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Concierto en el Teatro Villamarta de Jerez 20 de Marzo de 2003
Texto de Luis García (Cádiz)
EL PLACER DE REINCIDIR
Volver a ver a Serrat, dos días después del recital en el Teatro Falla de Cádiz, cantando las mismas canciones -sólo faltó "Lucía" ya que "Cantares" fue la que puso punto final al recital- extrae nuevas lecciones altamente positivas sobre este cantautor que no deja de sorprenderme cada vez que me reencuentro con él en directo. Serrat no se repite y es capaz de provocar nuevas emociones sobre lo ya conocido. El mismo recital, espléndido y emotivo, pero distinto a su vez con otros matices y sugerencias como si Serrat no aceptase duplicados mecánicos, como si se jugara la vida en cada canción, como si fuera la última vez que fuera a interpretarlas.
Ese dejarse la piel, esa pasión que Serrat pone en cada verso, ese dominio del escenario nunca puede dejar de admirarse. Alguien gritó en un momento del recital algo así como “aunque te estés haciendo viejo vaya voz que tienes”. Y ciertamente he podido disfrutar del mejor Serrat posible, pletórico de voz y de condiciones, algo que en una gira tan larga no siempre puede ser así porque habrá días mejores y peores.
El caso es que en Jerez llevó las riendas de otro de sus recitales modélicos. El guión fue idéntico al concierto de Cádiz, quizá empezó dosificándose más, midiendo más la voz, para poco a poco ir creciendo en todos los sentidos.
“Señor de la noche”, “Llanto y coplas” y “Defensa de la alegría” fueron paseadas con infinita maestría. Otro engarce prodigioso fue el que produce la conjunción de “Algo personal”, “Hoy puede ser un gran día” y “Fiesta”. “Mediterráneo” y “Penélope” son inevitables en sus recitales, pero Serrat tiene la virtud de presentarlas con nuevos acentos, con vueltas de tuerca en los arreglos con lo que el resultado sigue siendo tan emocionante como siempre.
Empezó el público algo frío pero terminó entregado a un cantautor que sigue cantando como si no fuera un consagrado, como si todavía tuviera que demostrar algo, sin acomodarse, sin caer en recursos fáciles ni ganarse al público de cualquier manera. Ese es el secreto de su vigencia en escena. Cada canción, como antes he referido, es la última y Serrat se hace carne y sentimiento para derramarla, para hacernos partícipe de sus historias, de su poesía abrazada al colectivo, de su música donde volvió a ponerse de relieve lo alejado que su propuesta está del estatismo de la canción de autor al uso. Serrat tiene presencia y el escenario es su morada particular. Cada canción vibra en su voz, cobra vida en la forma de interpretarla, de echarla a volar.
Es un lujo disfrutar del excelente quinteto que le acompaña que entiende perfectamente lo que Serrat busca y quiere. Una formación en la que el jazz se funde con otras propuestas igualmente sensitivas. David Palau vive cada uno de los temas aportando grandes dosis de inventiva y frescura. Ricard Miralles confirma recital a recital que es un acierto su vuelta y que su regreso no es un recurso a la nostalgia porque como ocurre con Serrat, Miralles crece y se reinventa y nos vuelve renovado. Muy interesante observar los nuevos arreglos que imprime en canciones como “Bendita Música”, “Benito”, “Disculpe el señor” o “Dondequiera que estés” que tuvieron un tratamiento distinto de la mano de Kitflus.
Desgranando las canciones que Serrat ha llevado en sus últimos recitales de Cádiz y Jerez podemos llegar a interesantes conclusiones. Para empezar Serrat está muy lejos de mirarse en el pasado antológico de los años 60 y 70. Su selección de canciones no deja lugar a la duda. Serrat huye del recurso del pasado mítico y sabe que su obra hay que entenderla desde todas las épocas. Quien no quiera verlo así no puede comprender su obra. Los paseos que Serrat propone asumen todas las décadas, pero no hay un predominio ni muchísimo menos de las canciones de los años 60 y 70. Serrat retorna a sus canciones clásicas de aquellas décadas pero lo hace sin dejar de lado las canciones de los años 80 y 90 porque un paseo antológico siempre ha de cubrir todas las épocas porque en cada una de ellas se plasma la evolución que Serrat ha tenido, su recorrido vital, compositivo y lírico desde la juventud a la madurez más absoluta en el lenguaje y en las formas. Para mí esta forma de entender su obra es un acierto y sobre todo una forma de romper con la fórmula fácil del seguidor anclado en el pasado mítico.
A continuación incluyo -dejando al margen las canciones de "Versos en la boca"- la relación de canciones que Serrat ha interpretado en Cádiz y Jerez y las fechas en las que fueron editadas. Esto nos permite ratificar lo dicho:
Años 60: Penélope (1969) Llanto y Coplas (1969), Cantares (1969)
Años 70: Fiesta (1970), Mediterráneo (1971), Lucía (1971)
Años 80: Hoy puede ser un gran día (1981), Algo personal (1983), Plany al mar (1984) y Defensa de la alegría (1985).
Años 90: Disculpe el señor (1992), Bendita Música (1994), Benito (1994), Dondequiera que estés (1998).
Como podemos observar el equilibrio es absoluto entre las distintas décadas y es la demostración de cómo Serrat busca ofrecer un compendio de todas sus épocas en sus recitales porque no hay otra forma de entender su obra y él es el primero que lo sabe.
No sé qué nos deparará el futuro, siempre envuelto en una gasa de incertidumbres, pero lo que está claro es que Serrat no detiene su camino. Sigue ofreciendo lo mejor de sí mismo como si todo acabara de empezar con la ilusión latente del primer día. Ese es el secreto, el gran secreto, de este trovador incansable. Al margen de las modas Serrat permanece con canciones que son ya parte de la historia y de la memoria. Y nos sigue dejando el privilegio de sentirlo y vivirlo en directo.
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