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Concierto en el Teatro Nacional de San José (Costa Rica) 11 de Junio de 2003
Texto de Mario Jule (San José, Costa Rica)
“...tanto tiempo esperándote”
Hoy se cumplen exactamente dos años de la última vez que vi al maestro, a nuestro querido y admirado maestro. Pero qué cosas tiene la vida y "es caprichoso el azar" que hace dos años disfruté de Serrat y un tal Tarrés en El Salvador y esta vez, un puñado de "Versos en la boca" en Costa Rica.
Desde hace un mes reservé los boletos para esta gran noche, desde entonces mi corazón empezó a impacientarse, contaba los días y las noches, necesitaba y necesito purificar el alma, porque Serrat en su rico legado de una amplia y exquisita banda sonora en dos lenguas hermanas (no existen barreras lingüísticas cuando se escucha el Serrat en catalán cuando se escucha con el corazón) son un filtro de pureza, de impecable belleza lírica, que nos hace vibrar, que nos enamora más de la vida y por lo tanto hace que seamos más tolerantes, más soberanos con nuestros hermanos caídos.
Mi profesor de lengua y literatura me decía la semana pasada "Serrat ha sido y será un símbolo de libertad" yo le agradaba: "nosotros, los jóvenes, vemos en Serrat una esperanza para sanar las heridas abiertas de tantas represiones por parte del sistema que nos absorbe con su habitual propaganda de consumismo que nos someten a una sociedad insensible, materialista, que sólo nos valora por lo que tenemos y no por lo que uno es".
Pero ayer (martes 10) se cumplió mi sueño -¡por fin!- saludé personalmente a Joan Manuel; antes había saludado a Ricardo Miralles y Alex Hernández. Me encontraba atrás del teatro esperando que llegara Serrat, mientras tanto entablamos amistad con un serratiano tan joven como yo (24 años y él 22 años), rato después llegó su amiga y empezamos a guardar paciencia, a esperar a Serrat. En plática y de broma en broma estábamos cuando aparece Joan Manuel. Él no pasó por desapercibida nuestra presencia, desde adentro del carro nos sonrió -la juventud que lo sigue desde pequeño gracias a nuestros padres, decíamos presente para saludarlo-, salió del vehículo y nos saludó de nuevo. Se acercó sonriéndose y nos dijo: "¿cómo están, muchachos?". Yo me quedé paralizado en ese momento, tenía al cantautor que más admiro frente a mí, los breves instantes que nos atendió con mucha sencillez y la humildad que se caracteriza, hizo que no nos sintiéramos extraños, mas bien, como amigos de siempre.
A la muchacha le guiñó el ojo y le dio un beso y luego me autografíó el libro de Carles Gámez. Con un buen sentido del humor se despidió y entró al teatro acompañado de su representante y del empresario que lo trajo al país. Me sentía muy feliz, no lo podía creer ¿estaba soñando? Claro que no, era realidad, Serrat se tomó de su tiempo para atendernos.
Hora 0
Llegamos con mi papá al Teatro Nacional, recorrimos el Lobby mientras esperábamos la hora de la gran cita. Cada minuto que pasaba preparaba mi corazón y me impacientaba aun más.
Las puertas del teatro se abrieron a las 7:35 p.m., pasamos con mucha paciencia a pesar de la larga fila. Ahí adentro se respiraba un aire de complicidad, de armonía con la vida, el Teatro está lleno, su público decimos presente jóvenes y adultos, esposos, padres, hijos, novios, estudiantes, profesionales, etc. Primera y única llamada "se le ruega al publico apagar sus celulares, y terminantemente prohibido tomar fotos" yo me dije: -prohibido, prohibir- . Las luces se apagan, el escenario sencillo pero confortador se torna de un azul fosforescente, mi alma vibra de emoción. Sale el profesor Ricard Miralles y uno a uno de sus músicos, los recibimos con un fuerte aplauso. Iniciaron con una breve pero exquisita introducción, un par de minutos más tarde aparece Joan Manuel, vestido totalmente de negro, sereno, sonriente, a dar lo mejor de sí (y fue así), el público al verlo, gritó y lo ovacionamos por unos largos segundos, él responde con una digna reverencia ¡bienvenido maestro!
Empieza con “Bendita música”, su voz está impecable, en plena forma, me alegra mucho porque estaba un poco preocupado ya que venía escuchando que a inicios de la gira había tenido unos percances.
Continuó con “La bella y el metro”, se escucha mejor en directo, el Nano vive cada letra de la canción, la expresa con una enorme sensibilidad. ¿Ahora cual seguirá? ¿será Benito? ¿o No hago otra cosa que pensar en ti?, y suenan los acordes de “No hago otra cosa que pensar en ti” , "Buenas noches ..." alguien del público le grita, Serrat con un fino sentido del humor le responde dirigiéndose en el lado de donde provenía la voz femenina "muchas gracias por esas palabras llenas de estímulo" (risas de todos). "Sean todos bienvenidos a esta casa, tan entrañable para mí, gracias por abrirnos sus corazones y permitirnos entrar en ellos." (cerrada ovación). Procede con “Muñeca Rusa” y “Los fantasmas del Roxy”; presenta (no vaya a ser que por la borrachera de los aplausos y las emociones se le olvide) su grupo, sus cinco excelentes músicos que lo acompañan encabezados por Ricardo Miralles. Desde 1992 (cuando tenía 13 años) no escuchaba en vivo esta canción, una de mis favoritas y con nuevos arreglos musicales muy superiores al disco de Bienaventurados.
“De cuando estuve loco” sería el tercer corte de Versos en lo que iba la mágica noche, en medio del silencio se escucha el inconfundible silbido, todos lo reconocimos y aplaudimos emocionados, alguien grita "sííí, ésa es buenísima", pese a que la cantó un poco lenta, no nos importó, mi papá me dice "qué buena es esa canción". Continúa con el excelente tema de “Señor de la noche”, sentado en su taburete la canta, mucho mejor que en el disco, su voz estremece hasta los huesos. Llega uno de los momentos más esperados de la noche, los versos de Machado... y esta vez quien será... ¿Benedetti? ¿Miguel Hernández? ¿León Felipe?, en lo personal deseaba escuchar los poemas de Miguel Hernández e imprescindiblemente Elegía. "A lo largo de todos estos años no he podido retener la tentación de musicalizar textos bellísimos de Antonio Machado, Miguel Hernández, Joan Salvat Passaseit, León Felipe, Josep Carner, Mario Benedetti..." (a cada uno de ellos aplaudíamos) "... La verdad es que no recuerdo cuando fue la última vez que que pude resistirme a una tentación (risas), más si ha sido carnal... (estalla la risas de todos), para esta noche le hemos preparado uno de Antonio Machado "Llanto y Coplas por la muerte de Don Guido" y el otro de Miguel Hernández "Para la libertad" . Gritamos eufóricos con las dos canciones, por primera vez escucho “Llanto y coplas” en vivo, se nos puso la piel eriza al escucharla y máximo con “Para la libertad”, prueba de fuego en la voz del Nano, la canción es muy difícil por sus notas altas, pero Serrat la dominó con maestría y nos demostró que todavía hay Serrat para rato. Lo aplaudimos hasta que las manos nos ardieran, bien hecho Nano.
Otro nuevo corte de versos con “Los recuerdos”, y llegó otro momento cumbre de la noche, la imprescindible “Penélope”, aplausos y gritos al reconocer los acordes, todos la cantamos y al final otra cerrada ovación con palabras de afecto "genio", "guapo", "te queremos", "Nano eres único". "La siguiente canción es una en catalán..." nos decía y nos introducía “La canción del ladrón”, "Es una canción que fue escrita a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, por lo tanto no es mía la canción... no soy tan viejo, todavía estoy joven", bromeaba siempre con su fino humor del cual nos mantuvo entretenido las dos horas de concierto. Me quedé con las ganas de escuchar "La Lluna" como en 1992, "Pare" , "Cançó de Matinada", "Plany al Mar", "La tieta" , "Helena", seguiré esperando. "La cançó del lladre" estuvo genial, sólo guitarra, violín, piano y la voz del maestro. Muy íntima y tierna.
El éxtasis estalla con “Mediterráneo”, qué genial se oye, en verdad Serrat ha llevado a unos grandes músicos, la cantamos junto a él, porque sus canciones forman parte de nosotros y nosotros formamos parte suya y de sus canciones. Luego del delirio nos remata con el tierno tema “Es caprichoso el azar”, sólo se escuchó el suspiro y grito del público femenino, la murmuramos, ciertamente es un tema que renace la esperanza de encontrar el amor de la vida de cada uno de nosotros.
Después de endulzarnos con "Es caprichoso el azar", empiezan unos acordes desconocidos, pero mi corazón de decía "ésa es, ésa es" y así fue “Disculpe el señor” al estilo de Miralles nos seguía deleitándonos, yo grité de emoción y aplaudí, seguramente no les gustó a un pequeño sector del público que el Nano haya interpretado esta canción. Pero su público se enloqueció, también la cantamos, Serrat la teatralizó de una manera eficaz, en cada pasaje de la canción. Seguidamente empezaron los acordes y un brillante juego de luces a al compás de “La mala racha” que hizo retornar a Serrat al escenario luego de un minuto, en lo personal esperaba esta canción, fue sensacional escucharla en vivo, con algún que otro nuevo arreglo. Se lucieron todos sus músicos pero principalmente David Palau y Paco García sumado con los coros.
Le tocó el turno de “Dondequiera que estés” de Sombras de la china, se acercaba el final con “Hoy puede ser un gran día” que hizo a todos levantarse del asiento al reconocerla, algo parecido a El gusto es nuestro... En lo ultimo de la canción entró en complicidad con el público. Y llegó el temido final que ya nos había anunciado dos canciones atrás, “Fiesta” cerraría el concierto y quiero decir que fue una verdadera fiesta, la acompañamos con las palmas de las manos, silbando y victoreando, qué momento tan hermoso. Pero llegó el "y se acabó, el sol nos dice que llegó el final..." todos gritamos un rotundo "noooooooo", pero por una noche más (ayer y hoy) en la borrachera de la magia de Serrat, se nos había olvidado que cada uno es cada cual. De aquí en adelante de nuevo todo fue locura entre gritos y aplausos hasta más no poder, aparecieron las peticiones, mientras el Nano se despedía con sus músicos. Todos pedían "Lucía", "Aquellas pequeñas cosas", "La Saeta", yo deseaba escuchar "Pueblo Blanco", "Paraules d'amor", "Vencidos", "Algo Personal" y me sumaba a la petición de "La saeta".
Sin dejar el escenario, Serrat ordenaba a sus músicos regresar a sus lugares para deleitarnos con le primer bis: “Qué sería de mí”. Creo que éste fue el momento para que esta canción me diera "gancho en el corazón" para que forme parte de mis favoritas. ¡Qué hermosa canción! Me decía mi papá totalmente emocionado y con lágrimas en los ojos. Le tocó el turno a “Cantares”, fue aquí que todos nos quedamos afónicos y sordos, porque la cantamos a todo pulmón, cada verso, Serrat maravillado ante su publico, cedió el micrófono y al final nos guiñaba el ojo y nos regalaba besos, especialmente al sector popular, en donde todos nos hermanábamos con un coro y golpeábamos el piso eufóricos, una muchacha se le acercó a regalarle una rosa, él le dio un beso y el público femenino empezó a gritar.
¡Qué energía pura caía sobre nosotros aquel momento!, se despedía de nuevo luego de varios segundos de estar saludando agradecido. El "otra, otra" no se hizo esperar. Apareció de nuevo Serrat y otra vez la locura, se dirigió donde sus músicos y con el dedo índice señaló una. Las peticiones aparecían de nuevo, ¡La saeta!, ¡Señora!, pero el publico femenino persistía con "Lucia" y así fue, solo Ricardo y Serrat en la intimidad del piano nos acariciaron con “Lucía”, con el murmullo de todos. Se despidió de nuevo y pedimos otra pero ya no regresó. Me imagino que si hubiéramos persistido, hubiéramos logrado que saliera de nuevo. Pero ya estaba hecho, Serrat nos había deleitado con sus benditos versos. Mi papá me dice "siempre va a ser el gran Joan Manuel" así es ¡Serrat siempre serás el único, te queremos!
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