Concierto en el Anfiteatro Feria Internacional de San Salvador
(El Salvador)
11 de Junio de 2001

Texto de Mario Jule Montoya (San Salvador, El Salvador)




UN VIAJE DE IDA Y VUELTA


    La noche del 11 de junio se vistió de magia y fiesta, a eso de las 6:30 de la tarde emprendía camino rumbo a la Feria Internacional junto a un par de amigos que no pasábamos de los 22 años y nuestro catedrático de humanística de la Universidad en la que estudiamos.

    Llegamos apresurados ya que lejos se veía una larga fila de personas de cuadra y media; nos adelantamos a ella y logramos entrar al anfiteatro. Dicho lugar ya estaba abarrotado de seguidores de Serrat de todas las edades, adolescentes de 14 años junto a sus padres, muchos jóvenes que no llegan ni a los treinta y los seguidores veteranos de serrat de arriba de 30. La verdad era un público que cada minuto que pasaba se preparaba con ansias para recibir con calor y cariño después de 9 largos años de ausencia del Nano. Me remontaba aquel diciembre del 92 con la gira de "Utopía" a cuyo concierto asistí junto a mi padre. Yo tenía apenas 13 años de edad. Cierta nostalgia invadía mi corazón pero hoy me encontraba junto a mi grupo de amigos con 22 años de edad encima, para vivir esta armonía con la vida en la voz y las letras de las canciones de Joan Manuel.

    Luego que nuestro artista nacional Henry Mejía abriera el telón con un breve repertorio con canciones de Joaquín Sabina, Miguel Bosé, Miguel Ríos y otros, el público estalló de emoción y de locura. Marcaban las 8:30 p.m., el escenario se vistió con calles de La Habana vieja. Se apagaron las luces y la respuesta de un impaciente público no se hizo esperar, aparece el primer músico (violinista), luego Kitflus al cual la gente lo recibió con cariño y respeto.

    Pocos segundos después aparecería Serrat vestido totalmente de negro, una joven que se encuentra atrás de mí le dice a su amiga "ay, qué lindo se ve" mientras tanto se escuchaban aplausos, gritos, una ovación total, mientras los seis restantes músicos tomaban cada uno su lugar. "Yo sé de una mujer" abriría el recital seguido por "En la vida todo es ir", "en los viajes como en la vida es bueno tener con quien compartir el pan, el vino, las risas, incluso discutir" comentaba el Nano para dar paso con "Tarrés": "Menem será lo que sea, pero es un palíndromo" manifestaba Serrat cuando en ese instante pasaban dos hermosas muchachas con su mamá con lo que Serrat les dijo: "Bienvenidas, siéntanse como en su casa que esto apenas empieza..." (a la vez apuñándoles en forma coqueta el ojo). "El último organito" a la vez dio paso a la entrañable "Penélope", "Me gusta todo de ti", "Lucía" y "Mazurquica Modernica".

    Al final del tema "Soy lo prohibido", una admiradora del Nano se acercó para regalarle un ramo de flores, "De un mundo raro" y "El amor, amor" canción que por su ritmo contagioso, el público lo acompañaría con las palmas y un grupo de hippies norteamericanos se pondrían a bailar. De esa forma Tarrés se despediría con lo que Natalia me diría: "¿qué pasó con "El cigarrito" y "Che Pykasumi" que realmente son de las favoritas de cansiones?".

    Los músicos de Serrat tendrían espacio para demostrar su primera clase en su don, luego llegarían "Pueblo blanco", "No hago otra cosa que pensar en ti" (presentación de músicos), "Una mujer desnuda" y "Lecciones de urbanidad". Joan Manuel comenta: "Fíjense si los catalanes somos un pueblo curioso que hablamos en catalán habiendo tantas lenguas en el mundo, hacemos el amor como todos aspirando a más de lo que podemos..." para dar paso a "Pare".

    "Dondequiera que estés", "La gente va muy bien" y "Mediterráneo" con la cual finalizaría ante un público eufórico que no lo dejaba ir. Nos regaló "Cantares" en el que sería opacada su voz con la del público que al finalizar le pedía "¡otra, otra!". Serrat y sus músicos se marchaban mientras un gran coro de "¡otra, otra... ole, ole, ole"!.

    Aparecería Serrat solo con su guitarra, el público enloqueció. "Aquellas pequeñas cosas" y al final nos daba un beso por medio del micrófono y se escuchaba un grito femenino de un centenar de hermosas muchachas y elegantes señoras salvadoreñas y extranjeras. Tres minutos nos quedamos pidiendo una nueva canción, nadie se quería ir, se apagaron de nuevo las luces. Una muchacha le decía a su novio: "mira, sube con sus músicos" y todos corrimos al escenario. "Fiesta" sería para cerrar con broche de oro, todos levantábamos las manos para saludar a Serrat quien nos daba la suya. Yo estaba junto a Natalia que logró subir al escenario para darle un beso, y así finalizó el recital.

    Todos satisfechos en una noche que jamás olvidaremos en nuestras vidas. Mientras, Natalia seguía en la luna al no creer que había dado un beso a su ídolo y hoy más que nunca confirmamos la canción de Sabina cuando dice: "yo de joven quisiera ser como es... mi primo Joan Manuel".


principio de esta página