Concierto en el Palacio Bellas Artes de México D.F. (México)
15 de Mayo de 2003

Texto de Luis Ernesto González "León Felipe" (México D.F.)




EL MAESTRO
EN EL DÍA DEL MAESTRO


   Buena estrategia cronística, querido Javi. Permíteme imitarte un poco, porque, si algo no debemos hacer nosotros es repetir noche tras noche el relato de un espectáculo que, según tenemos leído en decenas de crónicas, sólo cambia si el público es catalán. ¡Qué envidia le tengo a los que han podido escuchar en un sólo concierto la "Cançó de bressol", el "Plany al mar", la "Cançó de matinada" y otras tantas en la lengua paterna del maestro.

   Nos decías, Javi, que tu hermana y tú escuchaban en un vinilo rayado aquellas coplas a la muerte de don Guido. Y ahí estaba el “este señor de sevesteseñor de sevesteseñor...”. Bueno, tengo una anécdota con esa misma canción. Pero, por partes.

   Para mí una de las pocas novedades que me deparaba el recital de esta gira del maestro, que casualmente cayó el día en que se celebra al maestro en México, fue ir acompañado por mi madre (66 años de edad). Ella fue quien me trajo a Serrat a la familiaridad del hogar, desde siempre, para decirlo rápido. Alguna vez, ya adolescente yo... y totalmente serratófilo, escuché a mi madre cantar el final de las "Coplas a la muerte de don Guido" de la siguiente manera: "Taaan fooor-maal... el caballero espaluz". Seguro que la siguiente vez cantó, para enmendar: "el caballero andañol". Bueno, añejo recuerdo, mientras cantábamos (en nuestro segundo piso, a mano izquierda, mirando desde los ojos de Serrat) las coplas, mi madre y yo alzamos la voz al llegar al final, y ambos lanzamos un retumbante: "Taaan fooor-maal... el caballero espaluz". El respetable nos miró sin respeto de ahí hasta el final del recital. Pero valió la pena. Reír a carcajadas con mi madre es algo que no me pasa tan seguido como quisiera. Gracias, Juanito. Y gracias, Javi, ahora también corearé aquello del "señor de seveste".

   Respecto a las otras novedades:

• Nunca había visto tanta parafernalia en materia de iluminación. Si se la ahorrara, las entradas serían más económicas, creo. A la música de Serrat no le hace ninguna falta tanta tramoya. Se veía bonito, eso sí.

• El maestro suple las cuerdas vocales (hechas polvo... o vidrio molido, más bien) con las cuerdas cordiales, intactas, emocionadas, truculentas (en el mejor sentido de la palabra). Uno no puede disfrutar tanto ni entregarse a la emoción cuando está tan preocupado por el estado físico de esa garganta... pero a ratos se da la magia gracias a esas cuerdas cordiales.

• En "Fiesta", cambió la letra de modo que nos hizo reír grandemente: "el hombre y el villano, el prohombre y EL MARRANO bailan y se dan la mano".

• Pese a que no cuento el trabajo Serrat-Benedetti como lo que más me gusta de la producción de JMS, confieso que anoche la canción que más me tocó fue la "Defensa de la alegría". ¡Qué bien la cantó!

• Y no a la zaga le fueron "Hoy puede ser un gran día", "Los recuerdos" (¡a tu salud, José, a tu salud, Monstruo!) y los... siete... sí, siete... encores o bises que generosísimamente nos obsequió. Se caía de aplausos Bellas Artes. De pie casi todos. La "segunda parte" del concierto (ya se sabe, es el guión, que luego de "Fiesta" vendrá la fiesta) empezó con dos temas de un sólo golpe: "Sin piedad" y "Cantares". No nos esforzamos mucho para que saliera de nuevo a escena e interpretara "Lucía" (aplausos para Miralles, bien ganados). Luego, "La saeta". Más aplausos, más seducción "que sí que no" y volvió con un magnífico "Pueblo blanco". Ahí podría haber acabado todo. De hecho, creo que Serrat así lo quería, pues fue evidentísimo su titubeo y luego su emoción incontenible cuando decidió llamar a la banda de nuevo a escena, contraviniendo su solicitud mímica de que nos fuéramos todos a dormir de una buena vez. Cantó entonces, ya decidido a complacernos del todo, "Un mundo raro". Se caía el Palacio de Bellas Artes (por eso se sigue hundiendo el subsuelo de la zona, Javi, según informes sesudos de la ciencia). Nadie podía creerlo, cuando el hombre salió otra vez a interpretar "Para la libertad". Afortunadamente para todos, ya hizo oídos sordos a la petición "Se-ño-ra, se-ño-ra, se-ño-ra". Que no se diga que no sabemos agradecer la generosidad. Que no se diga que "nos dan la mano y nos tomamos el pie".

• Me sigue asombrando que jamás incluya canciones del álbum "1978" en sus conciertos en México. Y ahora tampoco sacó canciones del baúl de 1973, 1974, 1975, 1977, 1980 y 1983. Es decir, cantó "lo más antiguo" y "lo más nuevo". Dejó casi intacta la década de los 70. No fue novedad que predominaran en el repertorio los Versos en la boca. A eso venía, pues, y nos lanzó ocho temas. Y, como suele, los álbumes dominantes fueron "Mediterráneo" (tres canciones), "Machado" (tres) y "En tránsito" (dos).

• Sin Noa, pierde bastantito "Es caprichoso el azar", la mejor canción de "Versos".

   Bueno, basta por ahora. Espero no haberlos cansado. Ver a Serrat será siempre memorable. El corazón lo agradece. Y hay que disfrutarlo mucho, mucho, mientras se pueda porque mucho me temo que esa voz no aguantará, como no sea con ayuda del bisturí.


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