Concierto en el Central Court de Tenis de Santiago de Chile
6 de Febrero de 2003

Texto de Hernán Sepúlveda (Santiago)




UN REENCUENTRO NECESARIO


Luego de más de dos años de ausencia, el cantautor catalán se reencontró con el público chileno en un único concierto en el que presentó su nueva producción "Versos en la Boca".

   Mi hija Javiera, tiene doce años. Nació cuatro meses antes que Serrat volviera nuevamente a Chile, después de diecisiete años de ausencia forzada. Ella creció escuchando sus canciones y, casi sin quererlo, aprendió muchas de sus letras y hoy las tararea conmigo. Hace algún tiempo me pidió que si Serrat venía Chile, ella quería acompañarme. -Es un trato- le dije en ese momento. Hoy cuando vamos juntos en el bus camino al estadio, pienso en todas las barreras generacionales que ha superado este catalán. Le gustó a mi padre y ahora, mi hija me acompaña al recital. Quizás mis nietos, si es que los tengo, también lo escuchen, al menos, como un querido recuerdo de familia.

   Javiera sabe que debemos escribir una crónica, así que lleva una libreta en la que anotará todas las cosas que parezcan interesantes. En el bus le cuento nuevamente la historia tan conocida. Era el mes de septiembre del año 1988 y se había convocado a una multitudinaria manifestación de los adherentes del NO, para el plebiscito del 5 de Octubre, ese que decidiría la suerte de nuestro país. El invitado estelar para esa concentración era Joan Manuel Serrat. Todos pensábamos que por la incipiente apertura que se producía en ese tiempo, Serrat al fin podría ingresar a nuestro país. No fue así, con lágrimas de emoción escuchamos su mensaje grabado desde el avión. Un mensaje de solidaridad y amor por nuestro pueblo y por la causa de la libertad. Quizás si esta historia pueda explicar en parte, esa permanente ansiedad que tenemos los chilenos cada vez que nos visita este cantante español.

   Llenos de estas sensaciones, llegamos al estadio con la suficiente anticipación. Cuando faltaban quince minutos para las diez de la noche, el maestro Miralles acompañado de sus músicos, dio inicio a los primeros acordes. Segundos mas tarde, con su tradicional vestimenta negra y chaqueta gris, apareció Serrat en medio del emocionado aplauso de las cinco mil personas que llenaron el Court Central de Tenis del Estadio Nacional.

   El cantautor catalán abrió el recital con la canción “Bendita Música”, posteriormente fue intercalando las canciones de su nueva producción con las más tradicionales y conocidas por el público. Quizás la que más se extrañó del nuevo disco, fue “Sin Piedad”. Como consuelo a esa ausencia, todo el estadio cantó las conocidas y queridas, “Penélope”, “Mediterráneo” y “Cantares”.

   Fue un ambiente de fiesta en el que no faltaron los regalos del público que se acercó espontáneamente al escenario. Ante la insistencia de los asistentes, Serrat, debió abrirlos en el mismo lugar. Destacaron un juego de ajedrez de mármol y un típico poncho chileno. También fue un ambiente de intimidad y de romance, especialmente cuando interpretó “Lucía”, “Dondequiera que estés” y las canciones de su nuevo disco, “Qué sería de mí” y “Es caprichoso el azar”.

   Cinco veces intentó Serrat, terminar su concierto, pero la presión del público lo hizo volver. Luego de una emocionada ovación por la canción de Víctor Jara, “El Cigarrito”, Serrat se despidió definitivamente de Chile. Su última canción, junto al piano de Miralles, fue una íntima versión de “Aquellas Pequeñas Cosas”. Un estadio iluminado con luces de fuego despedía una vez más al ídolo.

   Serrat dejaba en este país a una nueva admiradora de doce años y a sus viejos seguidores con una permanente sensación de pérdida. Es que Serrat en Chile, nunca es suficiente. No hay que olvidar que nos deben diecisiete años de ausencia.


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