Concierto en el Teatro Galerías de Guadalajara (México)
21 de Mayo de 2003

Texto de Francisco de Anda Corral (Guadalajara, México)




Con un manojo de versos en la boca


FADE IN A:

INT. / TEATRO GALERIAS. GUADALAJARA / NOCHE: PLANO ABIERTO. VOZ EN OFF:

   “Respetable público... ésta es la tercera llamada, tercera llamada, les suplicamos tomar su localidad...”

   Los acordes del piano del profesor Miralles inundan el teatro. Desde aquel lejano 1987, cuando nos trajo Bienaventurados, en el pletórico Cabañas, no volvía con Serrat. Ahora viene con músicos nuevos, jóvenes, muy prendidos, desconocidos para la fanaticada del Nano.

   Se ilumina el proscenio y salta, entre aplausos nutridos, el Serrat entrañable que estábamos esperando. Con más canas que hace dos años, y un corazón que a pesar de las inevitables arrugas todavía “le tiembla en la garganta”, como antaño.

   “Apoyó el arco suavemente entre las cuerdas y atacó con toda naturalidad, Mi, Fa, Mi, Re, Do, Re, Mi, Fa...Y contagió a los cuatro vientos las risas y los lamentos de la sangre puesta en pie Sol, La, Sol, Fa, Mi, Re, Do, Re". Serrat abre su segunda noche en Guadalajara, como lo ha venido haciendo a lo largo de toda la gira, con ese tema que a fuerza de escucharlo se ha vuelto memorable: "Bendita música". Una de las joyas del álbum Nadie es Perfecto de 1994.

   Llegó otra vez en mayo, como el año pasado, con un “manojo de versos en la boca”, y se encontró de nuevo con un público serio, circunspecto, exigente, pero cariñoso a su modo. Nos encontró calurosos eso sí, ansiosos de escuchar su nuevo disco en vivo; también, de saber cómo andaba su salud y su voz. Vimos a un Nano entero, jovial, travieso y bailador, que parecía querer seducirnos con ese estribillo: “Déjalo todo y sígueme, trinaba mágica, la voz del músico, pariendo música”. Por un momento nos olvidamos del jaleo de las elecciones municipales, y nos decidimos a seguir a Serrat, a compartir esa noche, “única e irrepetible”, con él, con su bendita música y con sus músicos.

   Luego vino "La bella y el Metro", tema del nuevo disco, donde pudo acreditarse nuevamente el Serrat amante de los amores furtivos; el eterno enamorado de los instantes misteriosos; de los enigmáticos personajes; y de las pequeñas cosas que van haciendo la vida. Un Serrat ocurrente además, que juega con las palabras y las colma de significado, como en el "Benito", que siguió después, y que nos hizo recordar a esos personajes entrañables que pueblan nuestras calles y que tanto le gustan a Joan Manuel.

INT. / ESCENARIO EN PRIMER PLANO / ZOOM IN CON TRAVEL / NOCHE:

   Con "Los Fantasmas de Roxy", del disco Bienaventurados, retocado por Miralles, Joan Manuel Serrat presentó a sus acompañantes nuevos y jóvenes: David Palau en las guitarras; Alejandro Terán en violín, viola, saxofón y clarinete; Álex Hernández, contrabajo y bajo eléctrico; Paco García, como en una pecera, con su batería; todos dirigidos por el veterano maestro Ricardo Miralles, a quien el público reconoció de inmediato y le dedicó una de las ovaciones de la noche.

   Aparece con su "Muñeca rusa", con esa extraordinaria y genial estructura, una revelación impecable y finísima de la naturaleza femenina, “una estupenda metáfora”, reflexiona mi amiga La Güera que está a la siniestra. También del nuevo disco escuchamos "Es caprichoso el azar", presentado en una versión más austera, sin Noa. Se la extraña, pero el Nano se las ingenia y le imprime ese toque íntimo, muy propio de las canciones de ese estilo.

INT. / CENTRO DEL ESCENARIO / PRIMERÍSIMO PLANO / NOCHE:

   Serrat confiesa que poner música a versos ajenos ha sido una tentación a la que no ha podido escapar. Así lo ha hecho por años, con versos de Machado, Hernández, Alberti y Benedetti. En el nuevo disco también “vence la tentación sucumbiendo de lleno en sus brazos”, con la canción de "La mala racha", letra de Eduardo Galeano, a quien no menciona, pero que canta con gran sabor.

   A mi derecha, un tío como de la edad de Serrat, que se entusiasma y canta con sus manos cuando el Nano entona "Llanto y Coplas" de don Guido, viejo tema de unos versos de Machado. Previamente Joan Manuel hizo un alto en la introducción de estas letras clásicas, para hacer algo que pocos famosos hacen con tanta naturalidad en un escenario: soltó el micrófono y se agachó para amarrarse las agujetas del zapato izquierdo. Después de la pausa, las canciones: la antedicha, y ligadita, "Para la libertad", con versos de Miguel Hernández. Cantó con una fuerza inusitada, vibrante, como en sus mejores años. Como en aquel disco En directo de 1984 que todos recordaremos. Era un presagio, un conjuro: "Porque soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vida, aún tengo la vida". El primer bloque concluyó con "Mediterráneo", uno de los clásicos más añorados y aplaudidos por el público. Muy a la Miralles, con ese redoble de batería del final, que hace que demos un discreto brinco en nuestras butacas.

INT. / TEATRO / ILUMINACIÓN ABUNDANTE / PLANO ABIERTO / EFECTO DE DÍA:

   El escenario se inunda de luces. La columnata, que recorta el proscenio, se viste de colores brillantes, cual si fuera un carrusel. Las caracolas que penden de los bastidores se tornan de un ámbar más intenso y las esferas irradian haces de luz en forma de estrellas hacia todo los puntos del auditorio. ¡Qué psicodélico! exclama La Güera, al lado mío. Aquello parecía, en efecto, una exhibición de pirotecnia. La guitarra de Palau, el clarinete de Terán y la batería de Paco García se entusiasman en el preludio de "La mala racha". Avanza el nuevo repertorio de Serrat, ahora entona "De cuando estuve loco", sin dudar uno de los mejores temas de Versos en la boca. Las cuerdas y el bombo enloquecen, Serrat está entregado a su público y canta como siempre, y como nunca, a la vez.

INT. / TEATRO/ DISOLVENCIAS / NOCHE:

   El último tercio del concierto fue un cóctel de recuerdos, célebres canciones disueltas entre los temas nuevos. Se mezclan también entre los sucesos curiosos de entre el público. Una mujer entrega a Joan Manuel un par de gorras al tiempo que inicia "Disculpe el señor", un tema político, de principios de los noventa, del álbum Utopía. Sigue luego "Dondequiera que estés", calificado como el nuevo clásico, apenas de 1998, del disco Sombras de la China, sin embargo suena tan antiguo y tan familiar que el tío que cantaba impaciente con sus manos al lado mío, se arrancó despacito con Aquellas pequeñas cosas, cuando escuchó los primeros acordes de la melodía. La vena catalana no quiso pasar inadvertida, Serrat reactualizó aquel viejo tema "Cançó del lladre", que apareció en 1968 en Cançons Tradicionals. Estaba en el prolegómeno de la historia, que si los ladrones del siglo XVII eran más decentes que los de ahora y que si tal, cuando suena un teléfono celular que interrumpe el monólogo. “Venga, conteste, conteste”, apuró Serrat con un dejo de ironía, “...podría ser un ser muy querido”. Y luego llegó el "Señor de la Noche" y después "Los Recuerdos", ambos del nuevo material, con ritmos de jazz y bluseros. Es notorio que los jóvenes músicos tienen ese rasgo, por ejemplo, David Palau, estuvo anteriormente en el grupo Guitarras Mestizas al lado de Joan Vinyals, y de eso se sirve este extraordinario disco, que reúne el talento y el punch de estos chavos y la experiencia inigualable de Miralles.

   Vino el súper clásico "Penélope". Un ordenanza discretamente estira su mano y coloca un vaso de agua junto al piano, para el maestro. Una chica tapatía no se aguanta las ganas y grita voz en cuello, “¡Ven Juanito para hacer el amor!”. Enseguida Serrat se desata con "Hoy puede ser un gran día", no era el clásico de 1981 de En Tránsito, sino que nos obsequió la versión que cantó al lado de sus amigos gachupines en El gusto es nuestro. "Qué seria de mí", pasó sin pena ni gloria y apuró el fin de "La Fiesta", que se cantó sin censura. Oímos claramente “manoseando a una muchacha” en lugar de abrazando o magreando, que es, por lo demás, un término que no usamos en México. Y el gusano se trocó en marrano, para festín de los presentes. “Bajando la cuesta”, Serrat se despide por primera vez y sale del escenario. La ovación de pie. Pidiendo la otra.

INT. /TEATRO / CLOSE UP / MUY NOCHE:

   Tres encores al hilo: "Sin piedad", que casi nadie reconoció, pero que anunciaba la canción esperada de toda la noche, "Cantares", la única que Guadalajara canta al coro con Serrat y se desgañita, y el Nano se divierte, cede el micrófono y la gente suspira. Y tras otra larga ovación, sale de nuevo. Otra vez el público, pide a gritos que salga, que salga, otra, otra, otra. Algunos escépticos e indecisos ya están inquietos en los pasillos. Detienen su marcha cuando Joan Manuel Serrat aparece de nuevo, ya sin sus músicos, sólo con su escudero, el profesor Ricardo Miralles. En privado, unplugged, entonan la última de la noche, "Lucía", después de eso, inclina la cabeza, saluda a su director y sale de las tablas. Sólo una había anunciado con el dedo índice a su regreso, y ha sido sólo una. Afuera cantan los grillos y parece que esta noche sí llueve.

FADE OUT.


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