|
|
Concierto en el Velódromo de Montevideo - 28 de Enero de 2003
Texto de Daniel Martínez (Montevideo)
BAJO LA CRUZ DEL SUR
Ni bien ocupé mi asiento, en el medio de la platea al aire libre, ya tenía el título para esta página. Y es que la constelación señalaba el escenario, en la capital más austral del planeta, con precisión.
El espectáculo se desarrolló siguiendo el programa ya conocido, con dos o tres variantes. Nos perdimos a “Benito”, pero en su lugar disfrutamos de “Disculpe el señor”. También Serrat incluyó “No hago otra cosa que pensar en ti”, en una versión muy parecida a la del disco.
Presentó “Llanto y coplas por la muerte de Don Guido” y “Defensa de la alegría” diciendo que el poner música a poetas le atrajo desde el comienzo de su vida musical, y que varios autores (citó a Machado, Hernández, Benedetti, Papasseit, León Felipe y Cardenal) habían sufrido en carne propia, su tentación.
Los parlamentos que realizó fueron casi los mismos que ha hecho en otros lugares, excepto por las palabras de elogio hacia la murga que actuó como telonera, abriendo el acto, cosa que incluyo entre las variantes que tuvo la función de Montevideo.
Coincido con otros amigos que antes que yo presenciaron el show, en que las canciones cantadas con más fuerza fueron “Defensa de la alegría” y “Hoy puede ser un gran día”. Del nuevo álbum, “De cuando estuve loco” y “Los recuerdos” marcaron puntos altos.
Los bises fueron los mismos, ya reseñados por otros cronistas, algunos cantados por el público. El Maestro recogió innumerables objetos (en su mayoría cartas) que la gente iba dejando en el borde del escenario.
Al final, después de la interpretación de “Aquellas pequeñas cosas”, se dio el único momento discordante de la noche, cuando una mujer saltó al tablado. Pero, antes de que alcanzara a su ídolo, éste, con ampulosos ademanes le indicó que debía bajar. Se ve que su gesto infundió respeto a la fanática, que retornó rápidamente a su lugar, sin lograr su objetivo.
Ya saliendo me pareció que las estrellas de la Cruz del Sur titilaban de otra manera, distinta a las demás estrellas del cielo. Desde ahora, cuando la mire, recordaré que como durante miles de años guió a los hombres y mujeres de este lado del mundo, desde hoy me devolverá a esta mágica noche.
|