Concierto en el Teatro Jovellanos de Gijón (Asturias)
2 de Mayo de 2003

Texto de Rubén Siñeriz (Gijón)




SOPLO NECESARIO


   ...Si en algún momento la INTOLERANCIA se disfrazase de músico, lo INJUSTO se colocase detrás de un piano y lo ILEGITIMO se sentase en un taburete, quizás un manojo de canciones les hiciese reflexionar y las cosas serían distintas de lo que son.

   A las 20,45 con la entrada de los músicos capitaneados por el maestro Ricard Miralles, dio comienzo el concierto, apareciendo instantes más tarde Serrat vestido con una camiseta y pantalón negro y americana gris, ante un teatro lleno con un público donde se notaba la presencia de los serratianos de toda la vida. El decorado sencillo, creando un ambiente de absoluta complicidad e intimidad entre público y cantante para presentar su nuevo disco. Con “Béndita música” se inició el espectáculo, siguiendo posteriormente “La bella y el Metro”, primera de las canciones de su nuevo trabajo. A continuación realizó la presentación: “Sean bienvenidos a ésta que es su casa, y agradecemos la presencia de los que han venido voluntariamente y de aquellos que se han visto obligados, claro que estos se supone recibirán algo a cambio...”

   La tercera canción, “Benito”, siempre presente en sus últimas giras, para seguir con “Muñeca rusa”, antes de realizar la presentación de sus compañeros, “...por aquello de que siempre es conveniente saber con quien se va a pasar la noche o al menos su nombre, y que cuanto antes se haga mejor, por que quizás el artista, lleno de éxito ante tanto aplauso, puede llegar a olvidarse. Así que lo hecho, hecho está”. Ante los aplausos y risas de la gente realizó la presentación de sus tres músicos, haciendo hincapié en el cuarto, el maestro Ricard Miralles, que como todos sabemos vuelve con Serrat años después.

   De su nuevo trabajo a lo largo de las casi dos horas de recital fueron apareciendo “De cuando estuve loco”, “Señor de la noche”, con una entrega absoluta al finalizarla “...señor de la noche, reza por mi, reza por mi, reza por mi”, “Es caprichoso el azar”, una de las mejores canciones compuesta por Serrat en sus últimos trabajos, “La mala racha” y la intimista y puramente serratiana “Los recuerdos”.

   Hizo una de sus habituales paradas, para ensalzar la labor de esos grandes poetas a los que ha musicado, caso de Antonio Machado y Mario Benedetti, pasando a cantar “Llanto y coplas por la muerte de don Guido” en homenaje al primero y “Defensa de la alegría” del segundo.

   Precisamente el recuerdo llegó en forma de murmullo cuando empezaron a sonar los acordes de algo que nos parece mítico, que siempre está ahí, que nos suena cercano, que añoramos cada vez que nos encontramos con el poeta: “Penélope” y “Mediterráneo”, dos joyas que no requieren presentación. Antes de “Mediterráneo”, en uno de los momentos mágicos de la noche mencionó al ser humano, “... ése que es capaz de cometer una atrocidad más grande aun que la anterior”, en referencia a los últimos acontecimientos relacionados con los anteriores del Prestige. Con “Plany al mar” se mostró desgarrador, mezcla de impotencia e indignación ante la muerte del mar, fuente de riqueza y de culturas y que entre todos nos estamos encargados de ahogar, “qué les voy a contar a ustedes si lo están viviendo en sus playas”.

   Sentado sobre su taburete, y antes de “Algo personal”, colocó sobre su guitarra una pegatina con el “NO A LA GUERRA”, ante los aplausos unánimes de la concurrencia, preguntándose “dónde están las supuestas armas de destrucción masiva, si ni siquiera han encontrado un petardo, y como en todo en la vida, los que pagan son siempre los mismos”.

   ...Y luego llegaron los bises, el postre que saboreas con deleite y que te sabe a poco, que sabes que se termina y que quieres repetir. Sabes que la noche concluye y sientes envidia (lo reconozco, insana tal vez) de que al día siguiente otros estarán allí a las 8,30 y gozarán de este soplo necesario e imprescindible que te ayuda a ser persona y a no olvidar lo que está pasando, que es mucho.

   En esta época de misiles qusiera lanzar el más destructivo para la sinrazón, al menos para mí, LA PALABRA: “...Sin consuelo alguno te sigo queriendo cada amanecer”.


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