Concierto en el Teatro Jovellanos de Gijón (Asturias)
3 de Mayo de 2003

Texto de Daniel Ferreiro Rodríguez (Piedras Blancas - Asturias)




PUENTE DE MAYO ENTRE AMIGOS


   Hace tan sólo unos meses que he llegado a esta preciosa tierra de Asturias por motivos laborales. Buscándome el cocido a mis 26 años, como otros muchos, he tenido que dejar mi Galicia para poder trabajar y poder así pagarme los vicios como el que me di este puente de Mayo en Gijón. “Os invito si queréis venir” a compartir este “manojo de instintos y placeres”, tal y como algunos los compartieron conmigo.

   Como os digo, tuve el placer de recibir la visita de mis amigos y amigas, personas que desde mi infancia me han acompañado a lo largo de mi vida. Venían desde Madrid, Valladolid, Galicia y Zaragoza a pasar unos días por estos preciosos lares; pero hubo uno que hasta vino de Barcelona.

   Tenía una cita con él (segunda de abono en Xixón) en el viejo Teatro Jovellanos de Gijón, ciudad que casi no conocía. Eran las siete de la tarde de un caluroso sábado y ya estaba impaciente por los alrededores del Paseo de Begoña, que por cierto, anda en obras y estaba algo incómoda. A las ocho abrieron el Teatro y ya con el nervio a flor de piel me dispuse a acomodarme en el vetusto pero imponente Jovellanos. Me recibe un sencillo escenario, compuesto por seis o siete columnas que le dan un mayor aire de solemnidad a este abarrotado Teatro. Un piano y unos instrumentos en segundo plano, y un taburete y una guitarra en primero me dejan claro que mi amigo anda ya cerca.

   Lleno hasta la bandera. Los nervios aumentan... una buena cita a las ocho y media... y como las buenas citas, con nervios y con 10 minutos de retraso aparecieron en la penumbra del escenario los músicos, con Miralles al frente (otro veterano). Aplausos de la afición. Tras una breve introducción instrumental aparece el Nano, mi amigo. Pantalón y camiseta negra, americana gris, seguro de sí mismo, cómodo, decidido. Elegante y sencillo. Saludos al respetable, que corresponde con grandes aplausos, mientras los músicos esperan a que el maestro, con un sutil gesto, les permita comenzar una función apta para todos los públicos con “Bendita Música” y “La Bella y el Metro”. Este sexador de pollos nos da la bienvenida a casa, nos saluda efusivamente y nos agradece la presencia esta noche (es ahora cuando uno piensa que el gusto siempre será nuestro.) Le noto que aun no ha cogido el tono, pero confío en que lo haga brevemente.

   Tras la introducción y el agradecimiento se rompe el hielo: “No Hago Otra Cosa que Pensar en Ti” nos adelanta que el maestro va a alternar y combinar los viejos éxitos con las promesas de “Versos en la Boca”. De igual forma, “Muñeca Rusa”, nos advierte que también hay músicos detrás de Serrat. En este caso Paco García, a la batería, me deja perplejo. Cada uno tendrá su turno (¿qué sería de Joan Manuel sin ellos?) para sacar de sus instrumentos los acordes precisos en el momento oportuno. Miralles... Miralles... lo hará en todo momento!!!! No pienso entrar en el dichoso debate si a la derecha de Joan Manuel Serrat tributa mejor Miralles o Kitflus; sólo propongo una solución: uno a cada lado y ya me daréis la razón!!!! David Palau, a la guitarra, parece animarnos y disfrutar aun más que nosotros en este concierto. Pues eso, que “como ha de hacer un buen vocalista, nos presenta al grupo, porque uno ha de saber con quien pasa la noche, o por lo menos, como se llama”. (Al final del concierto los invitará a recibir nuestros merecidos aplausos).

   Risas del público y enseguida escuchamos los primeros acordes de “Los Fantasmas del Roxy”. Y algunos lloran con su demolición. Luego se empiezan a escuchar los primeros silbidos del tema más representativo del disco: “De Cuando Estuve Loco”. Aplausos generosos de un público que casi identifica este tema con un clásico. Notable también el esfuerzo (paseo por el escenario incluido) y entusiasmo que pone Serrat con “El Señor de la Noche”. Le noto ya mejor de voz cuando, tras beber agua, éste del Poble Sec se vuelve a dirigir al público: nos cuenta que a “a lo largo de su trayectoria ha puesto música a letra ajena, a diferentes personas o compañeros de viaje en esta vida; y así pide perdón a Benedeti, a Machado (“el letrista de Serrat”, en palabras de Pinochet), a Miguel Hernández (y a Salvat Pappaseit) por haber sufrido en sus carnes el atrevimiento de su música”. En esta noche nos brinda el “Llanto y Coplas a la Muerte de don Guido” (canción que le escucho por primera vez en directo) y “Para la Libertad”. En una entrevista en La Voz de Galicia (11 de Marzo de 2001) nos prometió no retirarse sin volver a atreverse a poner música a poemas de otros escritores... ¿será su próxima sorpresa?.....

   Cambio de tercio con “Los Recuerdos”, pieza de su último disco. A diferencia de otras ocasiones y como os comenté antes, entremezcla hábilmente canciones de siempre y piezas de “Versos en la Boca”. Y llega la primera venida abajo del Jovellanos: “Penélope”. De verdad que es impresionante lo que puede conmover esta canción. En mi opinión, junto con “Lucía” (con la que despide el concierto con Miralles al piano) son las que más aplausos arrancan en la gente; lo he observado en las cinco ocasiones que ya lo he visto. Una voz femenina no se resiste a un “¡¡cada día estas mejor!!” desde las primeras filas del escenario (¿se llamaría Penélope?)

   Vuelve a dirigirse al público para explicarnos la diferencia entre los bandoleros del siglo XVIII (“aquellos que se tapaban la cara porque les daba vergüenza atracar un banco”) y los de hoy en día (“que salen a cara descubierta y te joden el telediario cada día a la hora de comer”.) Con esto, Joan nos introduce en el Cancionero Tradicional Catalán con la “Cançó del Lladre”, tema que ya le había escuchado en A Coruña hace un par de años.

   Casi se cae el Jovellanos cuando la gente identifica una de sus canciones más comerciales, más conocidas, un clásico: me refiero a un paradigma de la descripción, en este caso de un mar cada vez más maltratado, que cuanto más uno la escucha más le pone la carne de gallina; me refiero a “Mediterráneo”. “Disculpe el Señor” (genial Miralles) y “Es Caprichoso el Azar” (aunque sin Noa) nos advierten de que el final se esta acercando. “La Mala Racha” muy bien adornada con las voces de David y Paco precede a “Dondequiera que Estés” (único tema de Sombras de la China) y al último diálogo con el público: tras sacar una pegatina de NO A LA GUERRA y pegarla en su guitarra nos da su opinión sobre la barbarie de Irak, sobre quienes la apoyan y la fomentan, sobre los intereses... en resumen, que entre ellos (¿”unos macarras de la moral” para los que corren “buenos tiempos”?) y nosotros siempre habrá “Algo Personal”. “Hoy Puede ser un Gran Día”, “Fiesta”, “Cantares” y “Lucía” constituyen la apoteosis final tras los bises que nos brinda Juanito.

   Tras salir del Teatro uno se queda con la idea de que le ha sabido a poco, que se daría la vuelta y volvería a empezar ahora mismo. Cada vez que escucho a este Ingeniero Agrícola me doy cuenta de su capacidad de identificación e implicación con la gente de a pie, y me pregunto cómo coño es capaz de contar cosas que parece que le pasan a uno mismo de una forma tal y como él las cuenta; pero sobre todo cómo las comparte, con alegría pero con crítica, con amistad y con simplicidad.

   Creo que en las canciones de Serrat no sólo se pueden resumir algunas de las experiencias que a una persona le suceden en la vida, sino las experiencias que una generación (no sólo la de mis padres, si no también la mía) vive, siente o comparte. Mi generación, que también conoció la ilusión, el amor y la complicidad (que le pregunten a alguna que anda por ahí) a través de sus canciones no es ajena a ello. Como tampoco lo es a sus descripciones de la vida, a su crítica al pensamiento único, a la demagogia que nos domina, al engaño y a esta sociedad global.

   Más hablador que otras veces, pero menos interpretativo, sí me atrevo a echar en falta un tema, sólo uno, de sus “rarezas” Canciones y una breve mención al desastre del Prestige. Desconozco si el repertorio está o no premeditado, pero me da igual. Lo que escribe, lo que dice, cómo lo dice y cómo lo comparte creo que es algo que llevaré toda mi vida dentro de mí. Eso que él, en una ocasión (El Semanal, 20/09/98) definió como lo que forma parte de lo que uno piensa, siente, le da vueltas en la cabeza, le ilusiona y le atormenta: sus canciones. Gracias y salud, Nano. No sé dónde, pero te espero en la próxima.


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