Concierto en Salamanca el 22 de Octubre de 2002

Texto de Víctor Esteban Sardiña (Ciudad Rodrigo)




...Y REGRESÓ SERRAT


   La noche estaba fría y desapacible, de esas en las que Salamanca se vuelve melancólica y triste, pero a la vez embaucadora. El invierno llamaba a las puertas de la ciudad de las piedras y la cultura, pero tuvo que esperar su turno. En una pequeña, pero acogedora carpa, se cocía el maravilloso ungüento de la música más pura.

   Eran las 9 y media cuando ya empezaba a sentir ese hormigueo característico en el estómago, previo a los conciertos del Nano, como si fuera yo el que tuviera que actuar. Pasaron veinte minutos hasta que los músicos y posteriormente Serrat, sin ningún tipo de acompañamiento musical, saltara al escenario para afrontar el inicio de su nueva gira, ante un público entregado de antemano.

   Y regresó Serrat; el Serrat de siempre, dejando en los camerinos a su compañero de fatigas “Tarrés”. Quizá no fuera el Serrat de los mejores recursos vocales, quizá su garganta tuviera una carga menos de decibelios, pero ahí estaba de nuevo el encantador de serpientes, el trovador, el cronista de la vida y de los sentimientos, el que es capaz de ponernos la carne de gallina, los pelos de punta, y el que nos hace llorar y luego reír, para que sepamos que se puede disfrutar tanto de una lágrima como de una sonrisa.

   Sobre un escenario elegante y sencillo, sustentado por unas columnas que simulaban al Partenón griego, Serrat construyó su particular Acrópolis donde se desenvolvió como el Dios de la música, a la cual rendía pleitesía en el tema con el que abría el concierto; “Bendita Música” la cual constituye ya un himno a esta mágica forma de comunicación y expresión que no conoce fronteras.

   Comenzó el repertorio de “Versos en la Boca”, con “La Bella y el Metro”, para volver de nuevo al disco "Nadie es Perfecto" con la triste historia de “Benito”, magníficamente interpretada desde el punto de vista gestual. Llevábamos tan sólo tres temas y en la carpa ya ardía la lumbre a pleno pulmón. Era el momento de bajar el fuego con otro de los nuevos temas: “Así en la Guerra como en los Celos” para luego presentarnos a su “Muñeca Rusa”. Tras la dosis de “Versos...”, era el turno de la poesía pura, para lo cual el cantautor invitó a Machado y a Benedetti, y de sus letras llegaron “Llanto y Coplas” contrarrestados por una grandiosa “Defensa de la Alegría”.

   Posteriormente la nostalgia se adueñaba de Salamanca con “Los Recuerdos” y “Los Fantasmas del Roxy”.

   Serrat empezaba a sentirse cansado, pero comenzaba a disfrutar. Delante tenía un auditorio volcado y por detrás estaba arropado por un magnífico quinteto de músicos, que destilaron sonidos puros, libres de mezclas y sintetizadores y que estaba encabezado por la calidad y el calor que desprende el piano de Miralles. Con él, el escenario se llena de una complicidad contagiosa y contribuye a hacer que Serrat sea más Serrat.

   El refuerzo de los instrumentos de viento sirvió para enriquecer la musicalidad del concierto gracias a un polifacético Alejandro Terán, que también dominaba el violín. La guitarra de David Palau, no sólo acompañaba sino que en muchos momentos adquiría un papel protagonista. El bajo de Alex Hernández y la batería de Paco García se mostraron inmensos.

   Tras la presentación de los músicos se retoma el concierto con “África”, un buen tema que quizá encaja más para ser escuchado en el sofá de casa, que en un concierto en directo. Después de recordarnos que el continente sureño existe, el cantautor presentó “De Cuando Estuve Loco”, al que, en comparación con la versión del disco, le faltó el apoyo de alguna guitarra más.

   Llegaba el turno del “canapé” en catalán y el maestro escogió para la ocasión “La Cançó del Lladre”, envuelta en las explicaciones pertinentes para todos aquellos no catalano hablantes. Yo particularmente hubiera preferido “Helena” o “Cançó de Matinada”, pero la elegida también resultó exquisita.

   Para iniciar la traca final nada mejor que hacerlo con una potente versión de “Mediterráneo” acompañada por el saxo. El “Azar” no nos trajo a Noa, pero si demostró que es caprichoso, como caprichoso era el amor hacia un maniquí... “De Cartón Piedra”.

   Y llegó “La Mala Racha”, que resultó no ser tan mala como se esperaba, ya que es una canción que queda bien en directo.

   “Dondequiera que estén", les digo que aquel “fue un gran día” (“Hoy puede ser un gran día”), pero “Qué Sería de Mí”, si el broche final oficial no fuese “Fiesta”.

   Por supuesto ahí no podía quedar la cosa. Para los bises Serrat reservaba uno de los mejores temas del último disco “El Señor de la Noche”, y por supuesto, no podía faltar “Cantares”, canción que despertó las gargantas de todas las almas que allí se congregaban. Por aquel entonces las piernas ya no aguantaban quietas en los asientos y el público en pie, entregado por completo, pidió un esfuerzo más al fatigado trovador. Era el primer día de la gira y había que echar el resto con el magistral “Pueblo Blanco”. Parecía que era el final definitivo, pero Salamanca no se conformaba y un generoso Serrat, volvió a echar mano de su chistera para ofrecer “Aquellas Pequeñas Cosas” que nos dejan esas noches de rosas que se van apagando como la lumbre de la hoguera. Una lumbre que entre sus brasas encontró el aliento suficiente para dar paso a “La Saeta”, con la que Serrat nos daba su último y definitivo “Verso en la Boca”.

   Regresó Serrat; el Serrat pata negra. Que ustedes lo disfruten en el resto de conciertos de la gira. Yo quedé colmado.


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