Concierto en el Central Court de Tenis de Santiago de Chile
6 de Febrero de 2003

Texto de Esteban Troncoso (Santiago)




VERSOS DE UNA
NOCHE DE VERANO


   Por más que me apuré en comprar las entradas, no logré la ansiada primera fila que quería Natalia, mi mujer, así que a soportar sus regaños por la quinta o sexta fila que nos tocó, y como la "mala racha" nos acompaña en estos casos. Mi mujer es una "loca bajita", siempre hay cabezas que no dejan ver. En fin...

   Lo primero que llama la atención es el escenario sobrio, pero que con un adecuado juego de luces logra ir creando las atmósferas necesarias para cada tema. A las 21:45 comienza el recital, con una acertada y juvenil introducción musical del maestro Miralles y sus músicos. Imposible no recordar "En Directo", LP fundamental en mi acercamiento al catalán.

   Serrat ingresa al escenario y la incondicionalidad del público, que agotó las entradas varios días antes, queda de manifiesta. Esta será una noche íntima. Partimos con la delicada “Bendita Música”, para seguir con uno de los temas altos de su ultimo trabajo “La bella y el Metro”. El Nano saluda al público agradeciendo la hermosa noche que corona el escenario, con una luna menguada que parece guiñarle un ojo al cantante. Suenan los primeros acordes de “No hago otra cosa que pensar en ti” y todo el estadio suspira con una de las canciones históricas, que no será la única. Le sigue “Muñeca rusa” y dos temas con textos de Machado y Benedetti, “Llanto y Coplas” y “Defensa de la Alegría”. Remata esta primera parte con “Los Recuerdos”, en mi opinión uno de los temas bajos del disco.

   Los acordes de “Los Fantasmas del Roxy” sirven de pie para presentar a los músicos. Es aquí donde volvemos a agradecer el regreso de Miralles por la frescura que logra imprimirle a cada tema. En estos momentos se hacen más frecuentes unas carcajadas justo detrás de mí. Son de una señora de edad que no deja de disfrutar con los diálogos y las ocurrencias poéticas de Serrat.

   A las 22:30 Serrat nos cuenta “De cuando estuve loco”, para luego interpretar entre todos ese clásico “Mediterráneo”. Luego de este tema un pequeño percance, el micrófono no funciona, cosa que Serrat supera con humor para luego explicar esa fantasía que tenía de joven de comenzar una canción y dejar cantando al público mientras él se marcha al bar. Algo de eso ocurre con los temas clásicos, que son coreados de punta a cabo, mientras el se deja complacer.

   Ahora es el turno de la intimidad, porque es con “Es caprichoso el azar”, quizás el tema más importante de su última placa, que el público sabe premiar con una rotunda ovación. Yo me quedé esperando el acompañamiento femenino de alguna artista local, habría sido hermoso. Luego Serrat nos recuerda las deudas pendientes con “Disculpe el Señor”, para rematar con “La mala racha”, la señora de atrás goza a más no poder este tema.

   Un breve descanso sirve a Serrat para explicar el siguiente tema catalán “Canción del ladrón”, y comparar de paso a los bandoleros antiguos con los modernos (ahora sí que pienso que la señora detrás mío explotara de la risa).

   El siguiente tema, “Penélope”, a eso de las 23:05, es interpretado completamente por el público, es al final de este tema que las fans se abalanzan contra el escenario llevándole los ya tradicionales regalos. Los acordes de “Qué sería de mí” comienzan a sonar, pero el público grita "¡Que los abra, que los abra!", así que ni modo. La música se detiene y Serrat abre uno a uno los regalos encontrándose con un poncho (¿poncho en verano?) y un juego de ajedrez.

   “Hoy puede ser un gran día” es seguido por el íntimo “Dondequiera que estés”, que nos sirve de excusa a los presentes para apretarnos y regalonear a nuestras parejas.

   “Fiesta”, a las 23:24 nos indica que el espectáculo se acerca a su fin, pero nadie se mueve, son las 23:24 y el público quiere más, la viejecita de detrás de mí partió rauda hacia el escenario cual fan quinceañera. Serrat retorna al escenario para cantar “Señor de la noche”, notable tema que sirve de excusa para que ahora mi mujer se olvide de mí y parta al escenario justo cuando Serrat arremete con su himno universal, “Cantares”.

   Se retira nuevamente, parece definitivo. Pero la galería se encarga de alentar al resto del recinto, surgen banderas catalanas y camisetas azulgranas. Serrat vuelve, esta vez solo con Miralles, para interpretar “Lucía”. El recinto explota de emoción, es necesario otro bis, esta vez con “El cigarrito” de Víctor Jara, logrando el clímax en el recinto, ya copado de luces en el público.

   Agradece, se retira, las luces del Court se encienden, pero nadie se mueve, Serrat vuelve finalmente con su guitarra para cantar “Aquellas pequeñas cosas”, con lo cual se cierra definitivamente el concierto. Como siempre, con gusto a poco, son pasadas las 24:00 horas y el recital de más de dos horas parece que hubiera durado un instante a pesar del recorrido por 25 canciones del catalán. Un pequeño instante en las vidas de cada uno de los presentes en que las emociones, la poesía, lo humano y divino se fundieron en una sola hoguera, una sola luz que inundó la noche de Santiago.


principio de esta página