Concierto en Ejea de los Caballeros el 23 de Noviembre de 2002

Texto de Juan Andrés Lanz Areopagita (Tudela-Navarra)




COMO SIEMPRE…


   Llamé al móvil de un amigo que suele acudir a este evento todos los años con mi mujer y conmigo. Desgraciadamente no pudo acudir porque está en Sevilla. No obstante pudimos comentar el último disco y como a él no le gustara éste de los que más me reprendió a mí, que como siempre, me pareciera de los mejores del artista, que lo mío rayaba en el fanatismo (yo sé que lo suyo también). Hubiera jurado, aunque como siempre, que el disco era el mejor de cuantos ha hecho Joan Manuel Serrat.

   Así que como siempre acudimos puntuales a la cita, y para cuando entrábamos en el polideportivo de Ejea a eso de las 10:45 estaba a punto de llenarse.

   Pasados unos minutos de las 11 de la noche (horario previsto para el inicio) el público empezaba a impacientarse, síntoma inequívoco de que ya estaba entregado, como siempre hasta antes de haber empezado a sonar los primeros acordes.

   En estas, después de una breve introducción musical salió el maestro, despacio, como siempre, para satisfacción del respetable.

   “Bendita música”, “La bella y el metro”, “Benito” antes del saludo. La música sonaba como nunca, como siempre, era de una claridad que en muchos momentos mejoraba con mucho a la del disco. Los sentimientos ya estaban a flor de piel, cuando en el saludo nos deseó que pasáramos “una noche única e irrepetible de nuestra vida”, y como siempre volví a vivir una noche única e irrepetible.

   “No tendré piedad de ti”, “Muñeca Rusa”, “Llanto y coplas” Para entonces el maestro debía de estar ebrio de afecto y de aplausos por que el calor se notaba en el ambiente.

   “Defender la alegría”, “Los recuerdos”, “Los fantasmas del Roxy”. Entre todas esas bellezas de canciones iba desgranando las canciones de su nuevo disco que para algunos era, como siempre, ya viejo. Una canción es vieja para uno, cuando lleva asociada recuerdos, y emociones que se repiten una y otra vez al escucharlas, y a medida que van sonando en el escenario, sencillo pero acogedor, van produciendo recuerdos y emociones.

   “De cuando estuve loco”, “Cançó del lladre”, “Mediterráneo”. Nunca le había oído La cançó del lladre y me pareció tan extraordinaria como el sentido musical y artístico del cantautor. De Mediterráneo destacar que ha cambiado un poco los arreglos y que como siempre ha mejorado.

   “Es caprichoso el azar”, “De cartón piedra”, “La mala racha” continuaron contribuyendo al éxito de la empresa que se había propuesto en un principio (que pasáramos una noche irrepetible).

   “Dondequiera que estés”, “Hoy puede ser un gran día”, “Qué sería de mí”. A veces me ocurre, como siempre, que de repente redescubro una canción que tenía olvidada, y la vuelvo a disfrutar durante una temporada como si fuera nueva (Dondequiera que estés). Conservó la versión de Hoy puede ser un gran día que cantaba con Víctor Manuel, Ana Belén y Miguel Ríos.

   Acabó el concierto con “Fiesta”, como tantas veces le he visto acabar. Pero el público estaba demasiado entregado, como siempre, como para rendirse y el estruendo fue sonoro hasta que volvieron a aparecer a escena los músicos y el maestro para cantar en primer lugar “Señor de la noche” y después compartir escenario con el público al completo en “Cantares”. Esto era el delirio y se volvió a marchar en tan mal momento que se requirió su presencia con tanta insistencia que volvió a aparecer con Miralles para cantar “Aquellas pequeñas cosas” y despedirse en Aragón con sones de Jota en “Cançó de bressol”, ya recordaréis: “Por la mañana rocío…”

   A la mañana siguiente, cuando acechaba el rocío, busqué entre los discos el de Sombras de la China para poner la de “Dondequiera que estés”. Como siempre.


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