Concierto en Bilbao el 24 de Noviembre de 2002

Texto de Álvaro Rodríguez Peñil (Santander)




¡QUÉ GRANDE ERES, SERRAT!


   Llegamos desde Santander al Palacio Euskalduna en Bilbao. La verdad es que el día no acompaña para nada, ya que es una noche fría y de tormenta, pero aún y así yo no desespero. Sé que después de 100 Km. de carretera, una tormenta no va a conseguir apagar mis ganas de ver a Serrat. En la puerta del Palacio, el ambiente que se respira es el de gente de la cincuentena, aunque realmente hay de todas las edades a partir de la veintena, como el que suscribe.

   En poco tiempo la sala se llena, aunque quedan algunos asientos vacíos sueltos. Después de haber comprado mi entrada por teléfono me alegro mucho al ver que estoy en la fila 1 del palco y que voy a poder ver a Serrat desde un sitio privilegiado ya que no va a haber nadie entre él y yo. ¡Qué suerte he tenido!

   Ya es la segunda vez que veo a Serrat en un concierto, pero no importa, estoy sintiendo esos nervios del niño pequeño que se levanta por la mañana a ver qué le han traído los Reyes; como no apaguen ya las luces y empiece el concierto parece que voy a reventar. Por fin se apagan las luces y comienzan a aparecer los músicos, ¡que salga Joan por favor! La banda comienza a tocar con Miralles a la cabeza, y ahí sale Serrat. A pesar de sus ya casi 60 años, la expresión de su rostro como decía en una de sus primeras canciones es la de quien hoy aún tiene fuerza, que no tiene el alma muerta y que se siente hervir la sangre para seguir cantando. Después de la calurosa bienvenida en forma de aplausos que le damos, se dirige hacia el borde del escenario y con su sencillez característica nos da las gracias. Y parece que se dispone a entrar en materia.

   Comienzan el violín a tocar, y tal como suena no es raro que la canción se llame “Bendita Música”. No sé si es porque no hago más que oír que Serrat ya no tiene la voz de antes, o porque con él no soy objetivo, pero me sorprende que casi conserve intacta su buena voz de siempre.

   Después suena la primera canción de "Versos en la boca" que es la historia urbana de la “Bella y el Metro”, y qué bella debía ser para inspirar a nuestro cantautor a hacer una canción tan bonita y a la vez sencilla. Le sigue, la historia amarga de “Benito”, donde Serrat pone de manifiesto sus magníficas dotes de interpretación. Sin darnos tiempo a quitarnos el mal sabor de boca del triste final de esta canción oímos “Sin piedad de mí”, que es una de las canciones que menos me han gustado del nuevo disco, aunque oyéndola en directo ya me gustó más. Seguidamente Serrat no duda en mostrarnos a su querida “Muñeca Rusa”.

   Me doy cuenta de que en general el público de delante no está muy a la altura ya que no se oyen casi ningún “bravo” u otros gritos que para mí se agradecen. Aunque esta ausencia, queda salvada sobre todo por el público de más atrás que no duda en elogiar al cantautor entre canción y canción.

   Después de hablarnos un poco de los poetas que le han acompañado a lo largo de su vida y carrera (Machado, Hernández, Benedetti, Goytisolo, Alberti...) nos sorprende con el “Llanto y Coplas” de Machado y con ese magnífico poema de Benedetti optimista en el que “Defiende a la Alegría”. Y después de explicarnos por qué cree que “Los Recuerdos” suelen contarnos mentiras, procede a presentarnos a su banda, que van luciéndose uno a uno mientras Serrat los nombra, aunque tiene que decirle con una nota de humor al bajista A. Hernández que deje de lucirse, para así acabar con R. Miralles que se llevó un aplauso mayor que el de los demás, si cabe.

   Al acabar la presentación, Humphrey Bogart y Clark Gable, entre otros, nos acompañan con “Los fantasmas del Roxy”. Y sin darles tiempo casi a irse, se empieza a oír el silbido “De cuando estuve loco”, al cual el público respondió con un fuerte aplauso antes de que empezara a cantarla. Y como es sabido que todos sabemos catalán (yo seguro, porque he vivido 14 años en Cataluña), hizo una muy mejorada versión respecto a la original de “La cançó del lladre”, explicándonos lo curioso que es que en el siglo XVII los bandoleros se tapaban la cara y cómo ahora los bandoleros (que son más que antes) van sin ningún tipo de vergüenza con la cara al descubierto. Aún y así, habría preferido antes que ésta "Paraules", "La tieta", "Saps"...

   Y por fin llega el momento de que nos cuente su relación con el “Mediterráneo”; el público estuvo a la altura ya que posiblemente los aplausos se oyeron en Algeciras y Estambul. Sin comentarios.

   Las siguientes fueron “Es caprichoso el azar”, “De cartón piedra” y “La mala racha”, en la que me llamó la atención que David Palau (guitarrista) también cantara junto a Serrat alguna parte de la canción.

   Y es ahora cuando el Serrat querido por todas las mujeres, es decir, el romántico, echa mano de su guitarra para deleitarnos con la letra de “Dondequiera que estés”; para seguidamente recordarnos que “Hoy puede ser -y es- un gran día”. ¿Cómo no lo va a ser con este trovador entre nosotros?

   Y “Qué sería de mí” sin oír “Fiesta”, una de mis preferidas. Parece que va en serio eso de que “se acabó la Fiesta”, ya que Serrat, después de una magnífica interpretación de esta canción abandona el escenario. Le conseguimos hacer volver, y lo hace con L. G. Montero y su poema “Señor de la noche”.

   Y llega el tema que junto a "Mediterráneo" no puede faltar en un concierto del Nano, es decir “Cantares”. Hasta los aburridos de las primeras filas no resistieron a la tentación de cantar junto a él el “golpe a golpe, verso a verso”, eso sí, tras la invitación de Serrat. Ahora sí que parece en serio, que ya se acabó el concierto, pero no; vuelven Miralles y Serrat acompañados de la siempre querida “Lucía”, que posiblemente por la poca insistencia del público en los bises fue la última del concierto.

   En fin, me ha encantado la actuación de Serrat, parece que pese a la angina de pecho que le dio un susto hace poco está en muy buena forma, y confío en que en poco tiempo nos sorprenda con otro nuevo disco. Aunque va a ser difícil que supere a este último...

   Hasta siempre, Juanito. Sólo te puedo decir que no cambies, sigue así. Va a tener razón Ignacio Copani cuando dice que eres el “hermano mayor de todo el que intenta hacer una canción”.


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