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Concierto en el Auditorio de Hermosillo (México) 26 de Mayo de 2003
Texto de Ricardo León (Hermosillo, México)
“...antes que lleguen los perros”
...después de las tradicionales primera y segunda llamadas, en las que una voz femenina en off, además, advertía sobre la necesidad de apagar celulares, comunicadores u otros dispositivos electrónicos (excepto marcapasos, por si hubiera alguno demasiado atingente) uno a uno los músicos toman su sitio y discreta y eficientemente utilizan algunos segundos para afinar. Alguna señal es dada y el Coordinador General del evento para el Tec de Monterrey, Campus Sonora Norte en su XX Aniversario, con mucha brevedad y a manera de tercera llamada presenta al ..."entrañable huésped. Un hombre cuyo nombre significa tanto para tantos de nosotros, y al que sólo se puede presentar de una manera: por su nombre... Joan Manuel Serrat".
El público estalla y a la mirada sonriente del maestro Miralles aquello empieza a sonar a Serrat (como sucede siempre que Ricard da las pautas).
Todavía fuera de escena, Serrat ya tarareaba y bamboleaba con la banda mientras, sonriente, como siempre, me preguntaba de nuevo los nombres de las ciudades vecinas de donde habían viajado para escucharlo: las memorizó... todas.
Empujado por una mano invisible Serrat pasa a escena y el público, el público...
Algo parecía haber hecho al grupo sentirse como en casa, allá, en Hermosillo, Sonora, una ciudad situada al borde del desierto del noroeste mexicano: sólo habían sido recibidos con inmensos cariño y respeto, y lo notaron, y las notas que tocaban lo testimoniaban y Serrat... Serrat también.
Una por una, las canciones convirtieron todos los anuncios previos a la llegada de Serrat, de una mera abstracción de prensa y radio a una innegociable realidad. No hubo uno que no se sintiera parte y cómplice de esa noche en que tantas cosas terribles fueron conjuradas por la belleza y verdad que, desde el escenario, se regalaban a manos llenas ese 26 de mayo, como flores.
Serrat le ha dado sentido a tantas cosas que rayaría en la codicia pedirle más y sin embargo, codiciosos que somos, él no tiene más que regalarse.
Hermosillo tuvo su momento. Todos tuvimos nuestro momento. Pero, a diferencia de otros muchos, los conciertos de Serrat, principian cuando terminan y el backline se apaga y el inmenso bus de carga se retira de nuevo a la carretera. Algo renace cada vez que lo escuchamos. En mí, alguna especie de ira contra las cosas terribles se agiganta y pierde miedo. Sin saberlo, un día, Serrat me salvó la vida con "Utopía", una canción que me empujó de nuevo a lo que tantos... Me devolvió la paciencia que otros perdieron y se abandonaron al mundo de... ¡yo no sé!
El vuelo regular Hermosillo-Tijuana del 27 se llevó a mi hermano y me lo dejó para siempre. Ya no habrá más distancia entre él y yo. Ya no habrá más transatlánticas separaciones inquebrantables. Serrat ya no es para mí un CD atesorado y recurrido y recurrente. Ahora que escucho de nuevo Utopía, digo que vi de cerca al hombre que me salvó la vida sin saberlo y puedo agradecerle en cualquier momento, salvando las distancias... porque, además... ¡me dio su teléfono!
No guardemos pena que... antes que lleguen los perros, Serrat contesta.
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