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Concierto en el Anfiteatro Feria Internacional de San Salvador (El Salvador) 11 de Junio de 2001
Texto de Celia Morán (El Salvador, Centroamérica)
EL DÍA DEL CONCIERTO
Desde tempranas horas, La Feria Internacional -lugar para el concierto de Serrat/Tarrés-, se abarrotó. La mayoría del público era gente entre 30 y 40 años, aunque también había algunos jóvenes.
El concierto empezó con la participación nacional de Henry Mejía, un joven que interpretó canciones de Miguel Bosé y Nino Bravo, entre otros.
Posteriormente, el escenario se puso oscuro, la gente como esperando el desenlace de una novela de García Márquez guardó silencio. Entre sombras salió primero Serrat y al unísono sonaron las palmas aplaudiéndole por un buen rato.
Él empezó a hablar mientras sus músicos se colocaban y daba inicio formal el concierto.
La nota que desentonó fue el sonido que pusieron. El Nano, como muchos le llaman, según mi percepción estaba impacientándose porque sabía que no era un buen sonido. No se entendía lo que hablaba ni lo que cantaba y si le subía al volumen, distorsionaba. Por más que Serrat le decía, a través de señas, que le regulara mejor el volumen, la intensidad, etc..., el sonidista no lo hizo. No sé si no sabía hacerlo o el equipo de sonido era de tal mala calidad que no podía hacer nada.
No sé cómo Serrat ha organizado el concierto de presentación de su nuevo álbum. Sin embargo, me pareció que con base en estos problemas prefirió cantar sus canciones más conocidas, empezando por "Penélope", "Aquellas pequeñas cosas", "Pueblo blanco", "Lucía", "No hago otra cosa que pensar en ti" y el poema de Benedetti "Una mujer desnuda y en lo oscuro", entre otras.
La experiencia no pasa por gusto. El manejo del escenario que tiene Serrat es impresionante. Lo que más me gustó es su sentido del humor y los arreglos musicales de las canciones. Los músicos francamente son fantásticos. Unos genios.
Solventados o acostumbrado al problema del sonido, Serrat fue llevando al público a una misma sintonía. La gente empezó a desbordarse de alegría y de euforia en el concierto. Cuando se despidió, tuvo que salir nuevamente tres veces ya que todos seguíamos aplaudiendo por largo rato. Él muy cordial salió y cantó "Aquellas pequeñas cosas" y cerró al unísono con todo el público con "La fiesta", pieza con la cual se despidió.
Cantó unos temas de su nuevo disco. No todos. Entre ellos estuvieron "Tarrés", "Soy lo prohibido", "El último organito", "De un mundo raro".
Al final, según mi opinión salvó el concierto su excelente presencia y la admiración de los asistentes al recital. Yo creo que casi nadie se dio cuenta de los problemas de sonido, pero, igual creo que fue una nota que desentonó en un ambiente de alta calidad artística.
Como autocrítica a mi país, creo que se debiera haber presentado para iniciar el concierto a algún cantautor y no repetir más de lo mismo, ya que creo que a Serrat le hubiera gustado más conocer lo que estamos produciendo los cantantes y cantautores en esta cinturita de América, El Salvador.
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