|
|
Concierto en el Estadio Polideportivo de Mar del Plata 17 de Enero de 2003
Texto de Oscar Carrizo (Mar del Plata)
Qué sería de nosotros sin Serrat y sus Versos en la boca
Dos años, dos meses y cuatro días de la última vez que Joan Manuel estuvo por mi casa, su casa, Mar del Plata. Estas líneas son previas al concierto que nos regalara en algunas horas y que detallaré mas adelante, pero quiero referirme también a la ansiedad que envuelve al cuerpo ante el día esperado... “esta noche voy a ver a Serrat”.
Con mi ticket comprado a principios de año, previendo que esto me iba a traer muchas complicaciones por la falta de tiempo y el trabajo acumulado que pasara a segundo plano sin medir consecuencias.
La clásica butaca de la fila cinco al medio desde hace diez años, y qué lejos quedaron los tiempos estudiantiles rebeldes en que el dinero solamente me permitía sacar ese ticket barato donde podía ver a Joan desde muy lejos, pero sentirlo tan cerca... aunque las ubicaciones cambien, la sensación es la misma, pero he de confesar que los leales, los de siempre, están en las gradas de atrás, en las que están mas lejos, los que siempre saben sus letras de memoria, los que nunca aplauden antes que termine una canción, los más ingeniosos para decirle algo a los gritos, los que más gritan “nooo” cuando el Nano canta “Fiesta”, los que más aplauden ó silban cuando se habla del norte, en fin su gente, ellos nunca faltan... “esta noche voy a ver a Serrat”.
Todavía recuerdo aquel concierto por el ’83 cuando presentaba después de los años oscuros de la dictadura su famoso “en directo”, a metros de donde se presentara hoy, era el estadio mundialista, no me olvido de sus presentaciones en el súper domo en el verano del ’86 con seis funciones en enero, otras tantas en febrero en las cuales asistí a todas, y a todas las que siguieron en estos años... ya han pasado veinte años de mis diecisiete años de entonces, ya han pasado veinte años de no faltar nunca a la cita, ya han pasado veinte años de... “esta noche voy a ver a Serrat”...
Ya han pasado veinte años de... “esta noche vi a Serrat”.
La ansiedad en el recinto se hace cómplice entre el público impaciente, sólo faltan quince minutos para la hora señalada, sólo quince minutos para que salga a la arena ese torero que nos hará sentir vivos y el ole se transformara en aplausos y gritos. Y quince minutos después de la hora prevista se apagan las luces del recinto para encenderse tenuemente las ocho columnas transparentes que adornan el escenario, salen sus músicos, comienza a sonar ese piano que es maravilloso gracias a las manos de Ricard Miralles (Ricardo aquí) y todo el resto del quinteto que acompañara al Nano en esta noche. En la introducción aparece un sonido, conocido como acople, que hace que los cinco músicos se miren desconcertados, pero siguen, no saben que es un invitado no deseado que volverá luego.
Es el momento esperado, Serrat sale al encuentro nuestro, pantalones grises, remera negra al igual que sus zapatos y saco gris perla, ahí está el Nano, comienza el show, comienza “Bendita música”. Prosigue con “La bella y el metro”, los primeros acordes de “Benito” para acompañar sus primeras palabras -“Buenas noches y bienvenidos todos a su casa y gracias por invitarnos a pasar. Aquí estamos con un manojo de versos en la boca para compartir con todos ustedes, y profundamente agradecidos porque ustedes tomaron la decisión magnífica de invertir esta noche de sus vidas, una noche única e irrepetible en sus vidas, la destinaron a compartir con nosotros... no saben lo agradecidos que estamos. Esperamos estar al nivel de su generosidad”.
El concierto discurre con “Muñeca rusa”, “Los fantasmas del Roxy”, y una deliciosa presentación de sus músicos -“Y por lo general, el vocalista de la orquesta, es decir yo en este caso, acostumbra a presentar a los componentes de la banda, es decir estos caballeros, cuando el espectáculo está por finalizar, forma parte dijéramos de la traca final... yo prefiero no esperar. No porque tenga desconfianza a mis posibilidades de llegar al final del espectáculo, ni porque tema en la huida del público, mas bien se trata que yo no quisiera que a medida que avanza la fiesta, pues yo envuelto en los vapores de su cariño, ebrio de los aplausos del público, se me fuera el santo al cielo. Aunque la verdad en mi caso, es difícil... digamos que es difícil que mi santo se vaya a ningún lado. En verdad no sé por qué lo celebro el veinticuatro de julio, ni por qué siempre lo tengo que celebrar, debido a que él y yo hace muchos años disfrutamos de nuestras ausencias, pero en fin, es una expresión. Y luego por otra parte también, debido al respeto que les tengo, quisiera aclarar que en esta vida siempre es bueno saber con quien uno esta pasando la noche, o como mínimo saber como se llama...”
Los nombra uno a uno y todos los aplausos todos, son para el maestro Miralles. “Señor de la noche” es su próximo tema y vuelve a aparecer ese problema de sonido del principio a mitad de la canción, cosa que motivó a Serrat una vez finalizada la canción dirigirse a un ayudante de escenario no con cara de buenos amigos. Reponiéndose recuerda a los poetas que musicalizo para entonar “Llanto y coplas”, pero nuevamente tiene problemas con el sonido. Muy molesto, el Nano se dirige hacia otro técnico de escenario antes de proseguir con una versión renovada de “Defensa de la alegría”, “Los Recuerdos” y nuevamente los problemas en el sonido, en ese momento recurre a todo su profesionalismo termina la canción, toma su guitarra como para tratar de reponerse y nos regala una versión de “De cuando estuve loco” con un registro de voz mayor al que iba realizando, y una cadencia distinta a la placa.
Explica de una manera muy rica y graciosa su próximo tema “La cançó del lladre” y no vuelve a hablar en el resto del concierto para lograr la mayor concentración posible después de los problemas y nos ataca interrumpidamente con “Mediterráneo”, “Es caprichoso el azar”, “Disculpe el señor”, “La mala racha”, “Dondequiera que estés”, una versión renovada de “Hoy puede ser un gran día”, “Qué sería de mí” y “Fiesta”... a esta altura los problemas de los primeros temas habían quedado muy atrás y estábamos todos al borde del paroxismo. Es tiempo del bis, él publico lo reclamaba al grito de “otra, otra” y “ole, ole, ole, Nano, Nano”, y nos devuelve el reclamo con “Sin piedad” y “Cantares”... en este último tema observé algo que me estremeció muchísimo, una señora mayor de setenta años, con lágrimas en los ojos, recitando “caminante son tus huellas el camino...”, ya con esto me sentía mas que satisfecho, era esa imagen del Nano y la señora desconocida vibrando con esa canción. Pero siempre hay mas, Serrat volvió nuevamente al escenario con “Pueblo blanco”, para irse y ante un publico que lo seguíamos reclamando nos brindó “Lucía”, como antes, con Miralles y Serrat apoyado en el piano.
Fueron veintitrés canciones, dos horas quince de regocijo para el espíritu. Sepan disculpar lo extenso del comentario, pero no me quise quedar solamente con lo que era el concierto, sino con esa ceremonia previa al encuentro con Juanito, a esos días que parecen interminables, y que ya pasaron. Y también compartir con ustedes, mis compañeros de ruta en esto de seguir al natural de Barcelona desde hace muchos años, ya sea por una placa o un concierto.
Salí caminando del recinto, fumándome un cigarro, tarareando “De cuando estuve loco”, para repetir lo mismo que hace veinte años: “Esta noche vi a Serrat”.
|