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Concierto en el Auditorio de Zaragoza 7 de Marzo de 2003
Texto de José Antonio Plo (Zaragoza)
SERRAT SIEMPRE SERRAT
Eran las 19:45 (el concierto comenzaba a las nueve de la noche), estaba en la ducha pensando si haría o no esta crónica, ya que pensaba que habría otro serratiano que seguro la elaboraba mejor que yo. Finalmente decidí que no la haría.
Ya llevo disfrutando entre 30 y 40 conciertos del maestro y reconozco que ha habido de todo, estaba un poco preocupado por las ultimas crónicas recibidas en la página y acudí un tanto frío al concierto. Desde una afortunada fila 1 centro, sentía que podría tocar casi con los dedos al maestro y aprovechar hasta el último momento de la actuación.
Son las 21:15. Empieza el espectáculo, un Serrat soberbio como pocas veces, sale al escenario, canta, baila, bromea y borda cada una de las canciones como pocas veces he visto, alusión al Prestige con “Plany al mar” y como no podía ser menos, otra a la guerra (con pegada de pegatina en la guitarra y una gran ovación) cantando “Algo personal” (fantástica), estaba cerca el final y ya en los bises una señora le recuerda que desde que estuvo en la plaza de toros (hace ya bastantes años) no cantaba “Cançó de Bressol”.
En ese mismo momento un señor bastante mayor se acercó al escenario diciendo: "Juan Manuel, Juan Manuel...", el maestro nada más reconocerlo se le abrazó emocionado y diciendo: "no te vayas, espérame fuera...". Entonces un Serrat al borde de las lágrimas nos dice: "voy a hacer una cosa que no he hecho nunca, quiero dedicar esta canción a mi familia (su madre era de Belchite, un pueblo cercano y muchos de sus familiares asistían al recital), a los que están aquí y a los que no han podido venir, a los que ya no podrán venir pero que están con nosotros, a todos ellos, que saben que aunque pasamos más tiempo del deseado sin vernos, están en mi corazón como yo en sus pensamientos...". Y nos cantó casi con lagrimas en los ojos (y durante gran parte del tema sin poderlos abrir) esa maravillosa canción. Al final apoteosis total.
Ya en casa decidí que tenía que contar lo que había ocurrido y cómo a pesar de tantos conciertos el maestro había logrado una vez más emocionarme como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
Gracias, Juan Manuel
P.D. Lo que habría dado yo, por oír entre bambalinas la conversación del anciano con el maestro.
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