Concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona
28 de Junio de 2001

Texto de Manuel Moreno (Madrid)




UN GAZPACHO SIN TOMATE


    Esta crónica era de Paco, pero claro, ya se conocen los últimos acontecimientos y ha dicho que verdes las han segao, que mucho pan pa' tan poco jamón, y que me las apañe yo como pueda...

    Antes de irnos a Barcelona, hago escala en Segovia. El cronista que me precedió nos recordaba que allí, hace quince años, la hija de Serrat durmió al abrigo de la funda de su guitarra... Allí se duerme muy bien, y con esa sábana sospecho remotamente qué tipo de sueños han de tenerse. Allí también ensayó las canciones que no cantó dos días después, allí interpretó una "Cançó de Bressol" que se deshacía en la boca como un algodón amargo, como un estertor final, tan dulce...

    Allí alguien dio un beso que nunca podrá comentar y a mí me lloró el cuerpo con todas las lágrimas que supo. "Dios y mi canto, saben a quien nombro tanto".

    En fin...

    Un gazpacho sin tomate, que alguien haga un esfuerzo y se lo imagine. Al final, uno se lo traga, pero como quien comulga con ruedas de molino.

    Se trataba del homenaje a Bardagí, y había que estar. Algo huérfanos, extraños, pero había que estar.

    Escuchar a Kitflus y a Miralles juntos, aún sin el sacerdote, ya mereció la pena, aunque uno se pregunta, por qué no tocaron todo lo previsto, sin voz, si ya estábamos entregados de antemano al sacrificio. Lamentando con el arreglista de "Paraules d'amor" la imposibilidad de verlos juntos de nuevo, confesó: "no hemos podido tocar, pero ha habido reencuentro". Estaba feliz.

    La noche, dadas las circunstancias, por un lado el herido, y por otro, el carácter tan particular y genial del homenajeado, se prestaba a unas improvisaciones y sorpresas que nunca llegaron.

    El señor San José interpretó una versión "difícilmente superable" (?) de "Aquellas pequeñas cosas". Por su parte, María Pilar Cuesta hizo una aseada faena con el "Mediterráneo", y nuevamente los teclados y el piano dejaron entrever que aquella noche hubiéramos visto a la Virgen subir al Cielo. El primo Sabina, se comió casi todo el concierto, llegando con habilidad al público del Sant Jordi, y hasta hizo sus pinitos amb el català con Quico Pi de la Serra.

    Mención especial para Jofre Bardagí, de adolescente voz y dulce música. De casta le viene al galgo. Y para su madre, que con naturalidad arrolladora le soltó a Paco: "Así que tú eres el de la página... ¡hay que ver la matraca que me dio con la dichosa página...!". Se refería al maestro Bardagí, su marido, que incluso se escribía con Paco.

    No puedo ni quiero olvidarme de la visita que hicimos al Pub "Mediterráneo", local con magia donde los haya. En Balmes, casi en el cruce con Roselló -"a la vora de la seva familia..."-, escucharéis canela fina, su nombre no debe de ser casualidad. Si el jueves por la noche en el homenaje, hubieran salido a cantar Albert Fibla -el viernes me fui sin decirte adiós y sin pedirte que me apoyaras alguna canción con la guitarra-, Paco -el dueño del local- , y el resto de amigos que allí conocimos, la ausencia del maestro nos hubiera resultado mucho menos dolorosa. Aunque como nos dijo el impulsivo, simpático y discreto Kitflus: "oye... estas cosas son como vienen... y así hay que tomarlas".

    ¡Hay que ver, Paco!. Por no cantarnos "Helena", tuvo que recurrir a la única excusa posible, y entrar en los hospitales y en los algodones, como en las azucenas.

    Se nos sigue resistiendo, como una mujer fatal que sabe que cuanto más larga es la espera, más profundo es el deseo. Estamos dispuestos a asumir que no la gozaremos en esta vida, pero la próxima vez, Juan, ¡no nos des estos sustos, coño!

Dos de los grandes — Josep Mas "Kitflus" y Ricard Miralles — junto a Paco y Manuel


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