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Concierto en el Palacio Bellas Artes de México D.F. (México) 14 de Mayo de 2003
Texto de Ignacio Pacheco (México D.F.)
ARTE EN EL BELLAS ARTES
Joan Manuel Serrat se presentó en el Palacio de Bellas Artes, la noche de ese miércoles 14 de mayo. Fue recibido por una lluvia de aplausos y de pie, el público mexicano recibió al cantautor en el magno recinto cultural del país. En un teatro lleno a toda su capacidad con mil 800 personas presentes, ése fue el primero de cinco conciertos programados que ofrece en México del 14 al 18 de mayo.
En el Palacio de Bellas Artes Serrat interpretó lo más reciente de su producción música hasta temas de antaño, lo mismo en catalán que en español, empezó su seducción -de más de dos horas- con "Bendita música" del álbum Nadie es perfecto (1994), un homenaje a su propia profesión: "Déjalo todo y sígueme. Trinaba mágica. La voz del músico. Pariendo música... Música, bendita música". De ahí siguió con "La bella y el metro", de su nuevo disco Versos en la boca (2002), en que con sentido del humor narra su encuentro con una bella que en el metro "se deja mirar mientras mira". A continuación ofreció "Benito", esa saga agridulce de la muerte de un abandonado urbano: "Tanto tienes, tanto vales. Y pare usted de contar. Hoy respiramos, mañana dejamos de respirar".
La primera parte de su concierto la dedicó en buena medida a ofrecer piezas de su repertorio más reciente, como "Muñeca rusa", "Señor de la noche", "Qué será de mi" y "De cuando estuve loco" (aún me persigue la frase "Hacia donde señalan tus pezones, voy a toda pastilla, dando gas a la moto"). En cada una de estas piezas se aprecia la sensibilidad de este trovador que cumplirá 60 años este próximo 27 de diciembre, pero que insiste en "conmoverse conmoviendo". En las canciones que cuentan historias, como "Los fantasmas del Roxy" de Bienaventurados (1987) o "Disculpe el señor" de Utopía (1992), Serrat se convierte en un mimo que con sutiles gestos recrea lo que sucede, lo cual le da un encanto todavía más especial a su actuación.
Después de unas cuantas canciones se apresura a presentar a sus músicos. Dice que no quiere dejar esto hasta el final como ocurre en tantos conciertos y explica: "En esta época es importante saber con quién está pasando uno la noche". Entre los músicos se encuentra al piano Ricard Miralles al piano, responsable de los arreglos y la dirección musical del nuevo disco, quien ha regresado a trabajar con Serrat después de no hacerlo desde 1989. Acompañado también por David Palau en las guitarras, Alex Hernández en el contrabajo y bajo eléctrico, Alejandro Terán en la viola, saxo y clarinete, y Paco García en la batería, para después interpretar "Los recuerdos", tema de su nuevo fonograma.
Serrat sabe que su trabajo es promover su nuevo disco, el cual distribuye BMG, y hace su trabajo concienzudamente al incluir en su presentación un gran número de las canciones de Versos en la boca. Pero él conoce que el momento culminante de cualquier concierto lo logra interpretando esas canciones que le dieron fama y que hoy son un referente cultural para más de una generación de hispanohablantes en todo el mundo. "Para la libertad" de Miguel Hernández (1972), "Coplas a la muerte de Don Guido", "Penélope" (el sencillo de 1969), "Mediterráneo" (del álbum homónimo de 1971) y "Fiesta" (del álbum homónimo de 1970, que Serrat canta sin la censura a la letra que le impuso originalmente el gobierno franquista) son coreadas por el público y los ojos de muchos se llenan de lágrimas. Cada una de estas canciones es un momento de la vida, un recuerdo para los miles reunidos en Bellas Artes. Pero también sorprendió con un tema inédito punzando las cuerdas de su guitarra para rescatar una obra del siglo XVIII denominada "Canción el ladrón", que narra la vida de un tunante desde su infancia, hasta su posible final en el patíbulo.
Como en todos sus conciertos, el trovador es generoso con su tiempo. Después de la terminación formal del concierto sale, no una, ni dos, ni tres, sino cuatro veces a agradecer el aplauso y ofrecer otras interpretaciones. Así canta "Qué sería de mí" del nuevo disco y las clásicas "Cantares" y "La saeta", ambas de Antonio Machado (1969). Serrat hizo vibrar -desde el piso hasta el techo- el Palacio de mármol al momento en que pronunció "Hoy puede ser un gran día", tema que anticipaba el final de la velada. Al unísono los asistentes pedían más y fue cuando el cantautor regaló "Cantares". Al iniciar la primera estrofa de la canción, la catarsis llegó a su clímax y de manera espontánea se formó un coro; más de mil gargantas cantaban como una sola voz "caminante no hay camino, se hace camino al andar".
El intento por despedirse se convirtió en un rosario de canciones, pues Serrat y sus músicos tuvieron que regresar en cinco ocasiones al escenario para contener los gritos del público que gritaba "otra, otra, otra". No faltaron los espontáneos que subieron al escenario para felicitar al intérprete.
A casi 40 años de sus primeras grabaciones, este viejo trovador con camisa negra, pantalón del mismo color y saco gris, acompañado de su guitarra acústica, sigue siendo un seductor. Se lo dicen esta noche las mujeres que le declaran su amor a gritos desde las butacas oscuras. Pero lo que sorprende es que, a pesar de la pleitesía, Joan Manuel Serrat siga siendo tan fresco en su música y en sus presentaciones personales. Quizá él mismo no ha querido olvidar a ese trovador de "zapatos agujereados" y "ropa llena de polvo" a quien le rindió homenaje en 1967 en su "Balada per a un trobador" de su disco Ara que tinc vint anys.
Los gritos de "guapo", "majo", "te quiero", no se hicieron esperar mientras Serrat permanecía en el foro del Palacio de Bellas Artes y agradecía al público mexicano la ovación que como cascada caía desde los generales hasta las lunetas para llegar al escenario, donde acompañado de su banda, dijo, "voy a cantar, ahora sí, la del estribo", y termina el concierto interpretando "De un mundo raro" incluida en Cansiones Tarres/Serrat (2000): "Cuando te hablen de amor y de ilusiones.../ si te acuerdas de mí no me menciones/ porque vas a sentir amor del bueno", siendo la locura pues así siente el público que hace un reconocimiento a nuestra cultura al interpretar esta canción del más grande cantautor mexicano, José Alfredo Jiménez.
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