalán y a las "peculiaridades" de los catalanes como comer, acostarse, dormir y hablar en catalán; luego la traducción y finalmente se viene "Pare". Es como un gancho al estómago. Quedo sin aliento. La forma en que se encadena la poesía con la música es única e indescriptible. Su interpretación tan distinta a las anteriores. Ni siquiera puedo aplaudir cuando termina. Acabas por comprender que no son dos sino tres los personajes: Serrat el de las cançons, Tarrés el de las cansiones y ¿Cerrat? el de las canciones.
Aún aturdido escucho "No hago otra cosa que pensar en ti" (presentación de los músicos) y una magnífica "Una mujer desnuda y en lo oscuro", a la que siguen "Dondequiera que estés" (sublime) y "Lecciones de urbanidad". Para cerrar: "Mediterráneo" y tres bises de lujo: "Cantares", "Aquellas pequeñas cosas" y "Fiesta", todas ellas cantadas a todo pulmón por el, según Serrat, "esdrújulo" público.
La cálida noche salvadoreña nos invita a prescindir del taxi y caminar hacia el hotel. Mañana emprenderemos el camino a casa acompañados por ese sentimiento que nos embarga cada vez que asistimos a uno de sus conciertos: lo afortunados que hemos sido al ser sus contemporáneos. Y es que no podemos dejar de sentir algo de pena por todos aquellos que dentro de tres o cuatro siglos deban conformarse con asistir a escuchar los recitales de otros artistas interpretando sus inmortales canciones, cansiones y cançons. Gracias Joan Manuel.
|