Concierto en Jaén el 10 de Noviembre de 2002

Texto de Edmundo Rodrigo Córdova Salas (Jaén)




“Y la noche se llenó de versos,
sí, sí, de versos en la boca”


   "Hacía un frío que pelaba por aquellas calles" de Jaén capital aquél domingo 10 de Noviembre. Estaba todo listo y dispuesto. El sitio elegido, el Auditorio Municipal de La Alameda.

   A la escenografía escogida para la ocasión, se sumaba otra. Una natural, que iluminaba un costado del escenario como un adorno más. Ahí estaba el castillo y la cruz de Jaén imponentes, sirviéndole a Serrat de irrepetible decorado para hacer la noche aún más mágica.

   Y comenzó la noche. Serrat traía un cargamento de "Versos en la boca", que quería compartir con nosotros. Algunos ya conocíamos sus últimas canciones, pues nada más salir su último trabajo corrimos a comprarlo, por lo tanto se escuchaban tibias letras recién aprendidas. “Bendita música” abrió los fuegos, le siguieron “La bella y el metro”, “Así en la guerra como en los celos”, “Muñera rusa”, “Defensa de la alegría”, “Los recuerdos”. Por ahí también aparecieron “Los fantasmas del Roxy”.

   De pronto, Serrat comienza a silbar con los primeros acordes de “Cuando estuve loco”. A esa altura ya la noche era menos fría.

   También nos contó la historia de “Benito” y su amigo, y recordé que ellos también tenían frío. Continuó regalándonos versos en la boca, que alternaba con más de una canción ya universal y así escuchamos “Hoy puede ser un gran día”, “Penélope”, “Mediterráneo”.

   De pronto Serrat toma su guitarra y se sitúa al lado del piano. Nos explica que hay una canción muy antigua que habla de bandoleros, "sí, sí..." -nos dice-, "antes había bandoleros, claro que éstos usaban un pañuelo para que no los reconocieran, hoy en día... halaaaa..., andan así no más a cara descubierta y hasta aparecen en la tele". Nos explicó esto porque la canción era en catalán, aunque yo creo que la traducción estuvo de más pues aquí en Andalucía somos ya pocos los que no sabemos hablar catalán...

   Ya entrada la noche y luego de algunas despedidas se escuchó a un chileno pedir “Aquellas pequeñas cosas”. Seguramente Serrat distinguió entre todos los andaluces a este chileno y quizás por ello le dio en el gusto. Ahora bien, ¿por qué sé yo que era chileno?, porque conozco al que gritó como si fuera yo mismo...

   He tenido la suerte de ir a muchos conciertos de Serrat. De donde yo vengo, nada más Serrar pisar el escenario la gente se para a aplaudirlo y eso puede durar varios minutos; sólo eso, ninguna nota musical, ninguna palabra, tan sólo su presencia arriba del escenario provoca un estallido de aplausos.

   Cuando Serrat va a mi tierra no puede irse luego de cantar tan solo dos horas, no, no. Eso allá no le está permitido, nos gusta escucharlas todas y se las pedimos a voces, y él nos da en el gusto. Incluso en su gira del disco anterior, cuando ya Serrat estaba cansado, nos quedamos cantando con un amigo suyo muchas horas, creo que su amigo se llama Tarrés.

   Y la noche en su país, en su Mediterráneo, fue mágica como todas las noches en que actúa Serrat. No asistir a este concierto es señal de que "algún día estuviste loco".


principio de esta página