Concierto en el Centro de Bellas Artes de San Juan (Puerto Rico)
17 de Junio de 2001

Texto de José Emilio "Chemi" González Matos (San Juan, Puerto Rico)




Yo de joven quisiera ser como él...


    Un concierto de Joan Manuel Serrat es siempre un encuentro obligado, más que un encuentro es una convocatoria. De entrada reconoces caras, te encuentras con viejos amigos que no ves hace tiempo y compruebas que cuando Serrat vuelve a suelo boricúa, todo el mundo acude a la cita. El pasado domingo 17 de junio, en el Centro de Bellas Artes no fue una excepción (de hecho, la sala estaba llena de tope a tope, allí no cabía un alma más).

    Serrat no venía desde su gira anterior para promocionar su penúltimo disco "Sombras de la China", eso fue en Enero del 99 y prácticamente abría su gira latinoamericana aquí. Ahora vino para cerrar la gira americana de su último disco "Cansiones". Lo que sabemos es que aunque abra o cierre sus giras aquí, éste es un público importante y aunque no es tan multitudinario como en otros países latinoamericanos o su natal España, sus fanáticos aquí somos legión, y Serrat nos devuelve esa enorme devoción, con una apasionante entrega.

    Mucho ha pasado aquí desde la última vez que Serrat nos visitaba, y todos nos preguntábamos si él, un hombre que sabemos posee una inteligencia sobrecogedora y muestra siempre una genuina preocupación por la problemática de cuanto lugar visita y quiere, se expresaría en solidaridad con la causa viequense: lo hizo. También su público estaba en espera de un momento que de seguro sería memorable, cuando El Nano cantara "En la vida todo es ir", el inmortal poema de nuestro poeta nacional Juan Antonio Corretjer musicalizado por el también nuestro Roy Brown (que se encontraba en la sala). Estos momentos los reseño más adelante, pero los menciono de entrada.

    El concierto tuvo dos notas discordantes que estoy seguro no tienen que ver con Serrat ni su equipo -sé de su profesionalismo-, pero sí con cierto manejador cuyo nombre no mencionaré y que aparentemente no contó con la logística necesaria para comenzar todo a tiempo. Para cuando entramos a la sala, las puertas estaban cerradas y los músicos estaban ensayando. Abrieron las puertas de la sala a la hora en que se suponía empezara el concierto (5 de la tarde) y comenzó media hora después. Por otro lado el sonido estuvo pésimo. El micrófono de Serrat estaba muy bajo, y la banda muy alta y en más de una ocasión se imponía a su voz (con todo, Serrat a menudo se acercaba a su director musical Josep Mas Kitflus y le pedía que tocaran más alto), solo cuando cantaba con poco acompañamiento se le escuchaba claramente, y muchas veces cuando hablaba lo que se escuchaban eran susurros, lo que le obligó a cantar y a hablar toda la función pegadísimo al micro. Sabemos que la voz de Serrat no es la misma de antes, pero todavía conserva intensidad y encanto aunque no se pudiera apreciar mucho por la ya mencionada falla.

    De apertura cantó cuatro temas la cantautora puertorriqueña Idale. No estuvo mal, pero no a la altura para abrirle un concierto a Serrat. Le faltan tablas y dominio y sus líricas carecen de madurez poética y definición propia. Además no sé a quien se le ocurre que a Serrat hay que abrirle un concierto. Él es uno de los pocos artistas que no necesitan acto de apertura, porque su presencia es tan grande que no todo el mundo puede abrirle camino en una presentación (sé que Sonia Silvestre le abrió el concierto en Santiago de los Caballeros, Republica Dominicana, pero al hablar de Sonia Silvestre ya hablamos de una artista probada y con la altura suficiente como para ser acto de apertura).

    El maestro abrió el concierto con un largo monólogo en el cual nos explica que nos llevará de la mano a un viaje lleno de canciones que él y Tarrés han ido recogiendo en sus viajes "porque eso es lo que nos gusta llevarnos", explica que son canciones que canta pasadas las cuatro de la mañana y que si las conserva es porque han sabido ser buenas compañeras. La hermosa escenografía habanera del bar restaurante "Tarrés" resplandecía al fondo y acompañaría la puesta en escena cuando se interpretaran canciones del disco en cuestión. Después de esa ingeniosa introducción arrancó con "Yo sé de una mujer", uno de mis temas favoritos del disco y que Serrat visiblemente disfruta mucho interpretando. Luego se sucedieron "Sabana", canción venezolana del gran Simón Díaz (la cual ni en el disco ni allí me pareció muy afortunada en su voz, pero quizás es porque tengo en la mente la interpretación magistral que Soledad Bravo hizo de ese tema hace algunos años) y "Tarrés" y en medio de eso aprovechó y nos contó más acerca de su doble y de la definición de lo que es un "Palíndromo". También bromeó acerca de las confesiones a curas y a psiquiatras y de los varios dobles que parecen tener muchos gobernantes.

    Muy interesante y arrabalera fue su interpretación del tango "El último organito", que sonó aún mejor que en el disco y que cantó sentado en una mesa, tomándose una copa de vino, su humor volvió a resaltar cuando recalcó: "les invito, ahora les advierto que la única vez que alguien subió a beber, tuvimos que cancelar la función; lo mejor es que lo dejemos así, ustedes miran y yo bebo...". Un telón negro cubrió la escenografía de Tarrés, lo cual nos anunciaba que por ahí venían las clásicas melodías de su repertorio: "Penélope" se paseó por allí, luego llegó "Lucía" en la mejor interpretación que le he escuchado a Serrat de esa canción, muy sentida, con acompañamiento mínimo y directa al corazón, me hizo amar una canción que generalmente no es una de mis favoritas de su repertorio.

    Siguió con "Me gusta todo de ti" de su anterior álbum "Sombras de la China" que al igual que "Tarrés" me pareció muy desigual, pero con algunas magníficas canciones, y ésta fue una de ellas, llena de un humor negro e ironía romántica, puramente serratiana. Después Tarrés volvió por allí y juntos nos interpretaron "Soy lo prohibido" y la siempre maravillosa "Mazurquica modernica" de Violeta Parra, que a pesar de ser una de las más desafortunadas versiones del disco, sonó muy bien en vivo. De ahí pasamos a uno de los puntos más memorables de la velada.

    El Nano comienza otro monólogo, esta vez sobre las particularidades de ser catalán, lo que nos anuncia que tal vez la próxima canción sea en ese idioma, (en medio de eso, suena un celular y su humor se manifiesta "por favor conteste, que puede ser algo importante" dice, y esa es parte de su magia, el poder manejar situaciones inesperadas como ésta con sentido del humor. Sabemos que él sigue un libreto y que sus monólogos están escritos, pero en situaciones inesperadas siempre muestra su ingenio y los monólogos van variando, acorde con los países y ambientes en los que se presenta). Ya estamos acostumbramos y muchos esperamos que cante siempre al menos una canción en catalán. Pero la sorpresa real llegó cuando dijo "y cuando pienso en Vieques..." lo cual le ganó la primera gran ovación de la noche.

    Con esa frase comenzó su discurso de solidaridad hacia el pueblo puertorriqueño por su lucha por sacar a la marina de guerra estadounidense de esa isla-municipio, y en su expresión se nota su preocupación genuina por lo que ocurre, se nota que ha leído y ha seguido nuestra situación de cerca, porque la comentó bastante a fondo. Yo le comentaba a una amiga al final si fuera posible que en España llegaran mejor las noticias que aquí, el país donde ocurre, y ella me respondió "seguro, no lo dudes", y si no llegan mejor al menos llegan sin la mancha del filtro del sistema. Explicó que la canción que iba a cantar la escogió con mucho cuidado para cantarla aquí (aunque ya la había cantado algunas veces en esta gira por Latinoamérica) por que su mensaje va muy a tono con esa situación. Serrat da en el clavo una vez mas. Primero la tradujo al español como es costumbre y después comenzó "Pare", una de sus canciones más poderosas en catalán y de las más conocidas de su repertorio. Es un canto a la vida, un lamento por la destrucción del ambiente y una alerta para un planeta en peligro. La canción acaba con la frase profética "padre, dejad de llorad, que nos han declarado la guerra". Y cuando Serrat acabó de cantarla estoy seguro que sabía que le había dedicado otro momento memorable al pueblo boricúa. Lágrimas corrieron por muchos ojos, incluyendo los míos.

    Después de ese emocional momento le siguió el excelente tratado de no-inspiración "No hago otra cosa que pensar en ti" que ya se ha vuelto canción obligada en sus presentaciones, y en medio del tema, presentó a sus músicos. Refresa Tarrés al escenario y llega otro momento antológico para nosotros "desde hace más de un año que empecé este proyecto, soñé con este día, en que pudiera cantar esta canción aquí". Se trataba, claro, de "En la vida todo es ir" la cual dedicó al espíritu de Juan Antonio Corretjer y de su viuda Consuelo Lee Tapia, a Roy Brown y a Danny Rivera y todos los desobedientes civiles encarcelados, lo cual le mereció otra cerrada ovación.

    Tras volver a exaltar nuestros sentimientos patrios interpretó "El amor, amor", extraño mejunje entre vallenato y rumba catalana que aunque no me parece muy afortunado, sí resultó muy divertido por ser la interpretación más movida de todo el recital. Cerró la sección de Tarrés con "Un mundo raro" de la cual pienso al igual que Paco Martín, que de todas las cansiones, ésta gracias a su arreglo y melancolía, es la que más se parece a una canción compuesta por Serrat, pero nunca nos olvidamos que la compuso el gran José Alfredo Jiménez.

    La banda tocó un breve intermedio musical jazzístico y Serrat volvió a escena y me dejó sin respiración cuando reconocí la próxima canción: "Romance de Curro El Palmo" una de mis favoritas de todos los tiempos. Aunque algunos la aplaudieron, en la sala se escuchó un grito, fue el mío, nunca lo había escuchado cantar esa canción en vivo ¡y de qué manera!!! con un arreglo mucho mejor que el original (o al menos que apela más a mi condición de joven de 19 años) y un sentimiento puro en cada palabra, sacudió el corazón de todos los presentes. Otra cerrada ovación. Desde el comienzo de la gira que me enteré que la incluyó en su repertorio deseé que cuando nos llegara el día, Serrat la cantara, y cuando supe que en varios de los últimos conciertos no la había cantado me asusté. Pero, ¡gracias por esa telepatía involuntaria, Nano!

    Siguió con "Lecciones de urbanidad", divertida canción rescatada de "Bienaventurados" álbum al que parece Serrat le tiene mucho afecto (cantó la canción-título en el concierto anterior del 99) que fue una sorpresa a pesar de que sabía que la había cantado en algunos conciertos. Lo mismo sucedió con el entrañable poema musicalizado de Benedetti "Una mujer desnuda y en lo oscuro". Luego otra canción de "Sombras de la China", que no es de mis favoritas aunque sí de mucha gente, "Dondequiera que estés". Con los acordes de la siguiente canción sabíamos que el concierto estaba llegando a su fin. La imprescindible "Mediterráneo", una de las canciones con las que Serrat conquistó definitivamente a Latinoamérica hace 30 años.

    Joan Manuel y su banda se despiden ante un mar de aplausos y todo el público de pie. Al ver que no los dejaríamos ir se preparan de nuevo y Serrat nos ofrece su himno "Cantares", quizás porque sabe que nunca saldría vivo de allí si no la cantaba, que todos en algún momento la estábamos esperando. Vuelven a despedirse, pero después de un rato Serrat vuelve solo con su guitarra, eso solo podía significar "Aquellas pequeñas cosas", interpretación que ya se ha convertido en su ritual de cierre. Abandonó definitivamente el escenario y salimos de allí con la misma impresión, a pesar de los problemas técnicos. Ver a Serrat siempre es una experiencia vital, necesaria.

    Muchos se quejaron de que no cantó las ya obligadas "Fiesta", "Para la libertad" y "Esos locos bajitos" (que fue quizás la que más hizo falta, por ser día de los padres). En lo personal siempre estoy deseando que cante "Juan y José", "La tieta", "La Abuelita de Kundera", "Por dignidad", "Algo personal", "Balada de otoño", "El carrusel del Furo" (con la que abrió su concierto en el teatro de la UPR en el 92), "Paraules d'amor", "Plany al mar" y "Qué va a ser de ti".

    "De cartón piedra" y "Umbrío por la pena", que las cantó en algunos puntos de la gira tenía las esperanzas que las cantara aquí. También deseaba que cantara las ya casi obligadas "Disculpe el señor", "Benito" y "Pueblo blanco", tres de mis absolutas favoritas y que cantó aquí la mayoría de las veces, la última de ellas también tenía esperanzas que la cantara porque la cantó bastante en la última etapa de esta gira. Sabia que también en muchas ocasiones (sobre todo al principio de la gira) cantó todos los temas de "Tarrés" y fue muy acertado que no lo hiciera ya que supo escoger y nos dejó los más entrañables y no las versiones más desafortunadas como "Fangal" y "El cigarrito" aunque hizo falta la deliciosa obra maestra de humor negro y surrealismo mexicano "La maquinita". Pero en resumen su elección de repertorio fue muy interesante y al final no importa lo que el Nano cante, sino que el Nano nos haya cantado una vez más.

    No puedo acabar mi crónica sin mencionar tal vez lo más importante para mí de toda la velada. Al final, mucho después del concierto Serrat (sin Tarrés) a punto de irse se tomó su tiempo y como siempre hace, compartió con algunos de sus fieles fanáticos que lo esperábamos a la salida de los camerinos. Firmó autógrafos personalizados, se retrató con algunos y abrazó a otros. A mí me autografió su Cancionero y sin pedirle permiso le di un abrazo el cual recibió sin problemas y sin palabras le dije: "Gracias, gracias por todo".

    En esos pocos segundos que estuve con él lo confirmé, Serrat es auténtico, es lo que proyecta ser y aunque compartas con él sólo unos segundos tal parece que lo conocieras de toda una vida. Artistas como él quedan pocos y ésos son los que debemos seguir con todas nuestras fuerzas Gracias Nano, por todo lo que nos has dado, por ponerle una digna banda sonora a nuestras vidas. Por permitirme ser un veterano serratiano que a los 19 años sigue tu ejemplo de dignidad y buen gusto (y ya es un veterano de tus conciertos, cuatro en 19 años; a propósito, gracias porque a través tuyo y de "El Gusto es nuestro" conocí a la bella Ana Belén que sigo con locura) en fin gracias por ser siempre genuino y maravilloso y así alegrarnos el alma.


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