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Concierto en el Central Court de Tenis de Santiago de Chile 6 de Febrero de 2003
Texto de Rubén Garrido (Santiago)
NOCHE DE EMOCIONES EN SANTIAGO
Salimos con Claudia, mi mujer, ansiosos rumbo al Court Central del Estadio Nacional. Dos años han pasado desde la última visita de Joan Manuel, aquella en la que jugó sobre este mismo escenario con su alter ego Tarrés y nos entregó una actuación maravillosa.
El Court, repleto con seis mil personas, recibe con una ovación al maestro, que luego de una breve introducción de sus músicos aparece desde un costado de la sobria escenografía, en riguroso negro y chaqueta gris. Desde los primeros acordes se confirma la calidad de la banda y se instala esa atmósfera de complicidad que se genera siempre entre el Nano y nosotros.
Abre con dos temas de "Versos en la boca" para luego intercalar sus nuevas composiciones con otras de las antiguas, que como él mismo señaló a su llegada a Santiago "se hilvanan bien en la temática". Así, nos interpreta “Defensa de la alegría”, “Dondequiera que estés”, “No hago otra cosa que pensar en ti”, (en la que aprovecho para besar a mi mujer; es nuestra canción, digámoslo) “Penélope”, y las infaltables “Mediterráneo” y “Cantares”, en las que se da el gusto del karaoke masivo.
Como siempre, el maestro nos deleita con sabrosas anécdotas y demuestra su buen humor cuando la platea le ofrece obsequios: "pensé que era una pizza", dice en alusión a un ajedrez y un irónico "síiiiii, me lo voy a poner hoy seis de febrero" en relación a un poncho de huaso y a la insistencia del público para que se lo probara a pesar del calor reinante. Las mujeres más maduras le gritan "mijito rico" y le tiran besos como quinceañeras. Él responde: "muy pocas fantasías se me han cumplido".
Luego de este relajo nos ofrece una aplaudida interpretación de la nueva “Qué sería de mí” y una sentida versión de “Lucía”, coreada por todo el Court. Nos regala una "canción de bandoleros" en su querido catalán precedida de una larga y exquisita introducción histórica.
Después del primer bis vuelve para sellar el momento más emotivo de la noche: canta “El Cigarrito” de Víctor Jara, un verdadero himno chileno, con el Court iluminado por un centenar de antorchas.
En el segundo bis interpreta “Fiesta”, con lo que se presume el cierre.
Vuelve luego de que los miles de presentes coreamos su nombre. Solamente acompañado por su guitarra nos deleita con “Aquellas pequeñas cosas”. Es el final, se prenden las luces del Court. Aplaudimos de pie. Claudia me mira y me dice: "no vengo más a los conciertos de Serrat; siempre quedo con gusto a poco".
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