Concierto en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires
31 de Enero de 2003

Texto de Victoria M. Ferreiro (Buenos Aires)




Una noche “más que cálida”


   La inmensa emoción y alegría que sentimos quienes seguimos “al Nano” cuando se aproxima un recital, no puede limitarse sólo a esas dos horas de deleite y admiración, ni siquiera a ese único día en que desde que uno despierta, espera la llegada de esa mágica cita como un niño espera a Papá Noel: con ansiedad, felicidad, entusiasmo, regocijo y también una pizca de prematura nostalgia, sabiendo que ese rato de maravilla se irá como agua entre los dedos, dejando en cada uno el recuerdo (uno más) de otra noche “única e irrepetible”. Y así, preparamos de a poquito el corazón para su ausencia (es que se lo extraña mucho entre visita y visita!)

   Personalmente la alegría comienza cuando llegan las noticias de una cercana gira del Nano, y continúa con las posteriores averiguaciones sobre la venta de entradas y las largas colas nocturnas sobre la calle Corrientes para conseguir un buen lugar (¡es que uno querría una ubicación arriba del escenario si esto fuera posible!). Y aunque en esta oportunidad la cosa no fue tan así (¿las vacaciones?, ¿la crisis?, ¿la inseguridad?), ya que no se organizó como otros años la lista de presentes y ausentes para guardar el lugar 48 horas antes de la venta de entradas, ni la mencionada fila donde abundaban las rondas de mate, charlas varias y sueños entrecortados, de igual manera se sintió la emoción de “estar cerca para sacar las primeras filas”.

   Pero llegando al día que aquí nos ocupa, fue el último de una semana que a los porteños nos hizo sentir en el mismísimo “infierno” (¡como si ya tuviéramos poco!). La sensación térmica llegó a los 44º C (creo que 42º C a la 21:00 horas), haciendo transpirar hasta al más friolento. Se buscaban con desesperación ambientes con aire acondicionado, litros de cualquier líquido que ayudara a calmar la sed y el calor, y al momento de salir de nuestras casas, trabajos o donde estuviéramos para ir a disfrutar de esa “Bendita música”, el consuelo era pensar que en el teatro iba a haber aire acondicionado, lo que nos iba a permitir disfrutar totalmente de esos “Cantares” que tanto nos maravillan. ¡Pero no!, el aire del teatro no funcionaba, no alcanzaba o lo apagaron, con lo cual si bien OBVIAMENTE el disfrute fue ABSOLUTO (siempre lo es), el calor también lo fue. Si hasta el Nano cambió su atuendo después de un rato: la camisa negra de mangas largas con la que salió al escenario, y que fue arremangada por su portador en un primer intento de mitigar las altas temperaturas, fue reemplazada en seguida por una remera de igual color pero con mangas cortas. ¡Y hasta amenazó con quedar en musculosa!, a lo que una voz femenina perdida entre la multitud contestó “¡Sacáte todo!” (ja, ja, ja).

   En relación con el espectáculo, no recuerdo exactamente el orden de las canciones (me dispuse a disfrutarlo, no a hacer anotaciones), pero no varía mucho de lo que otros amigos han contado: “Bendita música” lo inició, luego de una introducción realizada por los músicos (que sonaron fantásticamente bien todo el recital), y luego se intercalaron los “Versos en la Boca” con algunos de los ya conocidos y queridos clásicos: “Mediterráneo”, “Penélope”, “Cantares”, “Llanto y coplas”, “Canción del ladrón”, “Los fantasmas del Roxy”, “Defender la alegría”, “Disculpe el señor”, “Hoy puede ser un gran día” (juro que lo fue), “Fiesta” (qué rápido llega el principio del fin!), “Pueblo Blanco”, “Lucía”, “Aquellas pequeñas cosas”... Estos últimos como “bises”, y luego del conocido ritual de “olé, olé, olé, olé, Nano, Nano...”, o “una más y no jodemos más” (que en realidad es una mentira, porque querríamos miles más), o “el Nano no se va, el Nano no se va...”, y aplausos a rabiar, y ganas de que no termine, y la sensación de que falta mucho para la próxima, y las ganas de eternizar esas dos horas y pico, que se suman al bagaje de momentos inolvidables que tantas veces no hizo vivir.

   Demás está decir que el gran “Juanito” estuvo brillante: con la voz impecable, la calidez de siempre, la ternura habitual y esa complicidad a las que nos tiene acostumbrados. A pesar del calor sofocante.

   Pero “todo pasa y todo queda”. Pasó, y habrá que esperar nuevamente con ansias un nuevo CD, una nueva visita porque sí, para compartir, nuevas noticias y otro recital cargado de emociones. Y también quedó. Quedó en el alma, y las retinas, y la piel, y los corazones de los que tanto disfrutamos cuando “vamos a ver a Serrat”.

   ¡GRACIAS NANO, POR ESTA NOCHE MÁS QUE CÁLIDA!


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