Concierto en el Teatro de la Paz de San Luis Potosí (México)
5 de Junio de 2003

Texto de Mariano Vildósola Dávila (San Luis Potosí, México)




Al César lo del César
y a Serrat lo de Serrat


   A las 9:07 la tercera llamada hace que todos los que estamos en el Teatro de la Paz pongamos nuestra atención a un escenario en el que se encuentran los instrumentos del concierto.

   Hace calor y tratamos de tomar aire con abanicos improvisados; Serrat aparece con un saco gris y sus músicos vestidos de negro. Serrat en directo sale al aire con “Mediterráneo”.

   Se presenta respetuoso, nos agradece por encontrarnos en esta noche y en este lugar. Dedica el concierto a Lucha Villa y el teatro se vuelve a llenar de aplausos, con cierto morbo la tratamos de identificar y ver cómo está.

   Nos conectamos como público en una vibra que ya trasciende los años, somos un público medianamente grande. Mi esposa y yo fuimos al primer piso y desde ahí observamos y participamos del fenómeno Serrat. Nos canta los versos en la boca, lo escuchamos con atención para reconocer sus novedades.

   La piel se enciende con las viejitas del viejito Serrat, “Penélope” es un himno. Nos presenta a sus músicos en el primer tercio, aplaudimos a cada uno, somos cómplices del maestro. Una batería flanqueada por una misteriosa barrera, un alegre guitarrista con cachucha cambia de la eléctrica a la acústica haciéndola vibrar. El del bajo y contrabajo que por momentos se convierte en una especie de chelo que da consistencia; Luego el saxo, violín y adornos. Por último un piano negro que hablaba y traducía lo que el maestro Miralles nos iba aconsejando para entender a Serrat.

   Detrás de Serrat hay todo un equipo de luces y sonido que lo acompañan y mueven, el escenario habla. Columnas de luces que hacen del concierto un momento que nos marca.

   El tiempo va pasando y las canciones e historias se suceden una tras otra, las nuevas y las viejitas van haciendo todo un ambiente pasando por la tradicional canción en catalán que siempre nos explica comparando a los ladrones de antes y los de ahora. Las emociones no se pueden traducir, solo pasan y fluyen por nuestras venas.

   “La fiesta” es el preámbulo del final, el respetable se rebela y gritamos que no, exigiendo que Serrat siga cantando, no importa que mañana tenga que irse a Ecuador, estamos contentos con él y queremos que la fiesta no termine, no queremos cargar con "la resaca a cuestas", aplaudimos y gritamos y vuelve a salir un par de veces más. Serrat aparece y se desespera con una fan mayor que agita los brazos y Serrat le hace la seña de que vaya con Dios o sin él, pero vaya (se)...

   Se despide con “Un mundo raro” de José Alfredo y “La saeta” de Machado. Queremos Las pequeñas cosas y Lucía, pero no llegan, Serrat ya se fue y el teatro se empieza a vaciar.

   Sólo nos queda el remedio de comprar alguna camiseta o cachucha para seguir recordándolo y sacar nuestros cd's y casettes para seguir disfrutando de la droga. Regresamos a la realidad con un buen sabor de boca, gracias Serrat, nos seguimos viendo y escuchando.


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