Concierto en Madrid el 6 de Diciembre de 2002

Texto de Antonio Fernández Segovia (Madrid)




NUESTRAS VIDAS EN
SUS “VERSOS EN LA BOCA”


“Ese hombre está embarazado de mucha gente.
La gente se le sale por los poros. Así los muestran,
en figuras de barro, los indios hepis de Nuevo Méjico:
el narrador, el que cuenta la memoria colectiva,
está todo brotado de personitas”
(Eduardo Galeano)



   El pasado viernes 6 de Diciembre, intentando esquivar el bullicio de las calles madrileñas en estas fechas, nos sumergimos en la pequeña plazoletita en la que se ubica el Teatro Albéniz, donde Serrat iba a ofrecer uno de sus seis conciertos en esta ciudad. Sin duda, para todos los que esperábamos sentados que las luces se apagaran y que apareciera el Nano, su persona y sus canciones nos evocaban cosas distintas: para unos serían momentos felices, para otros luchas del pasado, para algunos amores que ya se fueron, para otros, amores que estaban naciendo... pero sin duda, todos coincidiríamos en afirmar que Serrat supo ponerle música y palabra a sentimientos que latían en nuestra mente y que no acertamos a explicar.

   Por eso, desde el principio tuvimos la impresión de que Joan Manuel iba a ir desgranando sobre el escenario, en sus sentimientos y sus canciones, las experiencias y vivencias de todos los que estábamos de esta parte del escenario. Y el concierto comenzó con una confesión en “Bendita Música” de cúal iba a ser el hilo conductor de toda su narración, esa sucesión de notas musicales (“mi, fa, mi, re, do, re, mi, fa”) en cuyos silencios nacería suspirando nuestra vida.

   Y a partir de ese momento fueron brotando personajes, historias, sentimientos: “Benito”, “Sin piedad”, “Los fantasmas del Roxy”, “Muñeca Rusa”, “La Cançó del Lladre”, “Mediterráneo”, “La bella y el Metro”, “Qué sería de mí”, “De cuando estuve loco”, “Defensa de la alegría”, “Llanto y coplas por la muerte de D. Guido”... Machado, Benedetti, la pobreza de las grandes ciudades, los sueños de la niñez, el anonimato del metro, la locura de amor, los lugares entrañables de nuestra vida se fueron colgando de la garganta de Serrat y en ella parecían cobrar vida (posiblemente por eso su garganta “late” de esa forma).

   Joan Manuel apenas recurrió a la palabra hablada en su concierto. Al principio nos agradeció que le hubiéramos invitado a compartir ese rato y que le hubiéramos permitido meterse en nuestra casa. Un poco después nos presentó a los músicos y al maestro Miralles ("por si las efusiones del momento hacían que lo olvidara al final y además nunca se sabe lo que puede pasar -que se lo digan a Suarez-") y finalmente introdujo la “Cançó del lladre” "...por si había alguien de fuera de Madrid que no supiera el catalán" (porque en Madrid, según dijo, todos sabemos catalán). Sin embargo, aunque no hablara demasiado, Serrat narró mucho.

   Los sentimientos de los que escriben se supieron expresados en dos canciones de las que nos ofreció nuestro buen Serrat: “Dondequiera que estés” y “Es caprichoso el azar”. ¿Acaso estuvo Joan alguna vez en nuestra vida? Entonces ¿de dónde esa claridad para expresar nuestra historia?

   El tiempo fue pasando y parecía que no lo hacía, porque estaba cargado de historias, de vidas, de sentimientos: “Africa”, “Hoy puede ser un gran día”, “Los recuerdos”, “La mala racha”, “Señor de la Noche”, “Fiesta”...

   El concierto tocaba a su fin, pero los que estábamos allí no queríamos dejar de escuchar nuestra historia en sus labios. En varias ocasiones tuvo que regresar al escenario con sus músicos para seguir con esa narración personal que estaba haciendo de nuestras vidas. El piano de Ricard Miralles y su voz impresionante concluyeron el concierto recordando muchas historias de amor de mano de la inolvidable “Lucía”. Así, concluyeron cerca de dos horas y media en la que se nos olvidó “que cada uno es cada cual”, porque todos supimos de todos en la voz de Serrat.

   Sin lugar a dudas fue una experiencia inolvidable. Para nosotros, veinteañeros que no conocieron la “buena época” de Serrat, fue un concierto mejor que el de "Cansiones", mucho más íntimo y personal; quizá porque en esta ocasión también nosotros teníamos una historia que iba de la mano de Joan Manuel y queríamos que nos la cantara.


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