Concierto en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires - 15 de Enero de 2003

Texto de Silvia Nora Ninin (Buenos Aires)




LA FIESTA, MI FIESTA


   La fiesta, “mi fiesta”, comenzó hace ya tres meses, en el momento de comprar las entradas. Tres meses de espera, de ansiedad y de alegría.

   Por fin llega el día, teatro Gran Rex, son las 21.40 horas y ante la demora de diez minutos, empezamos a reclamar ruidosamente la presencia del Nano. Se enciende una luz sobre el lado derecho del escenario y ahí está él.

   ¿Cómo describir lo que pasa en ese instante mágico? ¿Cómo expresar la emoción del reencuentro con este amigo del alma? Porque nos conocemos desde hace 34 años y cada nueva vez es igual y también distinta. Pero el cariño, ese amor incondicional que le tenemos, ¡¡ es el mismo de siempre !!

   En uno de nuestros principales diarios, “Clarín”, un periodista dijo del espectáculo: “El mito estaba allí, intacto, frente a una multitud de feligreses que ni siquiera le exigía la revalidación de sus milagros”. Exacta definición del momento.

   Y ya desde el arranque nos regala “Bendita música”, y siguen las nuevas canciones de "Versos en la boca" y las de siempre, sus “clásicos inoxidables”.

   Sobre la mitad del recital nos sorprende y nos conmueve (¡¡una vez más!!) con dos perlas que hacía tanto tiempo que no le escuchábamos, “Coplas para la muerte de Don Guido” y “Defensa de la alegría”. El sortilegio y la emoción nos envuelven, nos contienen, no nos dan respiro.

   Un párrafo especial para Ricard Miralles, ese maestro con el que los serratianos de pura cepa hemos disfrutado tanto sus arreglos musicales de las canciones del Nano. Bienaventurado sea el reencuentro.

   Cuando llega “Fiesta”, nos damos cuenta que los códigos siguen intactos. Serrat preparándose para despedirse y nosotros para pedirle más.

   Se fue pero regresó, fueron siete veces que volvió para un último regalo: “Cantares”, “Pueblo Blanco”, “África”, “Lucía”, “Penélope”, “Aquellas pequeñas cosas”, y cuando casi ya empezábamos a resignarnos, canta “El último organito”.

   Nos vamos tan contentos y tan tristes a la vez... Felices por el privilegio de haber estado allí, apenados porque deberemos esperar por lo menos un año para que se repita el hechizo.

   Una y otra vez vuelvo a pensar: "Nano, yo no sé que sería de nosotros sin ti"


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