Concierto en el Chateau Carreras - 24 de Enero de 2003

Texto de Matías Bailone (Córdoba)




INIGUALABLE MAGO DE OZ


   La noche presagiaba dimensiones mitológicas, y Joan Manuel Serrat no defraudó a las expectativas cordobesas, desplegando sobre un estadio que ostentaba más de 10.000 personas “los sueños que forja en su andar tan largo”. Como un gran titiritero de emociones, no tuvo pudor en manejar a su antojo 10.000 almas que hacían profesión de fe ante el poder catártico del mundo serratiano. Con la compañía tan imprescindible de Ricard Miralles, Joan Manuel Serrat interpretó aquella música bendita que la gente necesita más que comer, como dice Sabina. Comenzó con “Bendita Música”, y siguió alternando el cancionero clásico con el disco ‘Versos en la boca’, que es un verdadero manjar de sonido y poesía, el que nos debía desde hace unos años el querido Juanito, o ‘Nano’, como lo llamamos los argentinos.

   Pero hubo momentos épicos. Cuando Serrat cantó "Los recuerdos suelen contarte mentiras...", el titiritero mostró su verdadero rostro, este magnífico Mago de Oz dejó caer su careta, y confesó jugar con los recuerdos y emociones de su público. Pero a renglón seguido hizo estallar el estadio ‘Chateau Carreras’ de Córdoba con los primeros acordes de “Penélope”. No abdicaba de su labor mesiánica. Siguió jugando con nuestras emociones.

   Personalmente, no pude contener las lágrimas al escuchar “Pueblo Blanco”. Lo mismo me había pasado al verlo hace cinco años en el Estadio Luna Park de Buenos Aires, cuando hicieron ‘El Gusto es Nuestro’. Aquellos versos de neto corte kafkiano, de un pueblo ‘colgado de un barranco’, de donde no se puede salir, pero nunca se sabe qué fuerza ancestral nos ata a ese pedazo de tierra maldita. Para mí es el punto más alto de la producción poética y musical de Joan Manuel Serrat.

   Llamó la atención, y gustaron mucho las nuevas versiones ‘a lo Miralles’ de los temas que originalmente habían sido arreglados por Josep Mas ‘Kitflus’, como “Disculpe el señor” y “Bendita Música”. Lo que nos hace esperar fervientemente una nueva edición discográfica con estos temas retocados por la mano de Ricard Miralles.

   Lamentamos no haber podido escuchar más canciones catalanas, cuando este muchacho del Poble Sec solo interpretó la canción del ladrón dieciochesca. Confieso que ni yo, ni la mayoría de los argentinos entendemos el catalán, pero escuchar a Serrat cantar en su lengua nos hace sentirlo más cerca. Quizá sea por aquel adagio que hablaba de ser profundamente local para ser universal.

   Esa noche de concierto a cielo y corazón abierto fue más que un ‘lujo para el alma y el oído’, fue una liturgia de emociones sucedidas en forma de canciones. Allí, la música y Serrat eran sólo la forma, eran sólo el cauce del arte. Casi como una excusa para sentirse vivos, terriblemente aferrados a esta existencia.

   Tengo 22 años, y desde hace varios años escucho a Serrat. Se lo debo a mi padre, que me transmitió esta noble pasión, con los primeros LP's. Este es nuestro homenaje a Joan Manuel, al inigualable Mago de Oz que se oculta tras la figura de un catalán maravilloso. Espero todavía poder escuchar varios discos más; y de grande, ser como él.


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