Concierto en el Chateau Carreras - 24 de Enero de 2003

Texto de Enrique Orschanski (Córdoba)




Serrat en Córdoba:
Crónica de una noche de verano


   El lugar.

   Serrat eligió cantar en Córdoba el día 24 de enero. Córdoba de Argentina, Córdoba de la Nueva Andalucía, Córdoba de verano; para muchos, Córdoba de vacaciones.

   Rara situación la de Córdoba, y la de Argentina en general, que muestra a un tiempo su más grave crisis económico-social y su mejor cara de verano: miles de turistas, moviéndose de un punto a otro del país, buscando descanso y diversión.

   Córdoba es una provincia con innumerables centros turísticos, en sus valles y en sus sierras. Son numerosos los festivales de música que se desarrollan en ésta época en nuestro territorio.

   Y en especial este verano Córdoba fue desbordada por visitantes locales, de otras provincias y también de países limítrofes.

   Así recibió Córdoba a Serrat. Plena de gente, de sol, y de música en todos los rincones.

   El recital sería en el Estadio al aire libre. Viernes 24 de enero, 22:00 horas.

   La espera.

   Hall del hotel donde se aloja la delegación, 18:30 horas.

   Veo apenas cinco personas esperando algún contacto con Serrat. Tres señoras mayores, pacientemente sentadas en sillones. Dos muchachas jóvenes, con libros y papeles. Me agrego yo, con mi libro de canciones, mi cámara fotográfica y la carátula de un long play, año 1969.

   De a uno van apareciendo los músicos: relajados, gentiles. A mi pedido, uno de ellos me presenta al maestro Ricardo Miralles. Emocionante estrechar la mano de tan querido y extrañado músico, principal cómplice de Serrat en labrar nuestra memoria con tantas canciones. Se sorprende al ver el disco de cartón; sonríe repasando los temas: “Como un gorrión”, “De cartón piedra...” y firma “Cordialmente Ricard Miralles”, aumentando inmediatamente mi sonrisa, y el valor de esta reliquia.

   En pocos minutos salen del hotel rumbo al estadio, para “pruebas de sonido”.

   Se han sumado personas a la espera. Una familia de Frías, Santiago de Estero, incondicionales. Un señor con un cancionero, lamentando no tener cámara fotográfica, una familia cordobesa, aparentemente amigos personales de Nano.

   Rápidamente se establecen lazos serratianos. Superando el pudor inicial comenzamos a hablar, y a mostrarnos nuestros “tesoros” bibliográficos. La santiagueña ya tiene una foto con Serrat, del año pasado.

   La empatía se extiende, y la espera se convierte en una pequeña comunión de afecto. Solucionamos problemas: yo te saco esa foto con mi cámara; vos a mí; yo cuido del disco; yo cuento mis anécdotas; vos mostrás tu admiración desde tus 20 años; vos tu agradecimiento desde tus 57.

   Otra obra de arte serratiano: unir personas desconocidas, que se abren a partir de la confianza que inspira ser serratiano.

   El hall del hotel se ha transformado ahora en la sala de la casa cualquiera de nosotros; o en el bar de los amigos.

   Siete y diez de la tarde; se abre el ascensor. Aparece Joan Manuel Serrat. Con un tácito orden, sereno y respetuoso, se van dando los contactos.

   Primero con las tres señoras mayores, que le hablan en catalán. Él sonríe, las escucha, responde breve, y las abraza largamente a cada una.

   A continuación, las dos muchachas, que pertenecen a la asociación HIJOS (de desaparecidos por la dictadura militar argentina). Le entregan material gráfico, y un libro sobre la vida del padre de una de ellas. Serrat las contempla y suelta: "qué crecidas estáis..."; y besa y abraza a las dos, conmoviendo el entorno.

   Luego, varios fuimos los beneficiados con su gentileza: autógrafos, fotos, saludos y agradecimientos. Varias generaciones unidas por este hombre; sintiendo igual admiración y orgullo, por tanta poesía y tanta coherencia.

   Son las 19:35, hora de subir al automóvil que lo lleva al estadio; los aplausos surgen espontáneos.

   Quedamos en la vereda (acera), intentando prolongar el momento, sonrientes. Sintiéndonos amigos de estos desconocidos, que compartieron la espera.

   El recital.

   “Noche linda, noche cordobesa” dijo Serrat en su primer parlamento. Es que no se podía iniciar algo sin citar la preciosa noche estrellada de verano que enmarcó el recital.

   Con unos minutos de demora (22:15) aparecieron los músicos, y luego él. La ovación inicial nos emocionó; y cuando fue acallando, y los músicos encararon los acordes que presagian primera estrofa, un grito femenino atravesó todo el estadio: ¡¡¡¡¡¡¡ Te amoooooooooo !!!!!!!

   Todos, incluyendo el maestro reímos, y aplaudimos la ocurrencia; no sólo por lo gracioso sino porque de alguna manera, muchos se sintieron representados.

   El recital alcanzó una calidad inmejorable; Serrat estaba sereno, distendido, sin problemas en la voz.

   El sonido sublime; y la conjunción con los músicos se vio perfecta y original, a pesar de saber que han repetido este espectáculo tantas veces...

   Dos horas de una hermosa comunión con 10.000 personas que, cantaron las conocidas y murmuraron las del último disco. Acompañaron cada gesto y cada guiño, y humedecieron sus ojos con la canción que más les gusta...

   Dos bises y salieron del escenario. Ovación. Dos más y salieron. Ovación. Una más, con Miralles al piano, y salieron. Ovación más fuerte.

   Y la joya final: “Aquellas pequeñas cosas”, sólo él con su guitarra, y un coro de 10.000 serratianos, absolutamente agradecidos y felices...

   Lentamente salimos del estadio, con la piel y el alma sensibles, las palmas enrojecidas, y sonriendo a quienes como nosotros, buscaban volver a casa.

   ¿Qué más se le podía pedir a una noche cordobesa?


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