Concierto en el Gran Teatro de Córdoba
28 de Marzo de 2003

Texto de Antonio Barranco Esteban (Córdoba)




ALGO MUY PERSONAL


   Este fue un día esperado por dos motivos, por el concierto del señor Serrat que lógicamente es lo que nos ocupa, y por haber compartido el día con Paco y hablado sobre muchas cosas presentes y futuras.

   A algo más de las ocho de la tarde llegó el cantautor al teatro, al que pudimos saludar muy rápidamente antes de que entrase a prepararse para el gran concierto que ofrecería a las nueve de la noche y en el que en ningún momento, pese a la dureza de la gira, exhibiría muestra alguna de desgaste o cansancio, brindándonos una fantástica interpretación de todos sus temas.

   El teatro de la ciudad es pequeño y a la italiana (en forma de herradura), da una sensación acogedora y cómplice que se agradece, sobre todo en una ocasión como la que nos ocupa, que muchos consideramos bastante íntima de por sí.

   Puntualmente fueron entrando los músicos ejecutando después la introducción sonora. “Bendita música” fue la canción escogida para arrancar la noche a la salida del cantautor. En la bienvenida se mostró agradecido a todos los que por propia voluntad habíamos decidido compartir esas dos horas con él, deseaba también a los que no fueron por propia voluntad que les fuera leve, mostrando su deseo de que todos, cada uno en su circunstancia, pasásemos la mejor noche posible.

   El recital continuó con “La bella y el Metro”, en la que las luces simulaban los rayos de luz intermitentes que entran por las ventanillas en el hipotético viaje que se nos narraba a través de túneles, deseos, personalidades y motivaciones.

   “Benito” y “Muñeca rusa” continuaron el recital, en el que con los acordes de “Los fantasmas del Roxy” se hizo una pausa para presentar a los excelentes músicos que lo acompañaban, "por si acaso no llegábamos al final", aunque él según nos aseguraba estaba casi convencido de que confiaba poder terminarlo.

   Dos canciones del último disco, “De cuando estuve loco” y “Señor de la noche” se colaron entre aplausos, como suele ocurrir en los conciertos de este señor, a veces parece que en lugar de seguir la tónica de aplausos entre canciones se sigue la contraria para su fortuna y la de todos nosotros.

   “Llanto y coplas”, “Defender la alegría”, “Los recuerdos” y “Penélope” fueron las siguientes antes de que se nos contara una historia sobre bandoleros, de cómo en épocas remotas se les hacían canciones, que tristemente no han dejado de ser de actualidad ya que la figura aun existe entre nosotros aunque bastante más desvergonzada y a cara descubierta según palabras del maestro. Esta introducción sirvió para presentar y explicar la “Cançó del Lladre”, bastante renovada con arreglos más modernos que sorprendían un poco y la hacían muy agradable.

   “Mediterráneo”, “Es caprichoso el Azar”, la muy agradecida “Disculpe el señor”, “La mala racha” y “Dondequiera que estés” fueron las siguientes. Ya se vislumbraba el final del concierto cuando pegatina en guitarra sonaron los acordes de “Algo personal”, dedicada con gran amabilidad a quienes todos sabemos. Cualquier comentario era innecesario.

   Realmente la impresión era correcta y el fin del recital se colaba por nuestros oídos con el principio de “Fiesta”, de todos modos todos sabíamos que ése no era realmente el fin de la noche, todavía nos serían regaladas algunas más, “Qué sería de mí” fue la primera de ellas, seguidamente “Cantares” fue coreada por todo el teatro y “Lucía”, con una iluminación tenue, y al piano con Miralles, pusieron el mejor final posible a esa noche tan esperada por muchos de nosotros.


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