Concierto en el Velódromo de Montevideo - 28 de Enero de 2003

Texto de Santiago Rodríguez (Montevideo)




“ESTA NOCHE SERÁ
ÚNICA E IRREPETIBLE”


   Si bien estaba previsto para las 21:00 el comienzo del recital, la murga invitada “Diez al toque” nos ofreció su actuación recién a las 21:30. Además de interpretar viejos y nuevos temas murgueros que hicieron la espera del público mucho más corta, “Diez al toque” interpretó una canción con la música de ““Mediterráneo” y otra con un mensaje a favor de la preservación del medio ambiente (algo tan reclamado por Serrat) con la de “Fiesta”.

   La murga se despide con los merecidos aplausos de todos y cerca de las 22:00 el escenario se oscurece y empieza la magia: suben los músicos y comienzan a tocar una introducción. Entre el juego de luces y sombras se distingue la figura de Serrat entrando lentamente al escenario, el público explota en un aplauso, él hace gestos de agradecimiento y canta “Bendita música” (de una manera magistral), “La bella y el Metro” y “No hago otra cosa que pensar en ti”; ahora sí, agradece con palabras.

   Es la hora de compartir escenario con la “Muñeca rusa” y con “Los Fantasmas del Roxy” previa presentación de los músicos “con los que pasaremos la noche”: Ricard Miralles, David Palau, Alex Hernández, Paco García y Alejandro Terán.

   Serrat ya tiene al público en el bolsillo, empieza a silbar y los primeros acordes de “De cuando estuve loco” algo más lentos que en el disco copan el Velódromo Municipal, sigue otra gran canción del último álbum: “Señor de la noche”.

   Es el turno de presentar a los poetas, Antonio Machado y... Mario Benedetti -aplausos, vivas, gritos, etc- (cuando se juega de local...) cantó “Llanto y coplas” y “Defensa de la alegría”, ambas versiones preciosas. La primera parte finaliza con el público en silencio de misa escuchando “Los recuerdos”.

   Se hace el silencio, sin la presencia de Serrat, los músicos se ponen de acuerdo y arrancan una poderosa “Penélope” que se reconoce de inmediato seguida por una íntima y tranquila “Dondequiera que estés” que tuvo su incidente cuando Miralles tuvo que repetir la introducción porque Serrat no acertaba a colocarse la guitarra correctamente “es como meter los dos brazos en una sola manga”, comentó.

   Sin muchos rodeos una portentosa versión de “Mediterráneo” arranca aplausos de todos los asistentes. Otra versión tan novedosa como brillante fue la de “Disculpe el señor” (personalmente, una de mis canciones preferidas). Serrat nos abandona momentáneamente para reaparecer con “La mala racha” otro punto alto del disco y de la noche.

   Luego interpreta en catalán la “Canción del ladrón” siguiendo con “Hoy puede ser un gran día”, “Qué sería de mi” y el temido final: “Fiesta”.

   El público delirando pide más canciones a lo que Serrat acude rápidamente para intentar saciar las ganas (pero no lo consigue), se despacha con “África” y “Cantares” y todos coreando los atemporales versos “¡caminante no hay camino, se hace camino al andar!”. Se despide y se va.

   Los aplausos, los gritos con todo tipo de propuestas desde la parte femenina del público, los silbidos, los clásicos coritos hacen que vuelva, pero esta vez solo con Miralles, para cantarnos la hermosa “Lucía” de parado con una mano sobre el piano. Ahora sí, parece que todo termina.

   Nosotros volvemos a aplaudir a rabiar, hasta que sale, agradece, llama a los músicos y juntos nos dedican otra hermosa versión, esta vez de “Pueblo blanco”, largamente aplaudida por todos, al comienzo y al final de cada estrofa.

   Se va, el escenario queda a oscuras, y todos nosotros sin movernos de nuestros lugares, pidiendo más canciones, a lo que Serrat (como no podía ser de otra manera) accede. Termina definitivamente el concierto con “Aquellas pequeñas cosas” cantada íntegramente a dúo con cada uno de nosotros, incluso se mandó una bromita: entre las dos estrofas cantó un “bidú-bidú-bidú” que hizo carcajearnos a todos.

   Luego sí, la despedida, los aplausos y la retirada con la convicción de que era una inmensa verdad aquello que nos dijo Serrat cuando nos saludó al comienzo del recital: “esta noche será única e irrepetible”.


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