|
|
Concierto en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires - 13 de Enero de 2003
Texto de Marcelo Castro (La Plata)
CON EL CORAZÓN EN LA GARGANTA
Ustedes saben, esto no es Barcelona ni El Poble Sec, pero sí, acá es local por adopción y porque aquí tiene lumbre y vino y más...
Antes de comenzar, gran parte de los espectadores de pie, llamándolo por su apodo: “¡Nano, Nano!”
Sale sonriente y seguro, como quien simplemente se encontrara con amigos que hace un tiempo que no ve.
Arranca con “Bendita música”, como para preparar su garganta, que está muy bien, y que mejora canción tras canción. Luego “La bella y el Metro”, muy expresiva, en su voz, cada palabra una pincelada. “Benito” fue recibida con mucho entusiasmo por la gente.
Luego “Así en la guerra como en los celos”, deliberadamente interpretada más lenta, como buscando otra sonoridad. “Muñeca rusa” y presenta a sus músicos... "es bueno saber con quien se pasa la noche... o por lo menos conocer sus nombres..." risas y claro el esperado momento de presentar al reencontrado director. Elige las palabras de amigo, compañero y maestro para el gran Ricard Miralles, que permanece detrás de su instrumento, un auténtico piano de cola.
Suceden “Los fantasmas del Roxy”, “De cuando estuve loco”, hermosa y brillante, casi se confunden las viejas y las nuevas canciones y nos queda a esta altura la sensación de que las nuevas pronto serán viejas más por el placer de escucharlas que por paso del tiempo.
La banda a las ordenes del emblemático don Ricard -que hace pequeñas señas a los músicos- suena más acústica, excelentes las guitarras, y hacen entre todos el contorno apropiado para Serrat. Suenan más preparados y arreglados los temas nuevos. Será tal vez, porque la banda es prácticamente la misma que hace poco grabó el cd.
Serrat ahora habla de los poetas que musicalizó. Recita unos versos de "Elegía" (Hernández), pero nos quedamos con las ganas de escuchar esa canción. Finalmente canta “Llanto y coplas” (Machado) y “Defensa de la alegría” (Benedetti), una versión que mejora la original.
Pasan “Los recuerdos” y “Señor de la noche”, y se detiene a hablar para presentar el próximo tema, dice que los ladrones de antes tenían vergüenza... por eso se tapaban su cara, ahora no es así, están a cara descubierta y en todos lados, quizás antes tenían códigos y hasta la gente les hacía canciones... Se escucha a un costado del escenario, “La Cançó del lladre” como en el living de nuestra casa, solo tres instrumentos: guitarra acústica de Serrat, violín, y piano de Miralles, y me alegro de conocer al otro Serrat, al que canta en catalán, de esta manera está duplicado.
Estalla el público con “Mediterráneo” en la mejor versión que le he escuchado y todos nacimos en el Mediterráneo y sus canciones son nuestras y crecimos con ellas y las adoptamos por siempre, porque nos dan luz, alimento y más...
“Es caprichoso el azar”, sin Noa, "no es la primera vez que me deja una mujer..." -nos dice-, y las mujeres no le creen. “La mala racha”, “Dondequiera que estés”, “Hoy puede ser un gran día”, y le damos la razón a Sabina, porque canta con el corazón en la garganta, se levantan todas las plateas, “Qué sería de mí”, “Fiesta”, la que no queremos escuchar porque sabemos que ya todo termina.
Se acerca el temido final, los bises, los pedidos de cada uno, todo es parte de la despedida, aplausos y más aplausos, cartas en el escenario que levanta una por una, y las guarda y tenemos la certeza que las leerá, porque es un tipo de barrio y no traiciona a su barrio. Por suerte hay más: “Sin piedad”, “Cantares”, “Pueblo Blanco”, pintura de la tierra Española, tan nuestra, y bueno, el gol que todos soñamos hacer en el último minuto de un campeonato mundial, el gol del triunfo: Serrat canta “Lucía”, entre suspiros, solos Serrat y Miralles, y nos queda ese toque en el corazón.
Ahora lleva a Miralles de su brazo hasta el borde del escenario, recibe los saludos y se va, pero algo de él nos queda por siempre y espero que nuestros aplausos y nuestro afecto también permanezcan en su recuerdo.
|