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Concierto en Salamanca el 23 de Octubre de 2002
Texto de Florentino Vallejo Martín (Salamanca)
Y SERRAT SIGUE HACIENDO CAMINO AL CANTAR
El camino tenía que empezar a las nueve y treinta, pero se retrasó hasta un cuarto de hora para colocar a todos. Los más de mil jóvenes de más de cuarenta años, con algo menos de pelo y alguna cana más que allí estábamos, teníamos ya ganas de ver a nuestro amigo aparecer.
Se apagan las luces y con los aplausos se hace el silencio para verle aparecer tranquilamente y entonando “Bendita música”. Sigue con “La bella y el metro”, canción para lucimiento de los músicos. Y con los primeros acordes de “Benito” saluda al público. Nos da la "bienvenida a nuestra carpa" y la hospitalidad de Salamanca, donde le hemos tratado como en su casa cuando se está bien.
Continúa con dos canciones nuevas, “Sin piedad” y “Muñeca rusa”.
El ambiente es fenomenal y cosecha más ovaciones al interpretar “Elegía” y “Defensa de la alegría” de Benedetti, donde el maestro Miralles tuvo mucho que decir. Y ahí acaba con “Los recuerdos”, que parece que habla de lo anterior.
Con “Los fantasmas del Roxy” hace la presentación de los músicos "por si acaso más tarde con la borrachera de aplausos se le olvida".
Viene un trozo del recital alternando temas nuevos con otros viejos. “De cuando estuve loco”, “Cançó del lladre”, “Mediterráneo”, que lógicamente puso a la gente en pie, “Es caprichoso el azar”, sin Noa, a la que le hubiese gustado estar, “De cartón piedra”, “La mala racha”, “Dondequiera que estés”, para acabar con un apoteósico “Hoy puede ser un gran día”.
Ahora un momento de tranquilidad con “Qué sería de mí”.
Cierra el concierto con el clásico “Fiesta”. Todos sabemos que es el final, pero el principio de lo mejor. Los regalos esta vez fueron “Señor de la noche", “Cantares”, donde nos vuelve a hacer cómplices a todos y dos nombres de mujer “Penélope” y “Lucía”. Se acabó la fiesta.
Nos parece que las dos horas han sido diez minutos y queremos más, pero es el final de los finales.
Serrat magnífico. Sabemos que los años pesan, pero ahí sigue, demostrando que es el mejor. Los músicos a la perfección. La acústica muy buena aún tratándose de una carpa, y el público como siempre, entregado.
El camino termina confiando en que pronto lo volvamos a retomar.
Hasta siempre Nano.
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