Concierto en Barcelona el 12 de Diciembre de 2002

Texto de Albert Fibla (Barcelona)




VERSOS DE BOCA EN BOCA




   Llegué preocupado al Novedades. Le había prometido a Paco Martín que escribiría algo para su página web sobre el segundo de los conciertos de Serrat en Barcelona y, minutos antes de la hora prevista para el comienzo, tenía serias dudas de si sería capaz de explicar algo que no se haya desvelado ya en www.jmserrat.com sobre la gira de "Versos en la boca". ¿Qué más podría decir?

   Mientras se me ocurría que podría servirme el cambio de repertorio que Joan Manuel acostumbra a practicar cada vez que canta en Catalunya, respecto a cuando lo hace fuera del territorio de habla catalana, se cerraban las luces del teatro. Muy pronto, mi preocupación fue otra.

   "Por la mañana, rocío, al mediodía, calor...", la “Cançó de bressol” abrió el concierto, tal como estaba previsto, igual que el día anterior, el del estreno de la tanda de recitales en Barcelona. Y no tardé en acordarme de la impecable crónica que había leído, aquí mismo, sobre el primero de los conciertos de Madrid, firmada por Luis García, que hablaba de un Serrat espléndido de voz. ¿Por qué? Pues porque era evidente que la garganta del Nano no estaba bien. Tuve la esperanza de que, quizás, a estas alturas del partido, rozando los 60, necesita un par de canciones para calentar la voz. Pero “La bella y el metro”, “Qué sería de mí” y “Matryshka” me confirmaron que no, que la mala suerte me había colocado delante de Serrat en el día equivocado.

   Sé lo que es estar afónico encima del escenario porque, aunque con menor fortuna que Joan Manuel, también me dedico a cantar. Así que, además de sufrir como serratófilo, lo hice como compañero de oficio, consciente de lo mal que lo estaba pasando el Nano. Doble sufrimiento, pues. Reconozco, por otra parte, que no pude evitar sentir envidia de la fortuna de Luis García y de los que han presenciado el resto de la gira. En cualquier caso, y a pesar de todo, me resigné a disfrutar del concierto.

   “Cançó de matinada”, “Los fantasmas del Roxy” y la actitud del propio Serrat, todo un maestro en los buenos y en los malos momentos, me reconciliaron con la suerte y me hicieron pensar que, a pesar de todo, valía la pena estar allí. Algo a lo que también contribuyó la categoría musical de Ricard Miralles, Álex Hernández, Alejandro Terán, Paco García y David Palau, este último un sensacional guitarrista con quien, por cierto, he tenido el gusto de trabajar.

   Tras una nueva tanda de canciones del último disco, “Los recuerdos”, “Señor de la noche” y “La mala racha”, Joan ironizó sobre el mal momento de su Barça, que es el mío también, y echó mano de “Kubala”, una pieza de 1.989 que, con un aire a bossa-nova por obra y gracia del maestro Miralles, sonó mucho mejor que trece años atrás. El Nano estaba driblando a su afonía con una sonrisa en la boca y la maestría de los grandes, pero, con “De cuando estuve loco”, no pudo más.

   "Ahora voy rumbo al sur, a sentar plaza...", silencio inesperado, la voz dice basta, cara de póquer en Miralles y en el resto de músicos, Serrat les manda parar y se dirige al público: "Lo siento mucho, lo he intentado pero no he podido. Si alguien se siente defraudado, tiene todo el derecho a reclamar el importe de su entrada". Abandona el escenario y las luces se encienden, pero nadie se atreve a levantarse de la butaca. Aplauso general que sirve para reclamar el regreso de Joan Manuel, algo que no tarda en producirse. Más calmado, después de haberse desfogado, tal como él mismo reconoce, reemprende la actuación entre gritos de "cuídate", "te queremos" y "no pasa nada".

   "Parezco Sabina, aunque no creo que importe demasiado, porque somos de la misma familia". Serrat repite, desde la primera nota, 'De cuando estuve loco' y emprende la recta final del concierto, sin perder el humor, con toda la dignidad del mundo. "Voy a pedirles que me ayuden, que canten conmigo, hoy les necesito más que nunca". Y donde no llegó su voz, llegó la voz de su gente. Y sus versos fueron de boca en boca y, más que nunca, un concierto de Joan Manuel Serrat fue un acto de ida y vuelta, un gesto de cariño recíproco que terminó llenando de lágrimas los ojos del cantautor.

   Todos lloramos también por el mar de Galicia con “Plany al mar”, todos viajamos de Algeciras a Estambul a través del “Mediterráneo”, todos hicimos de Noa en “Es caprichoso el azar” (lo intentamos al menos), todos nos sentimos orgullosos de nuestra ciudad con “Barcelona i jo”, todos tuvimos claro que “Hoy puede ser un gran día”, todos dijimos juntos “Paraules d'amor” y todos subimos y bajamos juntos la cuesta de aquella “Fiesta”.

   Sólo dos bises, “Pare” y “Cantares”, también cantados a medias con el maestro, pusieron punto y final al concierto. Habían pasado casi dos horas, "no puc més" ("no puedo más"), repetía Serrat mientras la gente le pedía otra canción y antes de marcharse del escenario con una frase que resume perfectamente lo que sucedió el 12 de diciembre en el Teatro Novedades: "La próxima vez que nos veamos, probablemente será una actuación mejor a nivel musical, pero no más emotiva".

   Jugaba en casa y eso es siempre una ventaja, pero no creo que me equivoque si afirmo que le hubiera sucedido lo mismo en cualquier otro lugar. Es lo que les pasa a los que son grandes de verdad.


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