|
|
Concierto en el Central Court de Tenis de Santiago de Chile 6 de Febrero de 2003
Texto de Jorge Fernández (Santiago)
RECUERDOS LIMPIOS DE NOSTALGIA
Al llegar a Santiago, Serrat señaló que no le interesaba cantar siempre las mismas canciones. Se trata de que lo natural y sano en un artista es seguir creciendo y en este caso, seguir escribiendo nuevas historias. Esto, que para muchos nostálgicos no suena tan bien, es precisamente lo que ha dado consistencia y ha hecho novedoso el trabajo del cantautor. Siempre hay una discusión en torno a que las nuevas canciones de Serrat no han alcanzado la inspiración de las de su primera época. Sin embargo, el concierto de esta noche ha dejado claro que el talento y la perduración en el tiempo pasan por relacionar el pasado, los recuerdos, con el presente.
Un primer dato de la noche fue que el Court Central se encontraba completamente lleno. Es este el lugar que Serrat adoptó para la mayoría de sus presentaciones luego de su regreso en los años 90.
Un segundo detalle consiste en ver en escena por primera vez, desde aquel regreso, al maestro Miralles junto a Serrat.
El recital comenzó con “Bendita Música”, un tema que abre, en cierto sentido, el espíritu de lo que será todo el concierto. Luego, “La Bella y el Metro”, allí se despliega el talento del Nano para comunicar, por medio de pequeños gestos las nuevas historias de los “Versos en la Boca”. Después, “No hago otra cosa que pensar en ti”. Todos reconocimos la canción, fue el primer puente de esta alquimia entre los recuerdos y el presente.
De allí la intensidad no se detuvo. Vinieron “Muñeca Rusa” y los versos de Machado y Benedetti. Mención especial para “Defensa de la Alegría” que fue uno de los puntos altos de la noche.
A esa altura llegaron “Los Recuerdos” que limpios de nostalgia no sólo nos conectan con la gran obra de Serrat sino también con las vidas de quienes escuchábamos la canción.
Luego vino la presentación de los músicos al son de “Los Fantasmas del Roxy”, se trata, por cierto, de una historia que no deja nunca de impresionar.
“Mediterráneo” fue otro gran momento, todos cantamos, y el cantautor agradeció el gesto.
Con “Disculpe el Señor”, otro tema ya incorporado a los recuerdos, se produjo una breve salida de Serrat para luego volver con esta relación ya instalada, “La Mala Racha” conviviendo con “Penélope” y “Es caprichoso el azar” al lado de “Fiesta”, en donde, dicho sea de paso, se anuncia el final. Siguieron “Cantares”, “Señor de la Noche”, en fin, más o menos el repertorio habitual que se ha consignado en las diversas crónicas de nuestra página.
Antes del final, “El Cigarrito” y “Aquellas Pequeñas Cosas”.
El tiempo se fue muy rápido. Sin embargo la excelente puesta en escena, el oficio de Serrat, su voz siempre firme y unos músicos impecables dieron un resultado totalmente notable.
Hay que consignar que Serrat se mostró en todo momento muy cercano y con mucho sentido del humor. Es la demostración de una opción, la opción de seguir apostando a pesar de tener tras de sí una gran obra en la que podría descansar. Más bien siempre hay una apuesta, una apuesta en donde el riesgo consiste en no dejarse atrapar por la solemnidad de una arquitectura ya terminada. A esta arquitectura se le van agregando piezas, al continuar el armado “nadie es perfecto”, se tiene una “utopía” llena de “sombras” y hay también prestos a salir “versos en la boca”.
Un público diverso en cuanto a lo generacional se retiró comentando lo excelente del concierto y muchos dijeron al pasar que habían disfrutado las canciones del nuevo disco cantadas en vivo.
Ese es el punto, se sigue andando en medio de recuerdos, recuerdos limpios de nostalgia que nos hacen apreciar este presente lleno de nuevas historias.
|